Comamos y no bebamos – Interludio cuarentena

Incontables agrupaciones de rock y otros géneros reconocen el apoyo de la industria cervecera hacia la escena artística. Este es un llamado a reflexionar sobre el modo en que el trato hacia este rubro dejó en evidencia las fachadas de la sociedad.
Ilustración: Abraham Núñez

Muchas decisiones trascendentes se basan en la evaluación riesgo-beneficio. No siempre es fácil aplicar este medidor, especialmente en un escenario dinámico, impredecible y de rápida evolución, como una pandemia. Nadie tenía manual ni mapa en este tumultuoso recorrido. No hay GPS que nos saque de esta. Por fortuna, el equipo de ciencia y salud de Panamá tomó decisiones cuyo resultado ha sido considerablemente favorable. Con todo y la torcida percepción catastrofista, las cifras logradas por el país son, hasta ahora, más alentadoras que las proyectadas al inicio de la cuarentena.

Mientras tanto, periodistas y comunicadores siguen buscando la verdad, ese sapo agazapado en la charca del protocolo político. Parte de la población vive un inevitable síndrome de Estocolmo y son los medios quienes cada tanto nos pellizcan: obedece, pero no te hinques. La mayoría investiga e informa con gallardía y aplomo, otros pocos usan sus plataformas solo para ganar aprobación. Al inicio de las restricciones, no había sermones del alma inicua ni del culto a Baco y sus posibles estragos. Los ciudadanos estaban más concentrados en comprar alimentos y desinfectantes, y, dentro de la ansiedad, seguir con su normalidad sin hacer daño.

A los días de iniciada la restricción de movilidad, llegaron otras medidas de eficacia cuestionable: la circulación según género fue con justa razón criticada. La comunidad transgénero sufrió discriminación, peor que la de tiempos anteriores. Y las mujeres no se salvaron de ataques misóginos. Pero es fácil decir “hubieran hecho tal” cuando no nos toca tomar la decisión, mantener a salvo al país y atajar la lapidación pública ante las críticas.

Mejor ser cuestionado por estricto que por descuidado. Es comprensible entonces que, el 24 de marzo, mediante el Decreto 507, artículo 7, se declarara ley seca. La implementación extremista de la ley seca fue bienintencionada, pero a lo largo de la historia, en cada sociedad y situación donde se aplica, sus resultados abarcan la probabilidad mínima de beneficios sobre los flagelos sociales, y la certeza absoluta de un perjuicio innecesario, de consecuencias a largo plazo.

Es la prohibición lo que hace que cualquier cosa sea irresistible.

– Mark Twain.

Por siglos, la cerveza ha formado parte de la gastronomía del Nuevo Mundo. La fineza de los vinos europeos no ha desbancado la popularidad de la bebida a base de lúpulo, cuyo contenido de alcohol en promedio no suele pasar del 6% (las versiones ligeras rondan el 3.8%) El mercado cervecero panameño se reparte entre la clásica industrial y la artesanal, ambas poseen el visto bueno de cada gobierno de turno y el de sus consumidores.

Algunas de las grandes marcas cerveceras y licoreras fungen como patrocinadoras incondicionales del deporte y el entretenimiento, apoyan causas benéficas, reportan ganancia en exportaciones y son fuente de trabajo para miles de panameños que llevan sustento a sus familias. Este sector también respalda a otros sectores de la economía como las fábricas de envases y etiquetas, la química, el transporte de carga, los servicios de distribución, publicidad y ventas al por menor. Las industrias de licor y cervezas también ofrecen maltas, bebidas azucaradas gaseosas y agua embotellada.

Era de esperarse que la industria artesanal ganara la preferencia de consumidores jóvenes. No es el mismo licor de sus padres, es parte de la identidad de su generación. Aprender a degustar, más que a abusar. A diferencia del desmadre que sucede en ciertas cantinas, donde se expende cualquier bebida y la música no deja escuchar ni los pensamientos, los locales de cerveza artesanal, al igual que las cafeterías, sirven de punto de encuentro para amigos, colegas, o para estar solo y hacer una pausa en la rutina semanal.

