Carlos Mario Restrepo: La ciencia es arte, la música es ciencia « Adulterio Creativo

Carlos Mario Restrepo: La ciencia es arte, la música es ciencia

Seleccionado por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), como el único representante de Panamá en la lista de “Innovadores menores de 35 en Latinoamérica”, en su edición 2019, Carlos Restrepo Arboleda es también un apasionado de la música. Numerosos diarios registraron su merecido reconocimiento. Su historia personal es inspiradora. Fotos: cedidas.

En su edición del 28 de febrero de 2015, cierto diario de circulación masiva publicó, entre otras noticias, las largas disputas sobre corrupción gubernamental. Para ese momento, exfuncionarios de la administración previa subían y bajaban escaleras en los edificios donde se agolpaban periodistas a toda hora, para llevar a los preocupados ciudadanos la novedad sobre los casos, como si se tratara de una telenovela. Las primeras planas también rebosaban de orgullo, al aproximarse la VII Cumbre de las Américas, que reuniría a mandatarios y personalidades políticas del continente en el istmo.

En el mismo medio, un artículo sobre ciencia da a conocer un importante hallazgo, producto del esfuerzo de eminentes profesionales panameños. La imagen de la publicación muestra a tres de ellos, sin identificarlos ni mencionar sus nombres en el pie de foto. El fruto de dicho esfuerzo fue publicado en una importante revista científica, cuatro días antes de la publicación de la noticia en el diario local. La palabra “descifrar” recoge la esencia de la reseña. En comparación con la inversión de trabajo, recursos y tiempo, parece evocar un hallazgo casual, como si se tratara de toparse con una moneda en un camino de piedras.

Los comentarios en respuesta a la noticia son positivos. Uno en particular llama mi atención: “no entendí un c@r@jo pero se oye muy bien esto, sea lo que sea que hicieron!” (sic). A pesar de que la redacción de la nota es impecable y el título no se presta a confusiones, es de esperarse que una parte de la población se muestre reacia a comprender la información científica. No es algo atractivo en nuestra cultura aprender a diferenciar entre incidencia y prevalencia; en cambio, abundan los analistas empíricos de estadísticas como tiros a puerta, posesión de balón y números de equipos de “fantasy”.

La historia fue otra cuando uno de los doctores a cargo de la investigación fue reconocido por el Massachussets Institute of Technology en su lista de 2019 de “Innovadores menores de 35 en Latinoamerica”. En esta ocasión, los medios tuvieron la gentileza de mencionar su nombre completo junto a su fotografía, hacer preguntas sobre su trayectoria y su perspectiva sobre el estado de la ciencia en el país. Siendo el nombre de Panamá parte de la historia y con el peso de la entidad externa encargada de la lista, el mismo diario que publicó la noticia anterior sin nombres bajo las fotografías, ahora hacía un perfil del joven científico.

Humildad y Enfoque. En una entrevista realizada por el diario La Estrella de Panamá, el joven doctor comparte lo que para él representa el reconocimiento del MIT a su trabajo. El canal de Youtube y las redes sociales de Indicasat poseen información valiosa para todos.

Así trabajan muchos medios. Servir de difusores del conocimiento es un reto hasta para los periodistas de mayor trayectoria. Noble iniciativa también la de los científicos para transmitir sus objetivos y resultados con claridad y sencillez: se instruyen para entender y para hacer que otros los entiendan. Es vital para que su propósito llegue a los corazones de la gente y a potenciales benefactores. Difícil tarea interesar a las personas en la importancia de hacer un espacio para la ciencia y entender su relevancia en la sociedad. O lo era, hasta marzo de 2020.

Mientras la ciudad descansa de otra jornada de hartazgo noticioso, remojo de víveres en agua jabonosa y lavado compulsivo de manos, el doctor Carlos Mario Restrepo y sus colegas de Indicasat-AIP, se preparan para iniciar su webinar dirigido a estudiantes de Mizoram University en Aizwal, India, quienes han solicitado su tiempo y palabras al equipo de científicos panameños para mantener la motivación en temas de ciencia; esto implica que la transmisión se realice a las once de la noche, hora de Panamá. Durante el resto del día, los científicos y biotecnólogos de la institución son parte del ejército anónimo que aporta su arsenal de conocimiento y aptitudes a la lucha contra la amenaza del SARS-CoV-2.  

