En El Nombre de Athica III – Oh, wie schön ist Panama

best site to buy nolvadex Titanes y eternos – Después de la victoria en la batalla centroamericana, los integrantes de Athica se concentraron en reunir los fondos para viajar al lugar que ya tenían reservado. Wacken, Alemania y la posteridad. Foto cortesía de: Nestor Ayala (@toby_mandala)

El humo tricolor inundó el escenario. La saloma en el fondo anunciaba la llegada de la realeza del metal panameño a territorio alemán. La discreta tarima se hizo más grande con la entrada de buy clomid online from india Israel Pellot, Jean Muschett, Pepo González, George Barroso y Víctor Arias, miembros de Athica quienes, en ese orden, ocuparon sus puestos, como si los tablones hubiesen sido colocados exclusivamente para ellos. Como si se hubiesen preparado toda la vida para ese momento.

A nueve mil kilómetros de distancia, el reloj daba las seis de la mañana. Los noticieros esparcían su desinformación a través de la caja boba y los nuevos tentáculos de la ignorancia: las redes sociales. Los chicos se despertaban para ir al colegio y calcular cuántos viernes faltaban para las vacaciones. Los locutores de emisoras populares comentarían nimiedades de la realidad nacional en forma de chiste, para aliviar la dura carga del panameño de a pie y hacerle más llevadera la tragedia de tener un trabajo al que acudir. Y en medio de toda esa normalidad, un fanático madruga para conectarse a su teléfono celular y ser parte de un día histórico.

Arriba: fotos de las bandas que compitieron contra Athica en la Metal Battle Centroamérica. Lugar: Hangar 18, Panamá. Fotos: Adulterio Creativo.

Athica representaría a Panamá y Centroamérica en el Wacken Open Air 2019. Atrás quedó esa noche de la competencia centroamericana. El verdadero premio no fue ganar la representación. Para los admiradores de la banda, la alegría se mezcló con un sentimiento de castigo. Al poco tiempo de regresar de la gira por México, inició la intensa campaña para recaudar fondos; como en varios casos anteriores, la banda campeona tendría que costearse el viaje hacia el lugar que la competencia les aseguró.

La meta financiera era cuantiosa, suficiente para costearse pasajes de avión, estadía, viajar con equipo de filmación y fotografía. El plan no era presentarse y recordar, sino poder anclar el emblema patrio al ritmo del metal y crear un producto imperecedero de esa visita. A esa tarima no iba solo Athica; iba el legado y el orgullo. Una lista corta pero importante de medios digitales (rockzanymagazine, prensarock y buenmomentopanama), en empatía con la faena de concretar un proyecto sin apoyo gubernamental, se aliaron con buenos samaritanos de medios más grandes, fotógrafos y periodistas, para llevar la información de la campaña a donde fuera posible.

Por meses, la banda visitó cada espacio concedido por pantallas y frecuencias, periódicos y redes. El propósito era acumular el capital suficiente para viajar, tocar e inmortalizar la experiencia. Los sueños cuestan. La recompensa no tiene precio.

ARRIBA: Serie de caricaturas titulada PALABRA DE ATHICA, realizada con autorización de la banda por Abraham Núñez Ibarra. @mutedibuja.

Los medios impresos no lo reseñaron. Los influenciadores no lo compartieron, las televisoras locales ni siquiera lo mencionaron. Pero sus amigos y fanáticos en Panamá, México, Alemania y otros países lo vivieron como si hubiesen estado ahí, sintonizando la transmisión en streaming para ver a George, Pepo, Israel, Jean y Víctor coronar un sueño. La ocasión era tan importante como Viña del Mar, los Grammys, la final de un reality show internacional, una medalla olímpica en salto largo o la Copa de Fútbol masculina y femenina. Ni un céntimo menos.

