¡1, 2, 3, Skanamá!

Los integrantes de la agrupación Skanamá son multiculturales. Cuatro venezolanos, dos panameños, un panameño/mexicano y un salvadoreño. Foto: Kay Lo.

Febrero 28. Termina el mes. La calle está imposible y los jornaleros cobraron su refuerzo positivo quincenal. Acordé reunirme con imitrex price Luis “Lewis McFly” González, vocalista de lantus vial price communicate Skanamá, en una farmacia cercana a la sala de ensayos de la leyenda musical panameña, prasugrel cost Marco Linares. Conoceré a otra banda y saludaré a Marco, mi vida se ha vuelto demasiado buena, pensé, en medio de una espantosa migraña; no dejaría pasar la oportunidad de ver en su hábitat a un grupo de semejantes dimensiones. Skanamá es una bandón, y mi rol favorito al interactuar con bandas es ser la mosca en la pared, con libreta, mientras la música suena solo para mí.

En la mencionada farmacia, la fila del mostrador de medicamentos era, como siempre, un coro de banalidad. Profesionales en sus años útiles o dorados, con más entusiasmo por lo que verán en televisión que por producir algo más que dióxido de carbono. Un cliente en sus cincuentas pedía Flamydol (medicamento para el dolor) y Cebión (vitamina C), acompañado de sus hijas adolescentes. “¡Mira, Daniela! Qué suerte. Pensé que ya no las hacían con sabor a naranja”, comentaba atrasando la fila, mientras le lanzaba impertinencias a la cajera en plan de flirteo; quizás extraña el tiempo en que paraba a comprar forros y la cúspide de su noche era algo más que encontrar las Cebión de naranja.  El resto de la fila taconeaba impaciente. Pagó con monedas de un dólar y antes de irse, le compartió a la cajera su lamento de tener que trabajar todavía un día más. 

La siguiente, una jubilada, ignoraba al farmacéutico por enclavar la vista en el chiste de Mafalda que reenviaba a su grupo de chateo titulado “Los fieles de Dios”, a la vez que se deslizaba entre estados de sus contactos: vídeos zonzos, frases sobre sacrificio y castidad y leía los comentarios de su foto con su nieto titulada “no hay mayor alegría y bendición”. Una amiga la esperaba fuera de la fila, ambas comentaban sobre la tarifa de TV por cable y de paso, sobre la decepción que resultaron ser sus nueras. No me extrañó el pedido que le entregó el farmacéutico: Tafil (medicamento para la ansiedad y depresión). “Ni modo, ya uno vivió para ellos.” Por fin, el auto de McFly me rescata de ese circo de aburrimiento y cháchara.

No es el DeLorean. Es el Ska-móvil. En la parte trasera, el inconfundible olor a crayones, un par de juguetes y un asiento de seguridad para bebé. Es padre. En el piso del asiento del pasajero, un libro de еducate https://www.forestinventory.no/61424-diflucan-uk.html J.J. Benítez. Es lector y de verdad. Todo consumidor de libros sabe que los de Juan José no son lecturas livianas. Un carné, carpetas con papeles de preguntas y tinta roja. Reconozco ese arsenal donde sea: es profesor.

La banda ensaya todos los jueves. A diferencia del coro de lamentos y patetismo de la farmacia, a los miembros de Skanamá les sobran energías para su misión semanal: ensayar las canciones nuevas, experimentar con arreglos distintos y practicar para la próxima presentación. Esta vez, el escenario que les espera es el Festival de Música Urbana de Panamá, MUPA 2019. Fueron convocados para participar, junto con otras ocho bandas. Pero la propuesta que ellos presentarán es totalmente distinta. Son la única banda de ska que estará en dicho festival.

McFly me explica que ensayarán un par de horas y calcula que no habrá chance de entrevista. Gustoso cambio de planes para mí: podré observar y escuchar la dinámica entre ellos, mientras tocan. Casi siempre converso con los músicos desnudos (es decir, sin su instrumento). No obstante, al conversar con un verdadero artista sin su instrumento presente, es palpable la conexión física y espiritual entre ellos. Son capaces de dibujarlo en el aire, o sonar acordes imaginarios. Esto es especialmente cierto cuando conozco a un guitarrista.