La constante de estos sitios es la convivencia y el ambiente ameno. Por lo general, se trata de espacios con buena iluminación, asientos cómodos que invitan a charlar o a pasar el rato viendo el partido, en otros incluso hay juegos de mesa clásicos, invitando así a dejar a un lado la pantalla titilante del celular. Varios locales ofrecen, aparte de cervezas, un menú de hamburguesas y platos populares, con opciones vegetarianas. Sus paredes están adornadas por hermosos murales o frases de motivación, y los clientes reciben docencia de parte de sus amables meseras, quienes explican las variedades disponibles de bebidas para degustar.

El grueso de estos locales posee un elemento común: la música en vivo. Incontables agrupaciones de rock y otros géneros reconocen el apoyo de la industria cervecera hacia la escena artística. Algunos de los dueños de casas artesanales son también artistas de la música. Entendiendo de primera mano los obstáculos que las bandas encuentran en la difusión de su trabajo, se solidarizan con ese esfuerzo y abren un espacio para que expongan su propuesta y amenicen la velada a sus clientes. El dueño de uno de estos sitios es conocido por abrir un espacio pagado para las bandas, sean nuevas o veteranas, junto con su esfuerzo adicional de costearles hospedaje y apoyarles en lo posible con el transporte.

(En los bloques de colores se exponen las preguntas realizadas a empresarios de la cerveza artesanal, y a continuación sus respuestas. Se han omitido nombres para enfocarse en los testimonios).

buy Lyrica tablets uk MP: ¿Qué representa la cerveza artesanal para la sociedad?

  • Es una bebida comunal, nos lleva a compartir y buscar this contact form nuevas experiencias.
  • cliquez ceci Calidad sobre cantidad. Cultura. Creatividad gastronómica. Redefine la manera de elaborar, apreciar, compartir y comercializar cerveza, reclamando un mejor lugar en la oferta gastronómica mundial.
  • La cerveza artesanal es el nuevo vino para las nuevas generaciones. Es https://addnancy.fr/17883-dtf51823-50-mo-internet-mobile.html gastronomía, cultura, consumo responsable.

La cerveza coexiste tanto con el diario vivir de la ciudadanía, que se puede practicar un interesante ejercicio: contar los letreros que adornan los comisariatos y abarroterías, pasar lista de cuántas veces se la anuncia en las cuñas de eventos deportivos (el deporte es salud), y anotar cuál comercial de cerveza recuerda más. Los jingles de las principales marcas nacionales fueron interpretados en su momento por reconocidas figuras de la música panameña. No hay que rebobinar tanto: quince días antes de la cuarentena, plazas y parques del interior dieron la bienvenida a visitantes nacionales y extranjeros, que consumieron cerveza en la vía pública, cosa que está sancionada por la ley el resto del tiempo.

Sería improbable que las grandes cerveceras se fueran a la quiebra por una ley seca de semanas, pero el perjuicio se dio; considerando que también apoyaron activamente las actividades de respuesta ante la crisis, tanto con transporte como con entrega de bebidas sin alcohol y agua embotellada al personal de primera línea, es una crueldad innecesaria predicar en medios masivos los perjuicios de la bebida y el lado malo que no representa al grueso de los consumidores. El rubro que en cualquier momento del año es un sector pujante de la economía no es el culpable directo ni único de las patas cojas de la sociedad.

Justificada la preocupación de autoridades municipales en provincias, aunque decepcionante y contradictorio su discurso. Más que un problema de intención, su negativa fue una torpeza dialéctica: argumentando su labor de guardianes de la moral individual, atribuyeron la potencial desobediencia de su población al producto que, en otros tiempos, respalda su escena folclórica, sus opíparas ferias y festivales, y los ya mencionados carnavales, que representan cuantiosas ganancias, estimadas en los últimos datos en casi 300 millones de dólares (1).

El grupo de cerveceros artesanales, con pocos años de trayectoria, ha logrado establecerse en el gusto del público y educar a la población en cuanto a cada proceso que lleva a la producción de lo que consume, a la par que crearon oportunidades de empleo a extranjeros con opciones que de otra manera son muy limitadas. En vez de empapelar la ciudad con banners en cada esquina, o atorar sus marcas en televisión y radio, manejan su publicidad apuntando hacia un mercado específico, apostando principalmente a redes sociales, eventos de degustación en centros comerciales y patrocinio de actividades musicales.