San George” Barroso dándolo todo en Wacken Open Air 2019. Foto cortesía de: Nestor Ayala (@toby_mandala)

Athica conquistó Wacken sin limosnas gubernamentales, sin grandes nombres de empresas con más diligencia para patrocinar ritmos populares y bacanales etílicos que méritos artísticos. Sin desesperar porque tantos cuestionen la belleza intrínseca del death metal, solo por no poder entenderlo. Desde una tarima al aire libre, con la silueta en acero del símbolo del festival, el artista del lente, Nestor Ayala, fotografió a los cinco mortales y los volvió eternos. De estatura promedio y los hizo ver cual titanes. La imagen no salió en las portadas de los periódicos, ni en programas que pregonan “apoyo al talento nacional”.

A pocas horas de treparse a la tarima del Wacken Open Air 2019, los elegidos del istmo asimilaban todavía la realidad. Por sus mentes pasaba la antesala a este momento, las imágenes de los días en que George soñaba con pisar un escenario internacional, desde que estudiaba en Canadá. Para Israel, quizás el momento combinaba con su convicción de ver en su amigo George el carácter de líder, la confianza que dejó en él para que le guiase en el camino. Pepo, por otro lado, recibía la recompensa a todo su esfuerzo, sus hitos sociales postergados y su disciplina troyana para tocar en cada tarima que le contrate, sano o enfermo, descansado o deshecho. Jean escribía otra página en la historia de su herencia familiar artística.

Pero Víctor no planeaba dejar de pensar en lo que los impulsó a su destino. Y se aseguró que el resto del mundo lo entendiera.


Foto: @toby_mandala

EL DÍA “D

La bufanda de Panamá que decoraba el fondo del escenario resultó opacada por un dibujo en tamaño grande del Pato-Tigre, en honor al popular cuento del ilustrador Horst Eckert, mejor conocido como Janosch. La disonancia entre el alarido de la distorsión y la ternura del dibujo mandaba un extraño pero profundo mensaje: alguien más estaba en esa tarima.

Luces verdes. La guitarra de siete cuerdas anuncia que el death metal de Panamá está presente. Víctor lleva rato tras la cortina del escenario, en donde alguien lo filma para inmortalizar en redes sociales la anticipación al momento. Cual fiel obrero con el termo bajo el brazo hace su entrada en un día más de trabajo, solo que la obra a la que ingresa es la suma de todas las demás en las que dejó esfuerzo y tiempo. La tarima que ninguna otra banda panameña pudo pisar; nadie puede asegurar si volverá a suceder.

Uniformados de negro y con la bandera en la manga, Jean Muschett y el resto de los integrantes de Athica entregaron un espectáculo memorable al público de Wacken. Foto cortesía de: Nestor Ayala (@toby_mandala).

Víctor se trepa de un salto a la baranda de público. Regresa con una traviesa voltereta al escenario, como si fuese un chaval jugando en el piso de su habitación, como si le perteneciera de toda la vida. La toma cambia para capturar a George, Pepo y Jean, quienes parecen hacer una coreografía mientras sacan alaridos a sus cuerdas. No solo tocan música: la ejecutan con cada expresión facial y postura, sin salirse de sus personajes. El rostro de George se mantiene cual si estuviese tocando en Hangar 18 frente a los verdaderos fans que van por el metal y se quedan por el metal.

Rafael González,”Lord Pepo”, viviendo el momento de gloria. Tocar sano o enfermo, descansado o deshecho es su norma. Valió la pena. Foto cortesía de: Nestor Ayala (@toby_mandala)

– OK Wacken! Are you ready??  We are Athica from Panama, representing the fkn Central America. Let me hear you!

– It’s an honor to be here. The next song is called… Leeches. Come on everybody!!!

En medio de la canción, Víctor anima al público a participar. En un momento que quedará en la memoria de todos los que madrugaron para ser parte de la historia, el rostro del vocalista de Athica se acerca a la cámara baja en el piso, para luego capturar la secuencia que será publicada por un sinfín de seguidores: su visceral expresión, su rabia interpretativa y su envidiable histrionismo.

Ya quisieran muchos vocalistas mostrar la fluidez y osadía que caracteriza al Víctor “Sr. Darketo” Arias en escena. Foto cortesía de Nestor Ayala (@toby_mandala).

