Carlos Alexis – VIAJERO

Nacido en Aguadulce, provincia de Coclé, el cantautor Carlos Alexis López cree en el poder de la música para comunicar, conectar y emocionar.

La música de 1999 fue, para los nacidos en los ochentas, un constante recordatorio de que una época maravillosa para el rock había terminado. Atrás quedaban las desafinaciones voluntarias de Cobain, la melancolía y epigastralgia de Chris Cornell y el timbre cautivador y a la vez inquietante de Eddie Vedder. Las olas de tsunami no pudieron salvarnos de la masificación. En cada bocina sonaban, una tras otra, las melodías prefabricadas del pop, diseñadas cual jarabe alto en fructosa, para rellenar en falso el contenido vacío de la producción musical. Las canciones de las nuevas princesas del pop cabían una encima de la otra, las boy bands acababan con las cuerdas vocales de fanáticas en todo el mundo, y el Y2K amenazaba con desconfigurar los servidores de piratería musical y, menos importante, cuentas bancarias de tarjetahabientes y sistemas operativos de empresas grandes y chicas.

Fue un año apocalíptico. Los adolescentes grunge salíamos deslumbrados de la caverna a la vida universitaria, el Canal de Panamá regresaba a manos nacionales, transición que revelaría si tendríamos las competencias necesarias para manejar nuestro propio recurso, y un pequeño de cinco años aprendía a leer y escribir, bajo el cuidado de sus abuelos en Aguadulce, provincia de Coclé; para ese tiempo, go Carlos Alexis López ignoraba que mientras acomodaba las consonantes y vocales, la esperanza volvía a brillar en los ojos de los seguidores del rock.

En junio de ese año, el séptimo disco de estudio de los official website Red Hot Chili Peppers, Californication, emergía del magma elaborado por las energías renovadas del regreso del prodigio perturbado de la guitarra, John Frusciante, a la banda que siempre amó. Una tras otra, sonaban las canciones que conformaban esa obra de arte rehabilitada de heroína y forjada en el duelo de la muerte de Hillel Slovak, rellenando el vacío en los corazones de los fans del rock. Una en especial, la que daba nombre al disco, recibió mejor acogida, y su video musical sería el más conocido de la banda.

Cinco años después, en Barriada La Luna, el joven Carlos Alexis escuchó el intro de dicha canción. Algo se encendió en él cuando el baile de cuerdas entre la Gretsch White Falcon de John Frusciante y el Funk Unlimited de Flea alcanzó sus tímpanos. “Debo aprender a tocar guitarra”, pensó. Y no hubo retorno.

Con esa anécdota, entablamos nuestra conversación sobre su historia. Desde que lo conocí en un modesto evento en la Universidad de Panamá, me llamó la atención la genuina entrega y cálida personalidad del cantautor. Esa noche entregó un repertorio de canciones propias amenizadas con algunas palabras e incluso un saludo improvisado a un docente que atravesaba el patio donde se dio la presentación.

Audio de la canción “Si Te Dijera”, del disco Viajes Comprimidos (2019) de Carlos Alexis.

Junto a su guitarra, parecía sentirse como en casa, como un veterano del que yo no sabía nada, y del que no imaginaba el recorrido que a sus 25 años ya acumulaba. No juzgues al músico por su edad. Su carrera, para ese momento, ya contaba con varios viajes comprimidos.

Conversamos en mi hogar. Lo primero que hizo en la visita en la que me compartió su historia, fue acercarse a la guitarra clásica que adorna mi sala, restaurada y colocada en un soporte para ser admirada a diario y tocada con regularidad. Como si fuese parte de su cuerpo, no dejó de tocarla en ningún momento, y a la guitarra no pareció molestarle. Tampoco dejó de hablar. De todos los músicos que he entrevistado, Carlos Alexis es de los más elocuentes.

Entre su carrera como delantero en equipos de fútbol y lecturas que estimulaban su imaginación, su vida se encaminó poco a poco hacia la música, compromiso que aceptó en segundo ciclo de educación media. “La música es un trabajo en conjunto, ingenio, creatividad. Función social. Es un medio más eficaz para comunicar”, comenta. Luego de una larga pausa (sin dejar la guitarra), parece evocar la dicha de pertenecer a una banda, y a la vez evade el tema para postergar, quizás, la amarga experiencia que lo llevó a trazarse el camino que ahora se labra como solista.