El saxofonista, https://www.celebritysex.cz/63075-mentat-price.html Geovanni Jiménez, tiene sus partituras en papel y al lado, cual hermana pretenciosa, el apoyo digital de su tableta. Moderno sin renunciar a lo clásico, lo vintage. Me agrada. Tiene el tema de “The Munsters Theme Song”, ignoro si la canción es de su agrado o si es una de esas clásicas canciones que todo saxofonista debe conocer. Todo laminado, para que el tiempo o la lluvia no las maltrate. Se ven bastante gastadas, como si las tuviese desde muy joven. Algún valor sentimental debe tener. Recuerdo esa frase que mi guitarrista favorito me dijo: “¿Quieres que un saxofonista deje de tocar? Quítale la partitura. ¿quieres que un guitarrista deje de tocar? Ponle una partitura”.

Geovanni Jiménez es panameño/mexicano. Estudió en el prestigioso colegio Berklee. Aparte de ser saxofonista en Skanamá, es director musical y saxofonista en Sp4mm3rs. Foto: Luis Mendoza.

McFly pasa al medio de la sala de ensayo, a la vez que brinca y exclama: “Pam, pam, pam, Skanamá!!!”. Antes de comenzar, me acerca una silla y me pregunta si estoy cómoda en el lugar. El tecladista, buy Misoprostol no prescription Juan José López, lleva un t-shirt de Star Wars y se pasea por las blancas y negras correspondientes a la melodía, como si tuviese cuidado de no despertar a las demás teclas: una falange, otra falange.

JuanJo López es sonidista y músico. Nació en El Salvador. Formó parte de la agrupación cristiana http://dogandpony-design.com/author/kurtuy/ Noatav, con la que incluso grabó discos.

Foto: Kay Lo.

McFly guía al guitarrista principal, Luis Páez. El saxofonista le da unas instrucciones a Carlitos Díaz, baterista, y arranca otra canción.

Luis Páez se confiesa fanático de las zapatillas Adidas, las guitarras Hollow y Semi-Hollow. Oriundo de Barquisimeto Edo. Lara. Venezuela. Ha colaborado con varias bandas de la capital musical lerense como Interludio (Ska) y Alopecia (Country). Vive en Panamá desde hace cinco años yha brindado apoyo a bandas como la Scene y Radio Nicotina. Foto: Kay Lo.

M. P.: “Se nota que la pasan bien, ¿verdad?”

L.M.: “Claro. ¡Somos familia!”

Entre frases y onomatopeyas, se hacen las once pasadas. “¡Esto es pa´ que bailes!”. El ensayo sigue. Soy yo la más agotada, ellos estiran lo que queda de la noche, cual escolares en la complicidad de una sesión de juegos en casa de un amigo. Me llama la atención una tonada muy familiar. Es una versión modificada, le llaman La Murga de Skanamá, en homenaje a Willie Colon y Héctor Lavoe.

 “La menor, DO, SOOOL, La menor, DO, FAAA” McFly sigue dando las instrucciones al resto de la banda, aunque se enfoca principalmente en orientar al otro guitarrista. El saxofonista cierra los ojos y dormita un rato en su puesto, mientras los demás tocan. El trombonista, Roberto ‘Big Chacha’ de Haseth, y el baterista hacen coro: “Oh, oh, ¡juega vivo! ¡Escucha bien lo que te digo!” e imitan sonidos de percusión. Cual animales exóticos que evitan ser delatados por mortales comunes, los músicos hablan en onomatopeyas. Se entienden más con sonidos guturales y scat que con palabras.

El bajista, Carlos García Ponte, lleva una camiseta con la imagen de un elefante, el mamífero terrestre más grande del mundo, a modo de protesta tal vez, para quien toca el instrumento más subestimado en una banda. Se acerca a tocar las congas del percusionista, Luis Enrique Chung, a modo de juego y luego sigue con las palmas. El bajo y la percusión son hermanos. Fin del ensayo.

El padre de Luis Chung, percusionista de Skanamá, fue miembro de un combo nacional. Luis aprendió tambor típico repicador y pujador desde pequeño. Luego pasó al bongo, congas y otros instrumentos de percusión. Ha tocado con grupos como Acuario, Zafiro y Ruby. Disfruta la docencia musical. Conoció a Skanamá por influencia de Geovanni. Foto: Kay Lo.