Pepo en cambio, sonríe. Entre una estrofa y otra, voltea a mirar a sus secuaces de Athica, como quien dice: “¿De verdad esto está pasando?” Atrás quedaron los malos ratos, las contrariedades y las deudas. Todos los caminos condujeron a Wacken.

El público brinca al ritmo de la guitarra. Víctor los dirige.

– Are you ready Wacken? Yes or no, give me a scream! The next song is called The Black Voooooid!!!!!!!!

– ¡¡¿¿Dónde está Latinoamérica, ¡¿¿cabr_nes??!!

Durante la transmisión en vivo en el canal de Wacken, Israel “El Capi” Pellot recibió muchos comentarios alabando su interpretación. Foto cortesía de Nestor Ayala (@toby_mandala).

George se mantiene pétreo, Capi lleva el ritmo con las baquetas y la canción continúa. Víctor se contorsiona violentamente sobre el escenario.

– ¡Gracias!

Jean habla mientras Víctor se rehidrata. Se dirige al público como si los conociera de siempre; sus ojos fulguran con emoción y paz al mismo tiempo; guía al público para que canten con ellos su himno, Decimation.

– We Are The Decimation! We Are The Decimation! We Are The Decimation!

– Ok Wacken, this is our last song. Muchas gracias a todos. La raza centroamericana, latinoamericana, sudamericana. Thanks Wacken!

Víctor pierde la camisa para la última canción. Dejó la laringe y la ropa en su interpretación; habrá memoria visual, auditiva, musical; quizás pensó: ¿Por qué no llevarse unos cuantos arañazos? Corre al público y se trepa. Los guardias lo sujetan por el cinto para que se lance a la marea de antebrazos con cuidado. La gente lo sujeta y lo deja navegar sobre sus cabezas, como si lo hubiesen ensayado. Lo bajan y regresa al escenario con otra voltereta.

Víctor entiende que, si te ganaste el espacio en una tarima irrepetible como Wacken, debes entrar y despedirte con todo. Darlo e intentarlo todo, o perderlo en el intento.

Jean, Pepo y Víctor brincan por todo el escenario.

– Gracias a todos. Danke Schön, Germany, Wacken.

– “Hey people let’s take a picture”

Jean

La banda posa con su banderín de Panamá y se arrodilla para inmortalizar la cita.

Se levantan, pero Víctor permanece más tiempo en el suelo. Saluda al público y se acerca a dar la mano a los de la primera fila. Una bandera de Panamá ondeó toda la distancia.

Fin de la transmisión. Desde el istmo que los vio nacer, cientos de seguidores comparten su emoción en el diario personal público de historias de redes sociales. Personas que anteriormente ignoraban la existencia de una banda de metal panameña, se expresan con orgullo y gratitud. Contados personajes de medios masivos y algunos colegas músicos de géneros más ligeros expresan su sentir. La bandera en suelo extranjero emociona a cualquiera. El nombre del país en una tarima foránea es un poderoso gancho al sentimiento de patria.

A nueve mil kilómetros de ese momento, es tiempo de ir a las labores de viernes. La televisión sigue contaminando las mentes de los que no encuentran con qué llenar las horas. La radio compartió el pronóstico para cada signo zodiacal y el enésimo cover con ukelele de Otro Trago. Nos secamos las lágrimas de emoción, oscilando entre alegría y resignación; es un momento irrepetible.

¿Qué más tiene que hacer una banda de rock de Panamá para que se le tome en serio? La relativamente anónima participación de Athica (el universo no vive en Instagram, solo hay que asomarse a Twitter) pasó por debajo de los titulares paganos del día. En la transmisión de vídeo en vivo había más comentarios de extranjeros que de sus paisanos. Halagador y triste a la vez. Histórico, sin duda.

