En el Nombre de ATHICA (parte I)

Con dieciséis años en la escena local, la banda de death metal visit this site right here ATHICA es el orgullo subestimado de la música en Panamá. George, Pepo, Israel, Jean y Víctor conforman su actual y más exitosa alineación.
Ilustración realizada por Abraham Núñez Ibarra.

Noche de adulterio. La cita obligada es la reinauguración del pequeño templo del rock en la ciudad. A diferencia de otros sitios donde la temática son los tributos para los sordos voluntarios, la comida cara y pretenciosa y la cerveza artesanal, la esquina de Hangar 18 es ese punto de la ciudad donde, entre humo y penumbra, fulgura la piedra preciosa del rock. Sin pulir, sin perder sus filos naturales. Nada de murales para fotos pendejas, ni baños habilitados para selfies. Una mesa de billar, un área externa para degustación patológica del pezón nicotínico y las escaleras por las que asciendes al infierno.

Posiblemente he visto demasiado. Sé demasiado.

El evento principal: dos bandas con una tremenda propuesta musical, más distintas no pueden ser. Pero hay rock y eso es lo que importa. Fanáticos de distintas generaciones se vuelven un sincitio de cráneos agitándose al unísono, haciendo la venia universal de los ungidos bajo el crisma del metal: el malocchio. Son las dos de la madrugada y el pequeño templo del rock refuerza su razón antisocial: ven por el rock, quédate por el rock. Nada de mesas reservadas para celebrar que sobreviviste otro año de odiar los lunes. Una tarima, una cabina para el titiritero del sonido, un ascensor claustrofóbico para elevar las sagradas herramientas del evangelio rockero a su séptimo cielo, y un piso pelado junto a una pequeña barra. Nada de pantallas gigantes distractoras con la mundana diversión deportiva del momento; en misa se pone atención.

Uno de los asistentes destaca entre la multitud. De notable estatura e indumentaria sencilla, con la imagen típica de todo metalero: t-shirt negro, pantalones jeans, barba bien cuidada que adorna sus facciones aguileñas, y aretes plugs, accesorio con el cual se reconocen mutuamente los feligreses de la santa fe metalera, “Déjame iluminarte, así es como yo rezo”. Ignoraba que, en ese apretón de manos al conocernos, tocaría las santas falanges creadoras del sonido del death metal local. Ignoraba también que, gracias a su banda, en cuestión de semanas construiría privilegiadas memorias como fanática en ese mismo recinto de adoración.

Porque precisamente, en ese sexto círculo dantesco, se hizo justicia una noche de mayo. Herejes e indiferentes se perdieron de esta gran ceremonia, en la que where can i buy lasix tablets ATHICA ganó el puesto de representación por parte de Centroamérica en el prestigioso festival Wacken Open Air (WOA), a celebrarse en Alemania, del 1 al 3 de agosto en el municipio de Wacken, en el estado de Schleswig-Holstein. Es la primera vez que una banda de Panamá asistirá a un evento de tal magnitud. Todo un logro, pues se trata de un festival reconocido como el más grande evento de convocatoria de rock y especialmente metal del mundo.

El WOA no es cualquier festival. Su primera edición fue en 1990, un pequeño evento que contó con la participación de bandas alemanas y duró dos días. Años después, se había convertido en una fiesta musical y temática de magnitud descomunal, a la vez que se trata de un festival con mucho orden y seguridad, calificativos de los que carecen eventos de otros géneros menos oscuros.

Vídeo oficial de la canción “Lillith”, del primer disco de ATHICA, The Horror Shall Begin. Dirección: Manny Herrera.

Tuve la suerte de conocer a tres de los miembros de ATHICA antes que todo este caos se concretara. En medio del tedio sabatino, La Rana Dorada de San Francisco fue el afortunado lugar escogido para la conversación.

Orgullo nacional. ATHICA ganó el concurso de bandas de metal centroamericano y representará a Panamá y a la región en el prestigioso festival Wacken Open Air en agosto 2019. Foto: @paulstmalo.

