Diez12 – Haz lo que amas

El grupo se describe como parte del género rock fusión, y su curioso nombre se debe al único horario que tenían disponible entre sus obligaciones, para entregarse al amor por la música.

En este momento, cientos de grupos de chateo se colman de trivialidad. Una tormenta de ruido y ocio que los creadores de la aplicación de mensajería más popular probablemente visualizaron sin mayor remordimiento. No es la tecnología, es lo que dejas que ella te haga. En 2015, una de esas comunidades virtuales sirvió para algo más que ocio. Un grupo de muchachos universitarios con afán de crear música y compartir su pasión, decide formar una agrupación musical.

Para los integrantes de Read Full Article Diez12, http://terracomcommunities.com/circle-t-ranches/sundance_film/ Kai Barnes Dormoi (guitarra), Guillermo Quintero (batería), Oscar Moreno (guitarra), José Alberto Zambrano (voz) y GianFranco Julian (bajo), su proyecto nacido de un grupo de chateo al que llamaron “Banda”, es ahora una propuesta digna de ser vendida al público, por la que se entregan de lleno al lado tedioso de vender la música. Así fue como captaron mi atención: en mi búsqueda de testimonios sobre la experiencia íntima de ser músico en Panamá, me topo con un perfil de redes sociales atractivo, con información actualizada sobre el lanzamiento de sus nuevos sencillos y próximos eventos.

Vídeo de la letra de la canción “Qué más da”. Una buena canción para karaoke, escrita por artistas genuinos.

Una presentación anunciada para un domingo de enero en la noche me produce curiosidad; el pie de foto reza “Escríbenos para obtener tu entrada”, seguido de un número de teléfono. Sigo las indicaciones y después de intercambiar nombres, el joven artista me explica que mis boletos serán entregados al lugar donde me encuentre y que puedo cancelar el pago por transferencia. Más allá de alegrarme por la comodidad que tendría al recibir mis entradas, disfruté ver el compromiso de estos muchachos con la tarea de vender el evento. Me enfrasco en el cálculo mental de averiguar si esta estrategia les resulta rentable, considerando el precio de cada entrada y el costo subestimado de organizar un toque.

Aparte de ser guitarrista en Diez12, Kai Barnes es el baterista de Diablo Rojo, agrupación que acaba de lanzar un disco en febrero 2019, en distintas plataformas digitales. Kai personifica la versatilidad que caracteriza al verdadero artista.

Inspirados por su experiencia como alumnos de la Academia de Música de Panamá, Oscar, Guillermo y Kai siguieron el consejo de un bajista de dicho lugar y crearon Sunday Close, proyecto musical cuya duración fue de aproximadamente dos años. Pero luego de enfrentarse a los fluctuantes niveles de compromiso que siempre salen a flote al organizar un proyecto de grupo, grande fue su decepción al percatarse que incluso los formadores de la banda carecían de voluntad, aunque les sobraba el tiempo que ellos mismos, estudiando carreras como ingeniería y electromecánica, no tenían.

Al mismo tiempo, en otro lado de la ciudad, un atractivo joven de talento para el canto participaba en concursos de karaoke, y recibía ofertas para convertirse en la nueva revelación de la tan pegada propuesta reggaetón, producto de consumo masivo ante cuya hipnosis sucumbieron una infinidad de héroes del rock y de otros géneros serios. Para José Alberto, la tentadora invitación de una compañía discográfica para ser la nueva imagen en representación de Panamá, en el rango de solista joven, coincidió con la noticia de que su primo Oscar estaba organizando una banda.

José Alberto es el vocalista de Diez12. Aunque su presencia escénica es innegable, siempre se esmera en dar a sus compañeros de banda el crédito y atención que merecen.

“Les dije que no a los de la disquera, porque no quería cantar reggaetón. Probablemente hoy estaría muy cotizado como solista, pero no estaría haciendo lo que me gusta”. – José Zambrano (voz).

Uno de los amigos cercanos de la banda tenía interés especial por el proyecto. Gian Franco no era simplemente un admirador con un instrumento disponible. Su hoja de vida musical ya era impresionante: había formado parte de la agrupación Retz, y dicha experiencia le sirvió de base para aportar lo que la banda necesitaba. Lejos del protagonismo de un número musical creado para cautivar a un público masivo con la nostalgia de los sesentas, Gian Franco admite que su verdadera identidad musical está en su banda. No necesita ser protagonista, ser parte de la complicidad musical a cargo de las líneas de bajo lo satisface sobremanera.

GianFranco Julian es el bajista de Diez12. Su proyección y desempeño como parte de esta banda distan mucho del arquetipo representado en el proyecto Retz. En palabras del propio joven artista: “Este soy yo”.

Las primeras impresiones son importantes.

Al llegar al sitio donde conversaríamos y a la vez tendría el gusto de verlos en vivo, los muchachos de Diez12 se encontraban haciendo la prueba de sonido. Los que desconocen el trabajo que conlleva organizar un toque no imaginan cuánto tiempo y esfuerzo se necesita solo para sonar bien. En el caso de esta banda en particular, consideran perjudicial tocar en cualquier sitio solo por aceptar una invitación de locales y bares, pues no siempre se logra una calidad de sonido cónsona con lo que el público merece. “El público no suele ser experto en música, pero hay que respetarlo y tomar en cuenta su opinión”, comenta Guillermo, baterista y el más reflexivo de los integrantes del grupo.

Además de la batería, Guillermo toca el cajón, y ha participado como baterista de apoyo de otras bandas y músicos nacionales.