No figuran en titulares, aunque se los merecen todos; sus miembros no pierden tiempo en redes sociales; acumulan conocimientos y logros, sin la obsesión por seguidores ni likes; no publican grandes discursos con fotos coreografiadas ni galerías de arrumacos; no prestan su nombre a vender productos que no utilizan; cada minuto de sus horas es valioso para el país. Aparte de estar desde hace años trabajando en importantes proyectos, transformaron sus laboratorios en una fábrica de tubos de medio de transporte viral (MTV), insumo imprescindible para transportar las muestras de los pacientes sospechosos del nuevo enemigo infeccioso. Estos medios están escasos en muchos países por una elevada demanda de pruebas. Adicional a esto, Indicasat y sus investigadores estudian los modelos de transmisión del virus en la región.

Carlos Restrepo es biotecnólogo y forma parte del equipo del Centro de Biología Celular y Molecular de Enfermedades, división del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (INDICASAT AIP). Panameño de padres colombianos, el joven se expresa cual digno vocero y relacionista público de la valiosa labor de sus colegas. Foto cedida.

En su único día libre, Carlos aparta muy amablemente unas horas de su tarde para conversar. No se trata de una entrevista más para desmembrar otro cuestionario de ansiedades sobre salud pública. Me interesa el ser humano y lo que me pueda compartir de su historia, lejos de su bata de laboratorio. De semblante simpático y apacible tono de voz, intercambiamos anécdotas graciosas tanto de ser niños en los noventas como de experiencias con grupos de estudiantes. Su sencillez distrae de su denso currículo, o simplemente la ciencia se ha amalgamado en su identidad. Su discurso danza entre la sobriedad del saber y la sensibilidad por el arte, intercambiando en ocasiones ambos roles: sonríe al hablar de su trabajo y cavila intensamente al explicar sus gustos musicales.

Del paleolítico al Petri

Al pequeño Carlos le gustaba la ciencia. Su afición por los dinosaurios se reflejaba en sus lecturas y en su gusto por la serie animada Dinoplatívolos®. Aunque la conversación se da por toscas pantallas y con tropiezos de conexión, es imposible ignorar que sus ojos brillan al repasar estas memorias.

CMR: Me gustaban los programas de televisión sobre dinosaurios, en especial uno que transmitían por canal 5, Mundo Paleolítico. Para ese tiempo también en los supermercados vendían coleccionables de una biblioteca española, que tenían piezas para armar el esqueleto de un tiranosaurio. Quería ser paleontólogo.

Luego llegó Liberen a Willy, película que lo hizo fascinarse por las orcas. Sus hermanos mayores le regalaron un libro sobre ballenas del cine. Ahora con 33 años, la orca sigue siendo su animal favorito.

Cursando estudios en el Colegio San Agustín, Carlos recuerda cuánto disfrutaba aprender. En retrospectiva, agradece el fuerte componente de matemáticas y ciencias que recibió en dicho colegio. Luego se fascinó por la astronomía, a través de libros y el estudio de las constelaciones. Pero al llegar a secundaria, su atención se enfocó hacia las ciencias biológicas. Mientras que para algunos, la televisión era sinónimo de ocio y embotamiento, para chicos como él representaban una fuente de curiosidad científica; ahora se empapaba de temas relacionados con tratamientos de enfermedades, modificación genética y células madre.

MP: ¿Te interesó estudiar medicina en ese tiempo?

CMR: La medicina fue mi primer interés, creía que el médico lo hacía todo. Luego entendí que también existía una forma de descubrir y desarrollar nuevos tratamientos.

A la hora de decidirse por estudios universitarios, Carlos se enfocó en las opciones de carrera que se dirigían directamente a la investigación, de manera que ingresó en 2005 a estudiar Biotecnología en Fundación Universitaria San Martín (Ciudad del Saber), formando parte de la primera promoción. La carrera era costosa, y esta era la opción local que más le convenía para sus metas. Por haberse graduado con el primer puesto de honor del colegio, le complementaron con un cuarto de beca, y un familiar le ayudó a conseguir apoyo económico para sus estudios a través de una fundación.

Carlos recuerda que incluso desde antes sentía que la cultura popular siempre lo giraba hacia la ciencia; por un tiempo, su superhéroe favorito era Superman, pero luego se interesó más por las aventuras de El Hombre Araña, que fue dotado de poderes gracias a una modificación genética.

MP: ¿Qué consideras necesario para que la investigación sea parte de los intereses en las nuevas generaciones?

CMR: Hace falta más exposición desde edades tempranas. No me quejo, tuve buenos profesores en el colegio, pero a veces siento que en la educación en ciencias hay mucha dedicación a los problemas de texto. Me llaman la atención los que publican memes de ‘otro día sin resolver el trinomio cuadrado perfecto’, de pronto no lo resuelven, pero muchos desconocen (u olvidan) que ese conocimiento es parte de los mecanismos que hacen funcionar nuestras computadoras.