“Estoy esperando a una banda”, le comenté a la amable mesera, sin reparar en esas cinco palabras a las que no reparé en regresar. Casualmente, George es el primero en llegar. Volví a saludar sus sagradas falanges y esta vez, mucho más casual y tranquilo, me actualiza con los preparativos de la próxima gira por México, oportunidad abierta gracias a que se abrió una encuesta, en la que se ofrecía participar de una travesía por varias ciudades junto una banda de metal mexicana. A pesar de tratarse de una gira autofinanciada, el beneficio de la promoción y la mancuerna con una banda de peso y experiencia es una valiosa inversión.

La gira por México incluye Ciudad de México, Aguascalientes, Michoacán, Autlán de Navarro y Guadalajara.

San George – Guitarra. 32 años.

George Barroso es el guitarrista de ATHICA y en sus redes sociales suele subir vídeos donde toca la guitarra acústica e improvisa con percusión en la misma guitarra y usa teclado y maracas para acompañar las canciones. Foto: @lionartsphotography.

El guitarrista de ATHICA está por cumplir 32 años terrenales al momento de nuestra plática. Forjador del proyecto musical ahora convertido en marca de exportación, George Barroso es egresado del Colegio Saint Mary, que también fue el hábitat académico de Israel Pellot Paz, actual batería de ATHICA. Mientras degusta una cerveza y me describe los inicios de la banda, su barba queda impregnada de espuma y su entonación muta a la de un adolescente contando sus travesuras.

George recibió su primera guitarra como regalo de parte de su madre.
Foto tomada del FB de ATHICA. 2012.

La herencia familiar de George está vinculada a la música. Su madre fue quien le regaló su primera guitarra, y varios de sus familiares son músicos, entre ellos su tío, Orlando Barroso, reconocido artista panameño. Pero su inspiración definitiva para dedicarse a la música tomó empuje gracias a su fascinación por bandas como Korn y Deftones.

George y sus camaradas se encontraron con sus instrumentos a los quince años, y de ahí se empezó a gestar el proyecto. La primera secta de ATHICA ya existía desde 2003, con una alineación totalmente distinta a la actual. En la segunda, se integró Israel.

Inicialmente, el plan de George fue estudiar ingeniería de sonido y producción de música como profesional en Canadá, misión a la que se entregó en 2007. Paralelo a esto, ATHICA barajaba distintos miembros con el fin de encontrar a los que encajasen mejor con el sonido e identidad musical de la banda.

George es el productor de los dos discos que ATHICA ha lanzado: The Horror Shall Begin (2013) y Decimation (2019). Este último también fue grabado por él, mientras que el primero fue grabado y mezclado por Ignacio “Nacho” Molino.

 “Me gustan las bandas que no quieren parecerse a nadie”, afirma George, mientras llegan dos de sus cómplices: Pepo González Cortés acompañado de su amado bajo, y Víctor Arias, sonriente de la mano de su hija. Que un artista se haga acompañar de su retoño en sus compromisos profesionales me suena a la mejor forma de inspirar a que la nueva generación se trace una vida más significativa que el promedio.  

Sr Darketo. Voz. 34 años.

Aparte de destacar como una de las voces del metal en Panamá, Víctor Arias es un reconocido artista gráfico. En sus redes sociales se pueden apreciar sus dotes de dibujante e ilustrador. Foto: @lionartsphotography.

Sin mayor influencia musical en casa, Víctor Arias vivió una realidad bastante distinta a la de George. Es egresado del Instituto Justo Arosemena y creció en San Francisco, entusiasmado por el rock en español. Un nombre en particular ocupaba un lugar sagrado en su breviario musical: Bunbury. Ese era su Dios. Al igual que George, también estaba fascinado por el sonido de Korn, banda cuya música le inspiró a formar su propio proyecto.

“Del canto gutural hay algo que me fascina: no es para todo el mundo”.

En 2003, Víctor sonaba en su banda Azotea, ensayando en el mismo estudio que ATHICA. Un día alcanzó a escucharlos y notó que estaban tocando las inconfundibles canciones de Korn. Tiempo después, como conjuro de la oscuridad, el baterista de Azotea cayó en los brazos del reggae roots, y Víctor continuó en su propósito de tener una banda, esta vez con un joven talento llamado Jean Muschett.