Los artesanos además crean un vínculo fuerte con sus clientes, volviéndolos parte del negocio, tomando en cuenta sus recomendaciones y haciendo honor a figuras de la cultura nacional o a aspectos autóctonos del país con atractivos nombres; invitan al público a giras por las fábricas y los hacen participar de estudios de mercado, escuchan sus opiniones y peticiones. Confían en que los consumidores moverán su marca a través de recomendaciones directas, publicaciones en redes y obsequios de sus productos a sus amigos y conocidos. Distribuyen a restaurantes y supermercados, o se establecen en los ya conocidos tap rooms.

“Hay otros negocios afectados, ellos son uno más”

Si bien la cuarentena afectó a muchas pequeñas y medianas empresas, el sector de restaurantes y afines recibió un prematuro golpe antes del cierre total: ante el anuncio del primer caso de la nueva amenaza invisible en Panamá, de inmediato las personas dejaron de acudir a los locales. Siendo las propinas parte importante del ingreso de meseros y demás personal de atención, es de esperarse que el escenario para ellos se ennegreció mucho antes, a pesar del esfuerzo de sus empleadores por amortiguar el daño. Los restaurantes recibieron autorización para operar a través de entregas a domicilio, pero a las empresas de cerveza se les envió el mensaje claro: su sector no es prioridad.

MP: ¿Cómo manejó usted la situación del cierre obligatorio de su negocio durante esta cuarentena?

  • No podía hacer absolutamente nada.
  • Cerramos. Pagamos hasta donde pudimos. Tuvimos que suspender contratos. Pedimos flexibilizar la ley seca. Ahora tocaba pelear con el municipio (que sigue cobrando). Seguimos a merced del tiempo y de las decisiones del gobierno.
  • Incertidumbre, suspensión de contratos laborales, adelanto de vacaciones de hasta dos periodos, el equipo técnico se tuvo que limitar a revisar los equipos y productos en proceso de producción a solo dos veces por semana, ya que son de muy alto costo y requieren seguimiento constante. Esto fue hasta que el Ministerio de Comercio e Industrias nos aprobó salvoconductos, luego de explicar la situación.

¿Qué estrategias puso en práctica usted y su negocio para tolerar la cuarentena?

  • No tenía, mi producto estaba prohibido.
  • Nos alineamos con las decisiones del gobierno. Nos tocó esperar. Dentro de todo tenemos condiciones más favorables que otros negocios en la industria.
  • Suspensión de contratos, vacaciones adelantadas para empleados esenciales y pagar de nuestros ahorros los salarios del equipo técnico. Frenar en lo posible la producción, ya que hay insumos perecederos. Acumular inventario producido en botellas y mantener en frío para que se mantenga fresco, lo que ocasiona mayor gasto eléctrico. Mantener una comunicación constante con nuestros clientes a través de las redes.

Dale que Dale

Volvamos a los medios. De todo el discurso que a diario ofrecen comentaristas y analistas en sus plataformas, ninguno tuvo la osadía de decir “¡Aquí hay plata para las papas y la hamburguesa, pero no para la educación!”. Aparte de enfrentar la crisis como muchos otros negocios, el sector de las cerveceras tuvo que recibir el desdén y la mano juzgadora que otros productos y servicios no recibieron: airadas reprimendas moralistas por parte de programas que se benefician, desde hace tiempo, de cuantiosos patrocinios del sector licorero. Apenas la opinión general mostró el rechazo de palabra (porque del factual no sabemos) de los oyentes ante el levantamiento de la ley, los medios extrapolaron su papel de padres hacia el grueso de los oyentes.

A toda hora, las tardes de conversación se convirtieron en sermones de la rectitud, desglosando el tema de virus y alcohol: que así todos estaremos bien portados, que nada se remedia con un trago, que la violencia doméstica va a ser nula (no lo fue), que sin licor Panamá tendría forma de “S” mayúscula. El grueso de la población prestaba atención, se quedaba en casa y compartía su nueva receta de pan o pedía ayuda para conseguirlo, mientras recibía más reprimendas por los transgresores de la cuarentena.

MP: ¿Cómo considera usted la reacción de medios de comunicación masiva ante el levantamiento de la ley seca, cuyos propios periodistas se manifestaron de forma airada sobre esta decisión?