Don Marco les felicita y les comunica que es la primera vez que los escucha como banda completa. Le preguntan si le gustó la música. Es obvio que conocen la trayectoria y calibre de Marco, quien, luego de saludarme amablemente y darme la bienvenida a su local, les aparta otra fecha de ensayo. El Festival MUPA es un evento de proporciones importantes. Marco asegura las puertas, se despide, se coloca su mochila al dorso y se pierde en la oscuridad de las esquinas de Paitilla. Es ya un señor maduro que acaba de pasar una tribulación personal; sin embargo, su caminar recuerda al de un adolescente soñador, tranquilo, sin más preocupaciones que las tareas y la próxima reunión con sus amigos. El efecto sanador de la música.

Carlos Díaz, venezolano, baterista de Skanamá. Tiene además una banda de covers llamada “Ropa Vieja”. Es amante del ska, el reggae y los gatos. Foto: Kay Lo.

Nos saludamos todos por fin y a la vez charlamos brevemente mientras nos despedimos en el estacionamiento. Carlos, el baterista, será padre muy pronto. Entre la ilusión y la natural ansiedad, cuenta las semanas para el acontecimiento. Acordamos reunirnos nuevamente para, esta vez, sí, conversar. Será un reto reunirlos, pero ya estoy feliz; nada reemplaza a una banda en vivo (frase de Benito de Lemmiwinks). El Festival MUPA tendrá una ocasión de oro cuando los reciba, y yo tuve la suerte de verlos ensayar, sin fachadas, sin cámaras, solo la música, la camaradería y el ska.

Athanasiou, San Francisco. Primera semana de abril.

La Vía Porras es un sitio de convergencia entre la marea de trabajadores que regresan, afanados a sus casas a gastar las horas de descanso en televisión o vídeos, y la población que invierte un par de horas posteriores a su jornada en un estilo de vida saludable. La cercanía de la pastelería griega Athanasiou con el Parque Recreativo Omar me sonaba a una malvada coincidencia; sin embargo, no toda la salud es ejercicio: a veces es necesario sentarse a tomar una bebida y probar un postre. Añádale una buena compañía y la tarde más amarga se deshace entre dulce y cafeína.

Por desgracia, no todos los miembros de la familia Skanamá pudieron llegar a nuestra agradable reunión. Sus dignos representantes, Roberto de Haseth, Carlos García Ponte y Luis ‘McFly’ González, resumieron entre pastelillos y onomatopeyas lo que significa ser una banda de nacionales y extranjeros, como ellos dicen, Skanamá de Panamá.

McFly lleva once años viviendo en Panamá. Su sombrero Fedora y su camisa alusiva a American Idiot de Green Day delatan el espíritu juvenil del artista que en el día es profesor de Física en el prestigioso colegio William H. Kilpatrick, y de noche y fines de semana lidera la más grande banda de ska en el territorio nacional. Curiosamente, Kilpatrick fue el pionero de la idea de respetar la individualidad de los escolares, sin descuidar los intereses del colectivo. Esa parece ser también la filosofía Skanamá: músicos cuya preparación y mentalidad parece bastante distinta en cada uno, pero con el mismo afán de llevar la música entre todos a cada rincón donde puedan.

Sus horas de docencia las dedica a inculcar en sus alumnos el esfuerzo y la búsqueda de su vocación, aquello para lo que cada uno fue diseñado. Su balance entre la ciencia, la docencia y la música es un ejemplo incomparable para una generación ávida de modelos reales.

Sus alumnos dan fe de ello:

El profesor Luis es el más cool de todos. Su metodología es muy dinámica para que cada uno se interese y pueda comprender los temas; sabemos que siempre podemos contar con su apoyo. Al interesarse por la música, sentimos que podemos conectarnos con él. Tuvimos la oportunidad de asistir a su presentación en el MUPA y fue extraordinario, la emoción, el ambiente y todo lo que su música transmite es indescriptible.

(Promoción Lycans 2019 del Instituto William H. Kilpatrick).