Es necesario darle una exposición más clara a la juventud sobre esos conceptos y cómo hacen funcionar nuestro mundo. Ejemplos reales: el GPS no surgió de la nada, el internet no es arte de magia, las vacunas llevan un proceso y todo lo que nos permite mantener la vida en sociedad, las comodidades de las que gozamos, la organización… todo surge en base a desarrollos científicos y tecnológicos. Sentamos la base con conocimiento y lo aplicamos.

El arte a beneficio de la ciencia: diseño de Portada de la revista Indicasat Times, primera edición de 2019. Elaborado por Rita Marissa Giovani.

Su perspectiva deslumbra. Los hombres y mujeres de ciencia no pierden el enfoque, poseen un más amplio panorama del mundo, aunque pasen horas en sus lentes de inmersión. Conocen y entienden los problemas sociales y políticos. Entiendo y comparto la postura del joven científico. Los sistemas educativos presionan al docente a cubrir un temario y exprimir calificaciones estandarizadas. Hay tareas pendientes en la adaptación de los estudios al entorno real, pero la rigidez de los sistemas no siempre ofrece espacio para abarcar esa enseñanza.

MP: En el campo al que te dedicas ¿cuáles son los avances más trascendentes que puedes compartirme, y qué hace falta en cuanto a la situación de Panamá?

CMR: Desde que se creó Senacyt, uno de sus logros fue precisamente la creación de Indicasat-AIP como centro de servicios e investigación. Sobrevivimos con aportes del estado, realizamos desarrollo de fármacos y trabajamos en aplicación de conocimientos científicos para la industria; irónicamente falta inversión privada en la ciencia. Panamá no es un país caracterizado por desarrollo industrial, sino por servicios y comercio. Si no tienes empresarios dedicados a la industria y que tengan interés en invertir en investigación académica, les toca encarar gastos en sus propios departamentos. Esta carencia ha limitado la inversión privada en ciencia.

Los proyectos de investigación de Indicasat-AIP pueden recibir apoyo de la empresa privada, pues se trata de una asociación de interés público. Los fondos privados para adquisición de equipos no son entorpecidos por el protocolo al que se someten los fondos públicos. Los fondos de investigación procedentes de donantes del exterior se manejan como fondo privado, sin necesidad de los procesos burocráticos que padecen las entidades públicas.  

MP: ¿Entonces cualquier persona natural o jurídica que desee apoyar con recursos económicos a sus investigaciones puede hacerlo?

CMR: Por supuesto. Hemos tenido personas interesadas en apoyar. Uno de nuestros benefactores, el empresario Arturo Melo, ha apoyado activamente los trabajos de neurociencia. Se interesó por el estudio de las enfermedades neurodegenerativas; se enteró de la existencia de nuestro instituto y nos colaboró en base a resultados. Mi grupo en particular se dedica a análisis genómicos de parásitos y bacterias para caracterizar sus factores de virulencia y patogenicidad. Necesitábamos un cluster de computación paralela, él lo donó y con eso secuenciamos el genoma de Leishmania panamensis.

MP: Cuéntame algo que las personas deban saber sobre el trabajo de Indicasat.

CMR: Se hacen investigaciones que se desconocen. Llevamos años investigando la flora y fauna local para encontrar compuestos activos contra enfermedades. Contamos con proyectos de desarrollo de fármacos y de marcadores moleculares de distintos patógenos. Buscamos desarrollar vacunas contra parásitos y estudiamos las propiedades antiinflamatorias de distintos compuestos. Contamos con una sección de ecólogos, como el doctor Luis Mejía, que es especialista en hongos y estudia el microbioma asociado a los cultivos de cacao y café, para encontrar medidas de control de plagas y así disminuir el uso de pesticidas químicos en estos cultivos.

Carlos se incorporó en 2008 al equipo de Indicasat, para cumplir con su práctica profesional. Salía de la universidad en la tarde y se dirigía a la práctica. Hizo la tesis de licenciatura y se quedó trabajando como asistente de investigación por diez meses. Posteriormente, surgió la oportunidad de participar del programa de doctorado en biotecnología, enfocado en investigación biomédica.

No es el único científico de la familia, según comenta. Uno de sus hermanos es ingeniero civil e hizo un doctorado, que ahora le permite dedicarse a estructuras antisismos.

La ciencia es arte

El doctor Carlos junto a la Squier Stratocaster, regalo de sus padres. Foto cedida.

La música fue parte de su vida desde casa. Su padre le inculcó el amor por la música clásica, instrumental y ópera. Para el tiempo de juventud de su padre, todas las familias aspiraban a tener un hijo sacerdote. Su padre estaba en el coro de un seminario, cantaba de soprano; su madre también disfrutaba cantar, pero ambos dejaron la afición. Son fans de la agrupación ABBA, al igual que de la música latina.