Unicornio primogénito

La sala de la casa en la que creció bajo el cuidado de su abuelo pintor aficionado y su abuela educadora, le gritaba en silencio su destino. Entre los muebles, una guitarra española y centenares de libros le coqueteaban hacia una aventura de letras y música que formaría la base para su futura carrera.

A Carlos le encantó crecer con sus abuelos. Su madre trabajaba en la capital y aprendió muy temprano a darse golpes. Atrás del hogar de la familia había un rancho, refugio del chico cuando tenía entre siete y nueve años. Su padre es ingeniero, así como varios miembros de su familia, por lo que era de esperarse que su decisión de convertirse en músico no fuese bien recibida.  

Entre los libros, recuerda que leyó una novela policíaca que le llevó a pensar de manera filosófica, por comparar los rasgos de los personajes con la historia de la ópera italiana: la vida en toda su crudeza con personajes de varias calañas. Esto le hizo reflexivo sobre sus emociones y su lugar en el mundo. Después de un tiempo llegó a la filosofía, de la cual se enamoró como una luciérnaga de su sol.

Luego de cambiar de colegio, tenía más tiempo para aprender y crear. Le compraron una guitarra Starsun y ahí empezó su fascinación por el estudio de la música. Un amigo le recomendó la música progresiva como apoyo para aplicarse y mejorar su ejecución. Al mismo tiempo, escuchaba con dedicación al profesor Virgilio Quintero, que era baterista. Carlos iba a escucharlo a diario, pero las clases eran dos días, así que solo iba como oyente. En una de esas andanzas en el Rodolfo Chiari conoció a Edwin Giménez, un joven talento quien iba con su guitarra a Los Caobos, cerca del colegio de Carlos Alexis. Edwin llegó a casa de este con el que sería vocalista de su banda y decidieron empezar un grupo.

A Ghost in The Mirror

Vídeo de la canción “Una Sola Voz” de la agrupación A Ghost in the Mirror. Producido por Yassel Chapman. 2012.

La banda inició en 2009 con el nombre de LandHunt. Los invitaban a eventos y conocían a otras bandas en Aguadulce. Sus canciones propias eran complejas, y el propio Edwin se lo comentaba. Carlos había escrito una canción llamada A Ghost in The Mirror. En ese entonces disfrutaba de grupos como Between The Buried And Me, August Burns Red, Haste The Day, grupos que eran encasillados como música pesada. Para ese tiempo también analizó canciones de otros grupos como Madison Affair (Alemania), transcribió las canciones y se aprendió la estructura.

Por esos años su abuelo falleció. Esa pérdida lo dejó marcado con el tema de la muerte y lo que dejamos con la vida.

Carlos Alexis junto a los integrantes de A Ghost in the Mirror.

Con el tiempo, Carlos Alexis le encontró el gusto al post-hardcore con su banda. Tocaron en un teletón en Aguadulce como LandHunt, pero la interpretación gutural causó que el público reaccionara negativamente. El vocalista abandonó el grupo y ajustaron el estilo al de Edwin, en base a sus composiciones para batería. Grabaron un demo instrumental porque no tenían vocalista. Subieron el demo a internet y una persona en Estados Unidos le añadió letra. El poder de la conexión musical, más allá de fronteras.

A Ghost in the Mirror estuvo activa de 2009 a 2015.
Esta es la carátula del EP, Constant Battles. Fue producido por la misma banda, y masterizado por Samuel Violin. Arte del disco: Yassel Chapman.

En Panamá conocieron al grupo Burning Inside, que tocó en provincias centrales. Ellos les consiguieron un toque en Costa Rica.

Los miembros de A Ghost in the Mirror grabaron disco, vídeo y viajaron a otro país como banda, hitos que pocos grupos acumulan en tan corto recorrido. No obstante, el cambio de ánimos era evidente. Posteriormente, Carlos Alexis les comunicó, durante un evento en un teatro, que esa sería su última presentación con el grupo.

La música es el arte más rápido en conectar con el corazón de las personas“.

