Conviction: Con orquios, con pasión.

La lista esperaba. Esta sería una cita obligada para todo fan del metal y del rock.
Foto: Andrés de Rockzany Magazine.

La noche del 5 de octubre era legendaria antes de que el evento fuese anunciado. Octubre es el último mes útil para cualquiera que desee vender un espectáculo, concierto, o el clásico #tenemostoquelleguen”.

Despiértenme cuando termine septiembre, me dije. Entre eventos cerveceros insuflados, presentaciones de manera simultánea de bandas que parecen no entender que la unión hace la fuerza, y la visita de una agrupación argentina que llenó un centro de convenciones de un hotel a punta de nostalgia (sin mencionar que el fin de semana previo se logro lo imposible: que músicos retirados se sacudieran el óxido e hicieran un disco para otra persona), octubre debía empezar con buen pie.

El disco esperado por meses, para ellos fue una espera de años. Los neurontin retailers Nigthwalkers, banda panameña de thrash metal con una trayectoria que cualquier grupo envidiaría, estaban listos, por fin, para entrar por la puerta grande de la consagración musical y seguir la regla que pocos artistas valoran: todo lo que hagas, déjalo plasmado en físico, la obra no debe morir contigo. El disco buy cheap zovirax CONVICTION fue producto de un trabajo meticuloso, dedicado y sobre todo, con supremo respeto por el consumidor y por la calidad musical. Los jóvenes metaleros compartieron en redes sociales el hermoso momento en que tuvieron su obra en físico, finalmente en sus manos.

Con un excelente trabajo fotográfico y la dirección de vídeo de Ludim Natanael, el disco posee, aparte de la propuesta musical de altura, un diseño de portada original, una funda de cartón que le da un aire tipo edición Deluxe, y como bonus para sus fanáticos, el anexo con las letras de sus canciones y fotografías. La noche de bautizo de la obra sería además ocasión para adquirir tanto el disco como los artículos promocionales. El lugar escogido, Hard Rock Café, tendría, al menos por esa noche, algo de música rock original y compensaría su cuestionable oferta gastronómica con una exquisita oferta musical. Tampoco sería la mejor opción para un mosh pit, al menos no sin el riesgo de quedar servido sobre el balcón hacia las mesas de seis puestos. Pero era un compromiso moral con el rock, con el metal y con la música nacional.

Junto a sus secuaces Jesús Araúz, Vladimir Pardales y Johann Tempest, el pequeño maestro metalero Carlos Shedden vendió cada uno de los boletos de manera individual para la magna ocasión. Los jóvenes se esmeraron por hacer atractiva su propuesta, ofreciendo además paquetes especiales con el CD junto con suéteres, abrigos y adhesivos. Ya en el evento, muchos de los asistentes lucían sus t-shirts de la N plateada y azul, la cara del lobo o el clásico diseño de la luna. El sentido de pertenencia es fuerte en el fanático metalero: incluso de día sabe distinguirse del resto, sabe cómo conducirse y expresarse, haciendo honor a su amor por la distorsión, los guturales y la batería de doble pedal. Como si intentara todo el tiempo de identificarse y reconocerse en medio de una plácida sensación de soledad.

No cabe duda de que la noche del cinco de octubre fue la noche de los metaleros. Sea en un espacio amplio o en una esquina de un local ocupado por mesas, no hay escapatoria: si el metal suena, toca hacer mosh-pit. Se sentía casi como un sacrilegio levantarse frente a ellos. La banda se esmeró por hacer su entrada triunfal y ser aplaudidos por la modesta pero animada audiencia del incómodo lugar. Las noches de desvelo, las peticiones de permiso a los profesores y los vaivenes de un extremo a otro de la ciudad quedaron atrás, con tal de concretar la cita y ser los protagonistas por un par de horas. El riff de Metal Land abrió la noche y todo malestar se esfumó.

Carlos les dio la bienvenida y las gracias a todos. Uno a uno, los parroquianos del metal se unieron a la densa concurrencia frente a la tarima, inevitablemente atraídos por la furia con la que los Nightwalkers se entregan al público. Nada de noches de tributo, los homenajeados fueron ellos, su música embrujó cada esquina del recinto y tomó a cada uno de los presentes por el cuello con rítmicas y violentas sacudidas. Demasiada energía para un solo escenario, para una sola guitarra…

La PRS SE Mark Tremonti Custom tuvo un ataque de pánico, o simplemente la pasión metalera de esa noche fue demasiada y dijo “No más”. El inconveniente en vivo no logró que el pequeño maestro metalero perdiera la compostura. Rápidamente su hermano, el legendario “JLu” José Luis Vélez (Santos y Demonios) acudió en su auxilio y le caló su Jackson Phil Demmel, lista para figurar. Los otros tres caminantes nocturnos apoyaron con su presentación y llenaron el que hubiese sido un incómodo silencio. Johann Tempest aporreó su batería con mucha más energía; el murciélago caminante, Jesús Araúz, tomó su Fender Jazz, dio unos pasos hacia el frente y su níveo rostro iluminó el espacio vacío del frontman. Por su parte, el conde Vlad le sacó alaridos a su Epiphone, y el hiato de la noche pasó desapercibido.