  • Absurda, reduccionista y fundamentalista, la ley seca no tiene base científica, ni psicológica. Fuimos uno de los únicos países en decretarla y antes de semejante extremo, se pudo haber hecho una búsqueda sencilla sobre el riesgo-beneficio, pero prevaleció la pereza mental.
  • Los medios le han martillado a la gente la idea de que los ciudadanos somos mascotas maleducadas. Somos uno de los pocos en haberla implementado arbitrariamente y sin considerar sus efectos negativos. Tampoco consideraron el aporte de la industria a la economía, incluyendo salud y subsidios.
  • Me parece una exageración. Panamá es el único país de la región que ejerció esta medida indefinidamente a nivel nacional. No me parece justa la percepción de los medios de que el panameño tiene un peor comportamiento que los ciudadanos de otros países; no es en nuestro país donde los números de crímenes están más altos, los medios lo saben. Me parece un pensamiento represivo y de ganado.

Así es mi país, así es mi gente

Fuente: canal oficial de YouTube de Cerveza Atlas.

En su discurso moralista, hubo medios que, en cierta proporción, olvidaron mencionar entre cada reprimenda generalizada que en las industrias cerveceras y licoreras laboran personas que son el sustento de sus familias y que, como otros afectados, son gente buena y trabajadora que entró a formar parte de la muchedumbre angustiada y en algunos casos, sin poder cubrir sus necesidades básicas.

MP: ¿Puede compartir alguna historia sobre su personal en cuanto a las afectaciones de su empresa por la cuarentena?

  • A un empleado recién contratado lo tuvimos que liquidar, ya que el contrato no lo habíamos logrado inscribir en el Ministerio de Trabajo (había ingresado justo esa semana), así que no entraba en el programa de bono solidario y fue la única opción que encontramos para poder darle algo de dinero, ya que con ley seca no podíamos facturar.
  • Tenemos seis familias que se han visto afectadas directamente y han perdido el sustento.

Es interesante cómo el ciudadano de cierto nivel socioeconómico cree conocer a la perfección el comportamiento y la mentalidad de las personas de otros sectores. Supongamos que un solo sujeto conoce, por exagerar, a cinco residentes de un corregimiento en el que jamás ha vivido. Sus percepciones acerca de la comunidad en cuestión serán dictadas probablemente por la única ventana hacia ese fragmento del mapa: los medios que pueda consultar. Tanto noticieros como programas de entretenimiento dibujan un arquetipo de ciudadano al que invitan a amoldarse, haciendo mofa de nuestros rasgos de conducta y actitudes. En vez de ser espejo de un ideal, imponen una identidad para invitar a reconocer nuestros defectos y reírnos de ellos, en lugar de aspirar a corregirlos.

¿Qué responde usted ante los argumentos de justificación de ley seca para disminuir la conducta de aglomeración, violencia doméstica, etcétera?

  • No somos niñitos, no se puede seguir con esa actitud tercermundista. Sumado a eso, el que es violento no necesita el licor para serlo. Además, si la policía tiene que estar vigilando la cuarentena, en adición a sus funciones regulares, y se le suma el contrabando de licor creado por esa ley absurda, ¿va a poder investigar esas denuncias? ¿van a denunciarlo si saben que tienen que seguir en ese hogar, porque no tienen donde más ir los arrestan porque violaron la cuarentena?
  • Los problemas sociales se atienden con programas sociales. En vez de castigar al criminal, se usa de chivo expiatorio al cuchillo de cocina. Los bares están cerrados, no debe haber aglomeraciones. Violencia doméstica la hay con o sin alcohol. Debe resolverse, pero no en detrimento de toda una industria.
  • No puedes eliminar un problema intrínseco de la persona prohibiendo el consumo de alcohol. Deben buscar otras medidas basadas en el individuo y no en la variable. Las fiestas están prohibidas, por lo que no veo sentido de que exista una aglomeración. El que rompe la ley lo hace sobrio o borracho, todo está en la integridad. Esto último aplica para la violencia domestica también, ¿realmente creen que el que abusa cuando toma no podrá conseguir alcohol? Si fuera así, no existiera un problema con drogas ilegales, ya que están prohibidas, pero mucha gente las consume igual.