Enseñar con el ejemplo. Luis ‘Lewis McFly’ es profesor de Física, sin embargo, la música ha sido parte de su vida por más de dos décadas. Sus alumnos admiran su dedicación a la música. Foto: Fofingrafías.

La trayectoria de músico de McFly abarca ya más de veinte años, desde los tiempos en su natal Venezuela, expuesto a una infinidad de sonidos y ambientes. Como dato curioso, comenta que de joven escuchaba a Los Rabanes. Le gustaban porque tenían tendencia ska. Recordó que la banda panameña se presentó en la Descarga Belmont en Maracaibo. Él tiene todos sus discos; además disfrutaba escuchar a El General. En Venezuela hubo una fuerte influencia de la música panameña.

Entre cuarto y quinto año del colegio, su gusto por el ska se comenzó a gestar. Por otro lado, para ese momento ya tenía una banda de hip-hop y escuchaba a Vanilla Ice, mientras que todos sus amigos eran rockeros. Su exposición al ska se debió en gran parte a su hermano, quien tenía una discoteca (Mini-teca) y ponía discos en fiestas. McFly encontró un disco, Skápate conmigo de una banda venezolana llamada Desorden Público. Recordó haber escuchado previamente a Los Toreros Muertos, pero esta vez su fascinación era total y definitiva.

“Conseguir música era como traficar. Había que grabarla desde la radio”, comparte entre risas McFly, anécdota con la que muchos digitales adaptativos se familiarizan. En cuanto a ejecutar música, empezó a tocar guitarra por influencia de su amigo Jorge Tom, que era seguidor del metal. Se reunían en la tarde y dominó la guitarra a punta de práctica, con todo y que tomó un mes de clases para tocar dicho instrumento. Compró libros de tutoriales y su primera guitarra propia fue un regalo de su padre.

Con los años, McFly decide formar una banda de Ska llamada Asterisco, cuya vigencia fue de dos años. Después organizó el proyecto musical Santa PalanKa, con diez integrantes en tarima. Pero como ya estaba graduarse de la universidad, abandonó el grupo para enfocarse en estudiar electrónica.

El recorrido de Santa PalanKa es admirable: les abrieron a Los Amigos Invisibles en Maracaibo, y participaron en Nuevas Bandas 2000 en Caracas.

McFly visitó Panamá por primera vez para la feria Expocomer en 2007. Le gustó la experiencia, y de forma paralela, ya sonaba la previa del desastre en el país de Bolívar. Su hermano, que es diseñador, le planteó la idea de que formaran una empresa. Al llegar a tierra istmeña, una de sus preocupaciones fue “¿Con quién voy a tocar?”. Ignoraba que el mismo destino que arranca pedazos de un camino trazado, también nos reúne con quienes recogen esos mismos pasos. Foto: Facebook/Skanamá.

“Soy músico desde que nací”- Carlos García Ponte

Carlos llegó en 2008 a Panamá como turista, a visitar a un amigo para traerle su título de ingeniero que lo había dejado en Venezuela. Quería, de paso, conocer el lugar de origen de la agrupación de reggae Raíces y Cultura. Después de ser despedido de su puesto, decidió quedarse en Panamá. Para su suerte, siempre tuvo a un venezolano cerca. Eso lo ayudó a ajustarse a una cultura en la que, a pesar de hablar el mismo idioma que su país, el contraste entre ambas sociedades es marcado.

“Cuando entiendes que el ego no te deja ver, ves que lo que tenemos en común es más que lo que creemos, desde México hasta la Patagonia”.

Como a muchos otros artistas, la música aleja a Carlos de la realidad de estar lejos de casa. Les acerca a personas desconocidas. “La música nos une. No creas expectativas, creas emociones”.

Los elaborados retratos tatuados de sus padres adornan su antebrazo. Ambos de semblante sobrio y mirada fija, como vigilando que su hijo siga incesante la pasión que en su hogar le inculcaron.  Foto: Miss Praxx.

Su relación con la música empezó el día en que nació, un trece de noviembre. Su madre tocaba violín, su padre tocó cada instrumento posible. Carlos recuerda que en casa había muchos instrumentos, y cuando se cortaba la electricidad, se reunían alrededor del piano. Su hermana, casualmente, es pianista clásica.