Durante nuestra conversación, los chicos se mostraban tranquilos, sin mucha tensión, pero a la vez concentrados en utilizar el tiempo. Faltaba todavía organizar la taquilla, cortar los adhesivos que regalarían al público y cambiarse de atuendo. Me explicaron que en el lugar se encontraba Roberto Velarde, reconocido artista al que contrataron para la filmación de un vídeo de la presentación, con la mejor calidad posible. Semanas después pude ver el resultado y comprendí el grado de compromiso que Diez12 desea mostrar.

Este video fue filmado durante la noche que pude ver el espectáculo de Diez12 y conversar con ellos. Dirigido por Roberto Velarde. Grabado en Hoppy Hog.

“La imagen es parte de la conexión con tu público”, explican. Tienen razón, no se trata de atractivo físico ni de indumentaria, sino de la impronta que aspiran marcar. Sabiendo que su juventud y energía es una poderosa fuente de atención en el público joven, no pierden oportunidad de voltear la mirada de la fanaticada consumidora, que a veces ignora la variedad de propuestas musicales que su propio país ofrece. Con una cantidad modesta pero interesante de vídeos en su canal de YouTube, los admiradores pueden observar la camaradería y fuerza que proyecta el grupo en sus presentaciones, en las grabaciones en acústico, en sus peripecias alrededor de la ciudad y, por qué no, en su tiempo libre.

Oscar es un talentoso guitarrista y un disciplinado estudiante universitario. La mayoría de las veces, las canciones de Diez12 se escriben en grupo, utilizando como base las melodías que Oscar propone.

 “El músico tiene que aprender a vender su propuesta”.

El grupo coincide en que la experiencia más grata hasta ahora como banda fue un brew fest de Capital Cervecería, al cual asistieron alrededor de 500 personas. Ver a tantas personas disfrutando el espectáculo fue una incomparable satisfacción para estos jóvenes. El evento de esta noche también es especial: es la primera presentación del año, y en cuestión de minutos, el sitio se abarrota de personas de todas las edades. Maravillada, observo que varias mesas están ocupadas por adultos mayores, quienes no solo toman fotografías y vídeos, sino que aplauden cada canción y se unen a la melé final, donde José Alberto pide que todos posen para una foto grupal.

Terminado el concierto, disfruté cada segundo. Observar el aporte individual de cada integrante me hizo entender por qué un grupo con antecedentes tan diversos funciona como un todo. Un vocalista cuya fuerte presencia escénica se rehúsa a opacar a sus compañeros de banda, a los cuales tiene en alta estima; un bajista que hizo las paces con dejar de ser parte de un fenómeno de consumo para ser pieza de una máquina de cinco cabezas y encargarse, para colmo, del instrumento más incomprendido para los oídos inexpertos; un batería con una madurez de artista digna de un libro, un guitarrista con aspecto de Clark Kent, pero colmado de una magma que revienta al tomar su instrumento y formar las melodías en las que, con los demás, arma las canciones, y un segundo guitarrista que vive la dualidad de tocar batería para una banda y cuerdas para otra, en un extraño caso de quimera musical: simetría y paz en guitarra, furia en batería y actitud de emprendedor que da la cara por su proyecto.

Esa es la diferencia entre novatos y profesionales: el novato siempre aduce estar empezando, y en su inexperiencia excusa su mediocridad. El profesional sabe que todos los días hay algo que sembrar (vender boletos, ensayar, grabar, invertir) y que la cosecha demora, pero llega. Diez12 pasó de ser el grupo de chicos cuyo horario de mortales corría más deprisa que el tiempo disponible para la música, a ser esa promesa de una carrera cuyas horas no sean amantes furtivas de su rutina, sino las merecedoras de toda su dedicación.

En la pared trasera del bar donde Diez12 se presentó esta noche, hay un letrero que dice: “Haz lo que amas y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”. El punto de empatía que soñé crear entre músicos y escritores se convierte lentamente en una bestia liberándose de sus cadenas. La hipocresía que encierra esa frase es simple: no hay nadie más enamorado de su trabajo que un artista. No porque sea “el creador de las cosas bellas”, no porque el arte conceda un protagonismo entre el vulgo, sino porque, especialmente en sociedades como la nuestra, el arte no sube al nivel de profesión. Es un pasatiempo admirable, una excusa para que el hijo pase tiempo de vacaciones lejos del televisor, o un aspecto sexy y misterioso de aquel colega de trabajo. Mi respeto por la profesión de músico crece con cada banda a la que conozco, sobre todo porque muchas dan por hecho que, si se les exige regalar su trabajo como artistas, nadie se muestra indignado.

Al día siguiente, escribo a Kai para felicitarlos y él, siempre ameno en su trato, me agradece por haber asistido. Reviso las redes y disfruto ver la galería de fotos de los demás asistentes, quizás familiares y amigos, pero, sobre todo, apoyo incondicional. Eso quiero pensar, y con esa versión me quedaré. Avanzo en las redes y encuentro un anuncio publicitario sobre las bondades de la educación musical del feto de 25 semanas. Promociones de audífonos para colocar en el fondo del útero, discos de música clásica para que el niño los escuche desde antes de poder respirar; los mismos padres interesados en la idea serán los que apaguen las ambiciones de sus hijos de dedicarse por completo a la música.

Tal vez sea esa la fórmula: una plácida rutina y una amante furiosa, la música. Que solo te puede abrazar de diez a doce, que te hace vivir cada segundo y querer estirarlo, contar a todos cuánto te inyecta de emoción. Sus gritos y tus dedos, su pulso y tus sacudidas. Y los versos que le cantas para que no te abandone, para que espere paciente a que vuelvas a tomarla. En tus manos.



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