Tiempo después, se encontró con Edwin Giménez y otros exmiembros, que luego formarían el proyecto Ocean Grave. Carlos tenía la esperanza de volver a un grupo. Hicieron una canción que se convirtió en el primer lanzamiento de la nueva banda. Tocaron un par de veces y luego la banda siguió con el nuevo guitarrista, Johnny Vera.

Después de la desazón con Ocean Grave, Carlos se encontró en un momento decisivo para su carrera musical. Su frustración hizo que se desencantara por completo de volver a hacer música. Para 2014-2015, durante sus estudios formales, pudo conectar nuevamente con otros artistas, trabajaba medio tiempo y estaba becado. Ahí empezaron a surgir las ideas para el repertorio que finalmente daría lugar a su primer disco de solista.  

VIAJES COMPRIMIDOS

Al inicio, la idea de Carlos Alexis era solamente grabar una canción, promocionarla y repetir. Por recomendación de terceros, decidió grabar el disco completo. Esta experiencia le aportó una perspectiva diferente en cuanto a su trabajo previo como parte de una banda. “Cuando estaba con el grupo, no tenía tanta libertad artística”. Ahora, se exige a sí mismo, mucho más que en la época de banda. Sabe que el camino del solista es de esfuerzo y dedicación.

Arte de portada del disco Viajes Comprimidos, primera producción como solista de Carlos Alexis. Grabado en Bunker Jam Studios, Panamá.

Durante nuestra conversación, parte de su discurso hizo disonancia en mi mente. A pesar de la meticulosidad con la que ahora puede crear y trabajar, Carlos parece melancólico al evocar las memorias de su recorrido como parte de una banda. Esta narración culminó en un evento musical de otra agrupación panameña; no fue accidental. Semanas antes, el joven participó en la Jornada Musical Pulsos como número de apertura, junto a otros dos talentos del patio. Estar en el escenario acompañado de un equipo despertó una chispa en él que no le conocía en los intercambios previos.

Los integrantes de A Ghost in the Mirror: José Ortega, Edwin Giménez (ahora miembro de VILE), Carlos Alexis, Alejandro Vaca, Edgar Morales y Daniel Tejeira.

MP: ¿Qué es lo que extrañas de pertenecer a una banda?

CA: Que ahora hay más trabajo que hacer. En las bandas hay formas de delegar responsabilidades. Extraño también el trabajo en conjunto. Repartirnos el crédito por las victorias y desavenencias.

La banda que fuimos a ver termina su presentación. Los instrumentos se desconectan hasta la próxima ocasión. Hasta que en otro ensayo se vuelva a crear la urgencia de mostrar al público las canciones nuevas, trabajadas por todos pero nacidas de un fogaje de inspiración. Carlos aplaude y felicita a los músicos. Mientras nos retiramos, el muchacho decide que la historia no ha terminado, y promete contarme el resto en otra reunión. Puede que el tiempo alcanzara, pero los sentimientos no.

Es todavía una herida abierta. ¿Qué hubiese sido de Ocean Grave con la participación del joven? La incertidumbre duele más que la desazon.

La historia de John Frusciante y Carlos Alexis no es tan distinta: ambos bendecidos (o condenados) a ser uno solo con su instrumento, elemento nutritivo de cualquier grupo con intención de sonar memorable, potente y limpio. Pero a la vez, ambos guitarristas y compositores que le quedaron grandes a sus respectivas bandas. El intro de Californication fue escrito por Frusciante y de ahí, la banda construyó la canción. Puede que esa casualidad, cuando Carlos escuchó esa legendaria canción por primera vez, haya sido una fuerza superior llevando esa seguidilla de acordes al corazón dispuesto que nació para tocar. El arte se construye sin saber a quién destruirá.

La destrucción lleva a un duro camino, pero también engendra creación. La nafta de esos Viajes Comprimidos fue la destrucción de sus posibilidades con los grupos a los que perteneció. Perder sin perecer, sin extraviarse. El recorrido es posible si hay un norte. Quizás el espejo no fue suficiente para reflejar su verdadera esencia de artista, o la profundidad de una tumba marina no bastaría para acomodar su inspiración. Quizás el cielo es el límite, como él mismo lo afirma.

Que comience el viaje.



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