 “No soy estudiado, pero soy melómano”. Carlos escuchaba de todo. Pero en su natal Maracay la influencia del roots, subgénero del reggae, era dominante. Fundó una banda llamada Jammas y desde ese tiempo se tomó la música como un asunto profesional, aprendiendo los avatares de la parte administrativa.

Ser músico es una experiencia en la cual es necesario tanto pelear como vivir alegrías. Jammas grabó un vídeo y les abrieron a bandas grandes como Desorden Público, Aterciopelados y Control Machete. El grupo estuvo activo por cuatro años y grabaron un EP, en honor a la filosofía que Carlos comparte: lo grabado no suena igual que la música en vivo.

Aparte de su participación en Skanamá, Carlos participa del proyecto instrumental 0stick. Música para los sentidos. Se describe a sí mismo como comunicador visual aficionado y músico por accidente. Además, es fan de los gatos. Foto: Fofingrafías.

 “El género musical no muere. Es como una llama, si no la avivas, no sobrevive”. Carlos comparte breves y lapidarias frases; sabe que el virtuosismo les gusta a pocos. Los grupos memorables como los Beatles, Nirvana y Soda Stereo son cuatro acordes, comenta. Grandes y sencillos a la vez. Santana toca con feeling, y es menos virtuoso que otros.

La Gran Trompeta

Roberto ‘Big Chacha’ de Haseth participa también en la agrupación Panta Rey, cuyas influencias incluyen el folk, blues y hardrock de los setentas y noventas. Toca además en la Murga Los Canaleros, que ameniza celebraciones diversas y eventos tanto familiares como empresariales. Un músico versátil que exuda alegría por la música, a la vez que se toma cada uno de sus proyectos con notable compromiso.

Además de sonar el trombón en Skanamá, Roberto ”Big Chacha’ de Haseth es un músico panameño respetado, con trayectoria por mérito propio. Foto: Kay Lo.

Roberto quería tocar percusión, pero eventualmente se encontró con el trombón. A los catorce años cursaba estudios en San Martín de Porres. Su papá dijo que no le gustaba. Luego se dedicó profesionalmente y se preguntó si dedicarse a la música le daría de comer. Antes había menos competencia. En ese tiempo era hacha y machete.

La murga era el género musical favorito de Roberto. Tenía el oído educado en blues, jazz y bossa nova, gracias a la influencia ejercida por su padre, de origen costarricense quien lo acostumbró a escuchar música.
Foto: Fofingrafías.

Un amigo de Roberto lo recomendó a Lewis McFly; los miembros de Skanamá de ese momento sabían que necesitaban un trombonista. Big Chacha se unió al grupo un mes después de formado. Se incorporaron después más personajes que colaboraron con el proyecto. Por un tiempo incluso tuvieron una pianista (Adriana Gimôn) quien se retiró de la banda, aprovechando una oportunidad de estudios en el extranjero. Ellos mismos la instaron a que tomara esa oportunidad, y actualmente la joven tecladista y productora se encuentra en China siguiendo sus metas.

Foto: Facebook/Skanamá

“Skanamá es una gran familia, una fusión de experiencias e influencias musicales gracias a todos los que tuvimos la oportunidad de formar parte (de ella). Lo expresado en sus letras y ritmos es un sentimiento inmediato, eso es lo que lo hace diferente”.
– Adriana Gimôn, extecladista de Skanamá.

Big Chacha considera que se necesita suerte para hacer música. “Panamá es un país con recursos. Puedes tenerlos, pero no pegas. O sobresales o te quedas”. En su opinión, la armonía que tienen entre ellos no se compara con la de otros. Según él, tener un músico bohemio no es muy útil, porque un miembro de la banda siempre “tiene que estar presente y mantenerse abierto a aprender”.

Como músico de bandas y de murgas, Roberto está autorizado para opinar sobre el mercado local musical y la actitud del consumidor nacional. “El panameño no suele consumir lo local. A menos que vayas al extranjero y te hagas una fama, regresas, y entonces suele suceder que sí te aceptan. Pasa en todo género, el público demora en creer en ellos, hay sufrir el golpe, invertir. Pero no es así en todas partes. En México, por ejemplo, es diferente”. Sin embargo, Roberto sabe que el esfuerzo vale la pena, en especial porque la propuesta musical de Skanamá es original y destaca entre el resto.