Los devotos de los himnos “Nitrogenesis”, “Face Your Fears” y “Relativa Realidad” corearon sus letras, formaron su propia percusión entre sus coyunturas, y no resistieron el impulso de tomar el micrófono y cantar junto a ellos, detalle que los músicos agradecieron. De pronto, como si hubiese sido coreografiado, un par de fanáticos tomaron al pequeño maestro por las rodillas y lo elevaron sobre sus cabezas, a la vez que el resto de la concurrencia ayudó. Todos querían elevarlo, y el turno también le tocó al joven Vladimir. El metal tiene pocas ocasiones para figurar, sus cumbres son escasas y empinadas, dejando al resto de la masa mortal alejada de sus hitos. No hay mucho espacio para el metal en una ciudad de plástico, de esas que no quiero ver.

El pequeño maestro metalero, Carlos Shedden, se consagró como héroe de la escena metal joven. Foto cortesía de: Rockzany Magazine.

¿Dónde estaba el resto de la escena metalera? Carlos Shedden acude religiosamente a todos los eventos musicales, incluso los menos alternativos. Lo he visto corear canciones de bandas de punk, pop, indie y hasta reggae y hip hop. Pero nada es más trascendente para él que apoyar a sus congéneres del metal. Al evento asistieron, en calidad de fanáticos, artistas como Watch Me Face It, Kardiafone, Votraster, José Cortés, Metalcoat, Poetika, Emilio Cárdenas (ex-Promises), Juan Carlos Samaniego (de Radicales Libres), Rencilla, Fireage, entre otros. Pero la ausencia de reconocidas figuras del metal que en otro momento han recibido el apoyo presencial de los Nightwalkers era evidente. Los medios digitales de rock se hicieron presentes, y muchos de los amigos y familiares de los jóvenes músicos también formaron parte de la concurrencia.

Por suerte, fuimos testigos de esa histórica noche. A esa misma hora, en otra esquina de Panamá sonaban los onanistas tributos con su sonido brilloso y sus barriles de cerveza y un poco más lejos, la situación era más optimista, con la esperada reunión de una legendaria banda de los ochentas, por primera vez en 30 años (y esperemos que no por última). Pero no había otro lugar adonde ir para los que llevan el peso de la escena en el presente, los que se foguean con material propio y se enredan en interminables explicaciones sobre el errado estereotipo metalero. “No, tío, el metal no rinde culto a lo malo. Léase una letra de reggaetón y verá cómo, a lo oscuro y sin disimulo, otros se encargan de esa tarea”.

La última canción fue seguida de unas palabras de agradecimiento, menciones a personas que formaron parte del recorrido hacia Conviction, y los aplausos más valiosos que, en la esquina izquierda del recinto, sonaron por encima de los gritos del público. Siendo parte del público y a la vez atendiendo la mesa de mercancía y discos, estaba Jeannette. Entre orgullosa y aliviada, saludó con una sonrisa a los que se acercaban al puesto y mostraba el entusiasmo de la fanática número uno, la que estuvo con ellos en cada paso. Si la espera y el esfuerzo no pudieron con las espaldas de los jóvenes Nightwalkers, fue en gran parte porque en ella encontraron apoyo y junto a ella se lanzaron a los embates de un cruento mercado en el que pocos se lanzan a parir un disco. Parir, porque no puedes hacerlo solo, gestar porque toma tiempo, y presentarlo al mundo en un bautizo público, junto a los que se encargarán de mantener viva la escena y la música.

Gracias al esfuerzo de Nightwalkers en dejar en físico su obra, el rock sobrevive. Foto: Rockzany Magazine.

El rock no está muerto. Está vivo con convicción. El maestro metalero dejó de ser pequeño, él y sus secuaces del cinco de octubre tuvieron las agallas para hacer lo que a otros se les atora en la procrastinación y las excusas: un disco en físico. Un pedazo de corazón en un mundo de streaming efímeros y memorias borrables. Con calidad de exportación, con gratitud, y con la convicción de que, no importa lo que pase, estas son las pequeñas victorias que toda banda se debe anotar. La posteridad, la evidencia, la inmortalidad.



Deja un comentario