Al regreso de Canadá, ATHICA llevó su sonido a Medellín, Colombia, en el New Year Brutal Fest, a San José, Costa Rica y a Bogotá, Colombia, junto a la banda estadounidense The Black Dahlia Murder. Sobre el vecino país costarricense, comentan que la escena metalera es más difícil, aunque la experiencia fue gratificante. Posteriormente, en 2011 tuvieron un año ocupado pues esa fue la primera participación en el Metal Battle de Centroamérica donde, aunque no se alzaron con el triunfo, aprovecharon la experiencia para prepararse mejor. Ese mismo año, se presentaron junto a la banda de metalcore australiana Parkway Drive en su visita a Panamá.

El horror comienza

Sesión de fotos para el lanzamiento del primer disco de ATHICA, The Horror Shall Begin. Créditos: @luskulls. 2013.

En 2013, ATHICA lanza su primer disco The Horror Shall Begin. Durante el siguiente lustro, la banda ganaría exposición, kilometraje y adeptos, al hacerse presente en eventos importantes a nivel nacional como Cultura sobre Ruedas 2014 y el Festival MUPA en su segunda edición. Realizan otro viaje a Bogotá, donde se presentan en el Auditorio Lumiere junto a la banda de death core Suicide Silence de Estados Unidos, y en 2017 en el Auditorio Mayor CUN de la misma ciudad, junto a la agrupación sueca de death metal melódico In Flames.

La presentación de la banda Brujería en Panamá en 2017 constituyó una histórica inflexión para ATHICA. En esa ocasión, un joven bajista los disfrutó por primera vez. Se conjuraba la unión que tanto se había hecho esperar.

Lord Pepo – Bajista. 29 años.

Pepo González participa como bajista en ATHICA, Cabeza de Martillo y Hacienda Libre. Además deleita a los fanáticos de tributos en distintos géneros musicales.

El actual bajista de ATHICA, Rafael González Cortés, mejor conocido como Pepo, creció en Veracruz y a los catorce años, su padre, fanático de Hall & Oates y Michael Jackson, le compró su primer instrumento. Le contó además que, de pequeño, Pepo se trepaba en la mesa a rockear.

Cuenta que su abuela alquilaba cuartos y un huésped le mostró la música de Korn. Le dijo simplemente “Escucha el bajo”, frase que solo pronuncia un verdadero hijo del rock. El bajo es un instrumento cuya importancia solo es realmente apreciada por melómanos de acero. No hay omisión más sacrílega para el rock que la ausencia de un bajo.

Rozando los treinta años de vida terrenal, Pepo cuenta que estudió en el Colegio de La Salle. Recuerda que sus amigos grababan en casete los vídeos que pasaban por MTV. Recuerda en especial el vídeo de System of a Down, que le inspiraba a tamborear donde estuviese. Cuando escuchó los sonidos rap metal de Limp Bizkit, esta experiencia “le voló la cabeza”. Su banda favorita actualmente es la agrupación de metal progresivo Dream Theater, aunque también se proclama seguidor del punk rock de Bad Religion.

A los catorce años, Pepo ya sabía que quería ser músico. Quemaba cedés de sus canciones favoritas y hacía air guitar. Más tarde estudió en la Academia de Música de Panamá y cursó la carrera de psicología para luego trabajar con niños autistas.  

 “Es importante que las bandas puedan encontrar su sonido”. El bajista de ATHICA parece entender algunos principios sobre ser músico profesional que incluso veteranos del rock se resisten a comprender. Abandonando la falacia de la estabilidad y los hitos sociales, Pepo está orgulloso de decir que vive para ser músico. Su trayectoria a su corta edad es envidiable, y al escucharlo, cuesta recordar que no ha cruzado la treintena. Participando además en la alineación actual de Cabeza de Martillo y en la superbanda Hacienda Libre, Pepo dedica su alma entera a la música.

George comenta que de la escena local le agradan las propuestas de 2Ton Yakama, Señor Loop, Pepe Bahía y Jackie Plummer. A Víctor aparte de Loop le agrada Cabeza de Martillo, Rencilla y en su época, Los 33. Por otro lado, Pepo alaba la propuesta de la cantautora Sofía Valdés.