Ante este aporte, McFly comenta que “en Venezuela hubo una reglamentación de tener dos o tres grupos nacionales en cada toque. Allá también hubo ese problema, pero se pudo consumir música local porque sonó la música local.

Teloneros de MUPA

Skanamá se esforzó en hacer de su participación en MUPA 2019 algo inolvidable e imperecedero. Este es el vídeo de su presentación completa en el festival. Captura el ambiente tanto de tarima como del público presente ese día. Realizado por: Kaniele Aristiguieta.

“Nos sentimos felices con la experiencia del Festival MUPA. Es un evento importante y como panameños nuevos (extranjeros) es importante”. Para Skanamá, fuera del hecho de que les tocó ser teloneros del domingo de festival, lo valioso es que los vieron, los tomaron en cuenta.

Admiran además que la agrupación Tiburón Amarillo, de Chiriquí, les dio un adicional a los asistentes al show. “La vibra del interior es diferente”, explican. Tocaron en Chorrera y les encantó, el recibimiento fue diferente.

A pesar de ser un género algo desconocido para algunos, el ska tiene la fortaleza de que comparte las mismas raíces que otros géneros más comerciales o duros, no es exclusivista y sus referentes incluyen bandas formadas hace décadas, hasta bandas relativamente nuevas. Ellos consideran que hacen música para todos. Si no hay toque, lo organizan. Hay que ayudarse entre todos, según ellos, conviene siempre como músicos dejar a un lado los egos.

Menos expectativas y más acción es uno de los lemas de Skanamá. Ejecutar, reaccionar. Citan como ejemplo al destacado bajista estadounidense Víctor Wooten, quien dijo que “La música es un lenguaje; a veces es hasta mejor que la palabra hablada porque no tienes que entenderla para que surta efecto” ; si eres bueno, escoge, recibe de otro, pero no lo rechaces. Ser humilde te abre las puertas.

Consejos de Skanamá para nuevos artistas:

  • McFly:
    • Estudia. Conoce el género que tocas. Edúcate con los sonidos que ya existen, las raíces.
    • Se puede ser bueno en algo, pero holgazán, y eso no te ayudará. Por otro lado, puedes ser bueno, dedicado, pero poco educado, y eso tiene remedio.
    • No te desveles tanto por la “rosca” musical. No anden pendientes de otros, respeta y apoya la escena sin prestar demasiada atención a terceros. Ocúpate y todo llega a su momento.
  • Big Chacha:
    • Sé realista. Mira para atrás primero, conoce los inicios de otros, aprende de los errores propios y ajenos.
    • Demuestra pasión por lo que haces, por lo que vendes.
  • Carlos García:
    • Exuda confianza, constancia.
    • Ante una sociedad que solo critica, adopta la actitud de los tres monitos (no ver, no oír, no hablar).
    • Demuestra humildad.
    • Conoce hasta dónde es posible llegar.

La mesera de Athanasiou nos comparte unas muestras gratuitas de postres. Aprovecho para hojear el ejemplar del periódico El Venezolano que encontré junto a la mesa. En portada, un apretón de manos entre autoridades diplomáticas de ambos países.Al igual que con otros países, Venezuela y Panamá comparten una larga historia de hermandad y cooperación. Nos une el amor por el béisbol, la música y el deseo en común de bienestar y felicidad para todos. Nos une la esperanza, el trabajo, la alegría y la nostalgia.

Pronto serán las elecciones en Panamá, mientras en el hermano país venezolano se espera que vuelvan mejores días para los que apenas asoman a la vida. La sonrisa de los músicos de Skanamá que vieron en Panamá su nuevo hogar me da razones para mantener el optimismo. No hay una gota de rencor ni desaliento en ellos. Sabrá Dios cuánto desean volver a la tierra en la que nacieron sus sueños musicales, la tierra que algunos de sus hijos ni siquiera conocen, verla levantarse y renacer. Donde hay música, hay vida. Hay esperanza.

Nadie está cansado. La aventura apenas comienza. Esos días volverán.

Vídeo de MUPA 2019, con la canción “Ellos Volverán”. Fuente: Skanamá Music.


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