De las caricaturas que lo apasionaron por la ciencia, también alimentó su gusto por la música; estas producciones fueron parte de su formación musical, pues tenían icónicas melodías de apertura y cierre. Su interés se complementó con las clases escolares de música y participación en el coro de la misa; aprendió flauta, solfeo. Para ese tiempo, todavía no había descubierto el rock.

MP: ¿Has tomado clases formales de música?

CMR: Nunca. Por ahora soy autodidacta. Me familiaricé con la técnica de canto, aspecto en el que no se enfatizaba mucho en el colegio. En cuanto a instrumentos, me gusta la guitarra y el ukelele. Trato de no discriminar la música. Hay canciones cuyo estilo se presta a otro instrumento, y cada género es susceptible a influencias. Por ejemplo, la primera canción considerada prototipo del metal es Helter Skelter de los Beatles (1968).

Carlos recuerda haber rechazado la oferta de sus padres para tomar clases de guitarra cuando era más joven. Por alguna razón, el instrumento no lo conquistaba. Pero todo cambio cuando en 2000 descubrió el rock, iniciando su apreciación por el género a través de MTV; en ese tiempo le llamaron la atención bandas como Matchbox Twenty, Red Hot Chilli Peppers, además de sentir especial fascinación con It’s My Life, memorable canción de Bon Jovi, que lo llevó a buscar y consumir música de los años ochenta. Tiempo después, sus padres lo sorprenderían con una Squire Stratocaster, como regalo de navidad.

Papel de la música en nuestras vidas

MP: Siendo la ciencia un campo que no deja mucho a interpretación personal. ¿Qué consideras que te aporta la música como hombre de ciencia?

CMR: También los hechos. Las canciones que más me llaman la atención son las que cuentan historias, los problemas de las personas y la sociedad. La música te puede transmitir las frustraciones y alegrías de otros, la temática y letra definen qué tipo de melodía debe tener y cuál es el carácter de esa canción.

De Panamá recuerda que disfrutaba las canciones de la agrupación Son Miserables, cuyo último disco fue lanzado en 2002, y en cuanto a bandas todavía activas, le agrada la propuesta de la agrupación Outsiders, en la que participa su camarada de la parroquia, el bajista Miguel Reyes.

Considerando la carga de trabajo que debe tener, es digno de respeto el interés de Carlos por crear música. Muy animado comenta que adquirió lo necesario para concretar sus grabaciones, deseo que tenía en pausa por razones ajenas a su voluntad. Por un tiempo parodiaba canciones, hasta que se decidió a escribir las suyas. Por desgracia su familia atravesó dificultades que lo presionaron a trabajar en clases particulares. La música le siguió acompañando, pero no tenía medios para grabar.

MP: ¿Qué rescatas de ese tiempo de crisis?

CMR: Las crisis ponen el pie en el acelerador de la madurez. Durante esos momentos difíciles tuve que privarme de atender asuntos que me interesaban. Es un shock tener que asumir tanta responsabilidad en poco tiempo, pero era lo que había. Llenarme de rabia no aportaba nada, pero de esos sentimientos salieron un par de canciones. Por eso las primeras que escribí suenan deprimentes.

Durante tiempos de crisis, Carlos recibió ayuda de autoridades académicas de su colegio, quienes lo recomendaron para que diera clases privadas. Refiere que no cambiaría cómo ocurrió todo, pues gracias a ese proceso, pudo crecer como persona. Foto: Raúl Valdés.

Reflexiones de Carlos Mario Restrepo para jóvenes que estudian ciencia:

  • Sé consciente de que siempre habrá problemas, por causas externas a nosotros. Lo que ocurre a nuestro alrededor es consecuencia de los demás. Es una realidad con la que hay que vivir.
  • Si lo malo viene de acciones, lo bueno viene de contraponerse a esas acciones. Actuar pone la vida en movimiento para buscar soluciones.
  • No te desanimes, hay muchas frustraciones en el camino. Define tus metas, escoge lo que te apasiona y conócete, a fin de saber si las aptitudes que tienes son las indicadas para aportar en ese sector.
  • En todo entorno profesional habrá quienes querrán que te tropieces. Busca buenos mentores.

Llama la atención la soltura y simpatía con la que Carlos desglosa tanto su perspectiva como científico, como sus aspiraciones en la música. La percepción de muchos es que los científicos son personas tímidas. Él considera que esto es un cliché: si te dedicas a ciencia, tienes que saber vender tu investigación, no puedes ser tímido.

MP: ¿O sea que el científico debe ser de alguna manera como un artista?

CMR: Totalmente. El científico tiene que seducir a su público.




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