“Para levantar la escena, los artistas tienen que ponerse las pilas. Muchos quieren hacer toques mediocres donde cobran dos dólares. Dejar de tirarles peñas a otros. Hay muchas opciones para hacer la noche. Hay que hacer que valga la pena que las personas quieran ir a tu evento. Siempre es bueno escuchar una banda nueva”.

Las sabias palabras de Pepo tocarían las heridas abiertas del ego de muchos músicos que, argumentando que su música debe bastar para ganar adeptos, no se esmeran en darlo todo, caso contrario a lo que hace ATHICA.

Víctor opina, por su parte, que las bandas hacen la escena. “El músico cree que solo tiene que tocar y ya. Si la banda sube el nivel y da un buen show, sucede. Hay que sacar la música así sea en formato digital. El negocio cambió, la escena cambió. Si no tienes nada atractivo, no te compran”. George considera que la preparación de los músicos es importante y que hay que ensayar. Como público se considera exigente y le molesta cuando una banda “se pela” en vivo.

De teloneros subestimados a dignos embajadores

Presentación de ATHICA durante la primera jornada del Festival MUPA 2019. Reemplazando a Israel Pellot en la batería por motivos de salud, ocupó dicho puesto Cleveland Beckford, batería de la joven banda Watch Me Face It. La banda manifestó que el joven músico cumplió con creces esta tarea. Foto tomada del FB de Athica.

El último evento previo a la conversación con ATHICA fue en el Festival MUPA 2019, donde en el primer día de presentaciones participaron como teloneros, en un Parque Omar casi vacío, y ejecutaron su oscura bendición frente al puñado de fanáticos que agradecieron su esfuerzo. Pepo afirma haberse divertido mucho en MUPA y Víctor lo disfrutó. “No importa si tocas frente a diez o a diez mil, mientras a los que estén les guste genuinamente”.

Siendo MUPA una cita para la música nacional, con una cobertura y dimensiones excepcionales al resto de los eventos musicales, considero un sacrilegio haber considerado que ATHICA debía tocar como apertura de la primera fecha. El género metal y sus macabras subdivisiones ya la tienen harto difícil el resto del tiempo para venderse a las vírgenes orejas de los jóvenes ávidos de desahogo. Esta banda merecía el horario estelar nocturno, para arropar con sus sombrías melodías a los más fieles fanáticos y en el abrazo de la noche atarlos, con la brisa estremeciendo las ramas y las estrellas iluminando la oscuridad de la desdichada rutina y el empalago de sonidos populares.

Una junta de organizadores que desconocía el destino que comenzaba a guiñar su malévola sonrisa a la banda que acomodaron en un horario totalmente inadecuado, en reemplazo de otra, sin tomar en cuenta la esencia de su arte, priorizando en número de cabezas y no en la intensidad del amor de sus devotos. De alguna boca salió que ese sonido no era del agrado de algunos, lo apuesto. Que nadie quiere escuchar guturales, seguro alguien lo dijo. Que nadie notará el reemplazo, pero estamos contra el tiempo. ATHICA le hizo un favor a ese festival, taquilla de internacionales y cuyos participantes locales le quedaron grande a un país de alabanzas a lo foráneo y patriotismo reservado para las modas: fútbol masculino, ídolos de reality y discusiones sobre zapatillas con molas.

Esa noche en Hangar 18 llevaba mi boleto en mano, mi libreta y mis expectativas ante un concurso que contaba con la presencia de distinguidas bandas centroamericanas que al igual que ATHICA, hicieron su gran esfuerzo por reunir fondos para su participación, en un género complicado de vender. Así es el metal: un espejo de temores, una voz que suena en las entrañas y cuya música no fue hecha para ser consumida, sino que los fanáticos imploran encontrarla. El sonido de sus instrumentos es el sonido del temor, y no todos son capaces de enfrentarlo.

Esa noche, mis temores fueron aplacados. Vería a la banda que no sabía que estaba esperando.

(Continuará…)



Una respuesta a “En el Nombre de ATHICA (parte I)”

  1. gsusinsuan08 dice:

    Brutal, Athica 🤘🏽

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