No todos los panameños consumen licor. No todos los que consumen, abusan, y la inmensa mayoría de los que consumen, prefiere la cerveza entre las otras bebidas alcohólicas. ESO es lo que dice el informe mal citado por distintos medios (2). La pandemia y sus medidas de cuarentena fueron un escenario desconocido que trajeron temores y sensación de desamparo, y el grueso de la población de todas formas hizo caso. Responder a la nueva amenaza invisible significó perder control de la libertad de circulación y quedarse en casa sin seguridad laboral, sin ejercicio al aire libre, sin escuela ni paseos para los niños, sin visitar a familiares, sin competencias deportivas en televisión, sin el desahogo de los viernes. Sin visitas al ser querido en el hospital, sin abrazos de despedida.

Si deseas que una población se subleve y no se comporte, quítale todo sentido de control, dale arroz y carne y recuérdale que lo demás no es necesario; ignora que su hijo cumple años y quita de la lista de pedido el pastel que tanto espera, tampoco es necesario. Dales patente de corso a los guardianes del orden público para que se excedan en castigos, imponle a la gente normas de conducta sin explicar el poder de su comportamiento. Dile que las muertes nuevas serán culpa suya por sacar al perro a defecar. Si la única libertad es transgredir bebiendo una cerveza, llegará la forma de hacerlo. El consumo que se promueve y se aplaude desde inicios de la república es el más cercano a su sentido de seguridad, cuando todo estaba mejor. Por esos mililitros de desobediencia, ese ser humano recuerda que sigue siendo independiente y cuerdo.

Esperar que el ciudadano se lave las manos correctamente y se logre comportar durante una visita al supermercado, mientras se afirma que no podrá moderar su ingesta de alcohol porque es barbárico, abusivo y carente de autocontrol es contradictorio. El problema del consumo de alcohol en los conductores y el papel del licor en la violencia doméstica es mucho más antiguo que la desobediencia pandémica. Es un síntoma de importantes tareas pendientes. ¿Qué tiene que pasar para que se endurezcan las medidas ante la violencia doméstica y conducir bajo efecto del alcohol?

Ojalá los municipios respondieran con la misma diligencia con la que se negaron a levantar la ley seca, cuando alguna mujer solicita ayuda porque su expareja la amenaza o intenta agredirla a ella o a sus hijos. Ojalá atendieran con esa prioridad la atención en justicia para los delitos sexuales y sus víctimas, a las que arrojan en manos de instituciones dedicadas a la orientación y atención inicial de estas personas. Que su indignación fuese la misma con los casos de maltrato animal y tendríamos buena parte del problema nacional resuelto.

¿Qué mensaje puede dar a la sociedad en esta situación de crisis?

  • Apoyen a la industria cervecera artesanal. Tanto fabricantes, como importadores, como puntos de venta. Consuman con moderación y responsabilidad (algo común en esta pequeña y aguerrida industria).
  • Creo que estamos viviendo la cultura del miedo. Las enfermedades van a existir y hay que convivir con ellas. No podemos destruir la economía por esto, a menos que el nivel de mortalidad sea algo sumamente alto, que no es el caso si somos sensatos. Los que están muy asustados deben quedarse en casa, en especial los que tengan alguna enfermedad de riesgo y los adultos mayores.
  • Vamos a salir de esto, va a ser difícil, pero unidos lo podemos hacer, dependemos de análisis científico, ser racionales y no estar improvisando.

Con todo y la crisis, hay maneras amables de decir “no”, y la industria cervecera, que por décadas patrocina programas en medios masivos y eventos de toda índole, que respalda a diversos sectores de la cultura y tradición nacional, y que es el lugar de trabajo de personas con iguales derechos que los “otros negocios que también están afectados”, merecía por lo menos eso: respeto. Sin menosprecios ni tributos a la perfecta moral que tendríamos si no fuera por su producto.

Los pequeños y medianos empresarios apuestan por la solidez del país. Tenían derecho a contrapropuestas a ser escuchados y valorados por ser motor de la economía, y los artesanales por su apuesta en el emprendimiento; merecían un trato empático de los medios de comunicación, un apoyo en la conservación de sus cuantiosas inversiones en equipos, y una explicación decente y directa de autoridades y municipios sobre la persistencia regional de las restricciones de venta, no a través de discursos vacíos en podios mediáticos para salvar una raquítica popularidad.



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