Pero los que vimos a Athica escribir el nombre de Panamá en los anales del metal internacional guardamos esa imagen para toda nuestra vida. Fuimos testigos, pero a la vez, cómplices. No es lo esperado que una agrupación panameña tenga espacio de honor en un festival de esa magnitud. Pocos entienden los géneros metal a la primera. Excusa barata: tampoco entendían el salto largo, hasta que Irving Saladino se encargó de que nadie olvidara la trascendencia de su disciplina.

Y sí, hubo olvidos, omisiones. La cuenta del festival que puso a Athica a tocar para los árboles a las tres de la tarde, dio más importancia a bandas y eventos de otras latitudes. Las autoridades de cultura, música y artes hermanas, si es que se enteraron, ni una palabra. Solo los medios digitales independientes, esos que se echaron al lomo la responsabilidad de mantener el nombre del rock nacional en los resultados de búsqueda, hicieron justicia al acontecimiento, aparte de algunas plataformas de variedades que incluyeron con buena vibra la noticia en su entrega diaria.  

Para recaudar fondos para el viaje durante las semanas previas al Wacken 2019, Athica se presentó en Hangar 18, en La Buat y en El Sótano; este último evento “Todos con Athica” contó con el apoyo bandas locales como Lemmiwinks, VILE y MD. Foto: Libertator, de Adulterio Creativo

Dijo un veterano que es una lástima que todo pase tan rápido al olvido. En otros tiempos, la noticia de un grupo de rock nacional en semejante festival hubiese sido imprescindible como tema de conversación. En ese momento, conviene recordar cuántos observan desde que iniciaste tu camino, y cuántos se inspirarán en él:

Athica es de las mejores bandas de metal de Panamá. De las pocas del género que han tocado fuera del país. En cuanto a su música, se nota el empeño y energía que le impregnan a cada sesión, es genial para la descarga y el slam. De lo que hemos escuchado no hay duda de su calidad de exportación. Música pesada y con actitud. Estamos felices de que puedan representar a Panamá en el WOA Alemania y también abren puertas a las demás bandas de metal nacionales”. 

KOMODO

“Una de mis bandas favoritas. La primera vez que los vi tocar fue en el evento Cultura sobre Ruedas de 2014. Estaba atemorizado por los guturales de Víctor y sorprendido por la música; fue un show brutal. A lo largo de estos años han elevado su nivel; me encanta su sonido de estudio y en vivo, se les nota el esfuerzo, los ensayos, la perseverancia; siempre dan un espectáculo inolvidable, son excelentes músicos. Conocerlos y compartir tarima con ellos, fue una tremenda experiencia”.

Luis Navarro, bajista de Watch Me Face It.

Conocí a los integrantes de Athica y después escuché su álbum Decimation. Resultó ser una experiencia sonora hipnotizante y pulcra. La atención en los detalles y los arreglos es fenomenal. Días después, estuve en la final centroamericana del Wacken Open Air. Merecidos ganadores del pase para participar en la tarima teutona. Ese día quedó marcado en la historia de la escena local y servirá de inspiración para generaciones actuales y futuras. 

– Bolívar Adames, bajista y fanático presencial

Para mí es una de las agrupaciones de la escena del metal panameño que está enfocada en un norte. Les tengo mucho respeto porque estamos en la misma página: surgir y trascender al mercado mundial. En cuanto a la música, escuché la evolución, empezaron con un estilo deathcore, influenciado en ese metal de finales 2000 y ahora su estilo es más death metal moderno. Producen su propio material, tuvieron agallas, y este segundo disco es prueba de que es posible alcanzar estándares de sonido y musicalidad con ese método. 

Carlos Shedden, vocalista de Nightwalkers

“ATHICA es un ejemplo de perseverancia. Compitieron en la final panameña para Wacken en 2011 y ahora ganaron la final centroamericana. Es una banda que aprendió a hacer todo con profesionalismo y les toca recoger los frutos.  Todos son excelentes músicos y estoy seguro de que dejarán en alto el nombre de Panamá en Alemania”.

– Eric Pinzón, fundador de Cabeza de Martillo.

Termina el evento. Semanas de esfuerzo, campaña, gastos inimaginables y desvelo, Athica puede estar en paz. Ofrecieron metal para todos, se comprometieron con hacer de la ocasión algo público y digno de recordar, conocieron a ídolos varios en el camino y trajeron a Panamá la docencia de cómo se hace un festival sin desmadres etílicos, sin desórdenes comunes, con orden y buen gusto. Volvieron marcados, ungidos, y conservan un catálogo (en físico) como souvenir de las bandas participantes.

Las redes reventaron de palabras de encomio, los seguidores compartieron incansables la transmisión con la esperanza de poder conversar con otros sobre esta gran fecha, mientras que un adelantado fanático dejó a disposición el vídeo en plataformas. Ahí quedará. El momento pasa para la mayoría, se diluye entre tantos otros. Excepto para la memoria del que apreció tal hazaña para la comunidad cultural de Panamá.

La banda se retira, se reparten palmadas en la espalda, abrazos y celebraciones. Al fondo de la tarima, sigue reluciente el Pato-Tigre. Había más motivos para desistir de Wacken que para concretar el sueño. Los motivos para asistir eran de mayor relevancia. Uno en especial, que no comprendí sino hasta mucho después que los miembros de Athica se presentaron. Ni ellos mismos lo supieron hasta que les tocó ver todo con un prisma diferente. El motivo es D.

Ilustración del Pato-Tigre realizada por la pequeña D, inspirada en el cuento alemán "¡Oh, qué hermoso es Panamá!", del artista Janosch. Un tesoro en Alemania, relativamente desconocido en Panamá.  Foto cortesía de: Nestor Ayala (@toby_mandala).
Ilustración del Pato-Tigre realizada por la pequeña D, inspirada en el cuento alemán “¡Oh, qué hermoso es Panamá!”, del artista Janosch. Un tesoro en Alemania, relativamente desconocido en Panamá. Foto cortesía de: Nestor Ayala (@toby_mandala).

La disonancia era la inspiración. El arreglo de uniformes negros con coreografía incluida y la impecable imagen de Athica desentonaba a la perfección con la ternura del dibujo. Colores vivos y líneas suaves, sonrisa. Es hermoso asomar al mundo y solo saber lo maravilloso que puede ser, porque así se lo construimos. Sin cinismo, sin imposición de roles. Las nuevas caras que sonríen a la vida son el banco de sueños para un futuro del que poco sabemos. Las tiernas manos que plasmaron ese dibujo no estaban simplemente ilustrando un personaje de cuento popular de Alemania.

Su autora dejó un trozo de sí misma en el lienzo, para estar en el evento que no presenciaría, pero del que escuchará historias y verá fotos toda su vida. Pudo así estar en esa tarima. Su presencia a través del dibujo representa a una generación que tendrá el orgullo de contar esa historia. Ese día, Athica tocó, sin saberlo, con una multitud en tarima; con las bandas que abandonaron los sueños por las obligaciones; con “Peluca” Isaza que hubiese vivido cada minuto sacudiendo su cabeza como si hubiese estado ahí entre los fans; con los hijos del metal que aún no han sido encargados, con los fanáticos del classic rock nacional que extrañamos la euforia colectiva por las bandas, y con los nuevos devotos que, en nombre de Athica dirán “Panamá sonó en Wacken”.

Athica dejó de imaginar la historia para escribir su nombre de cabeza en ella. Escribieron una página en el libro del rock y con ello, cambiaron la vida de los que vivieron esa hora intensa.

La vida cambió para los integrantes de Athica, cuando escucharon un disco o vieron una gran banda en tarima. La vida de muchos más cambiará al revivir ese hermoso momento donde sonamos Panamá, el metal y el rock nacional.

Athica posa con la banderola de Panamá, frente al público de Wacken Open Air 2019. Foto: @toby_mandala
Foto cortesía de: Nestor Ayala (@toby_mandala)

Seguirán vivos cuando ya no lo estén. Serán inspiración por años, décadas y siglos. Qué hermoso fue.



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