MALEH BRANCA – Las mujeres que suenan son peligrosas

La niña que siempre supo que quería tocar batería, es ahora una de las artistas más respetadas de Panamá. Foto: mapex_drums. Foto de portada: Edgardo Quijada.

El día en que order femara George Sand (1804-1876) decidió separarse de su esposo, su vida finalmente tomó curso. El renovado propósito que planteó a sus amigos cuando todavía se hacía llamar Amantine Aurore Dupin fue “¡Seamos artistas!”. Como muchas mujeres en su época, adoptó un nombre masculino. La escritura era un mundo de hombres. De buy generic cytotec online Jane Austen (1775-1817), su sobrino refirió alguna vez que “quizás sea imposible citar otro autor importante cuya persona haya permanecido tan completamente oculta”, se cree que por voluntad propia de la escritora.

Mientras estas vidas se apagaban, su legado perduraba y la vida de la vanguardista Virginia Woolf (1882-1941) apenas iniciaba. Para el tiempo que desarrolló su obra literaria, era la única mujer en Inglaterra con libertad para escribir lo que ella quería. En cuanto a Ingeborg Bachmann (1926-1973), el arte era su religión, y describía a los poetas como muertos que no tenían posibilidad de vivir más entre los humanos. Y más reciente aún, Joanne “JK” Rowling, creadora de la exitosa saga, Harry Potter, fue aconsejada para que firmase sus libros con iniciales y no con su nombre de pila, por temor a que los lectores varones rechazaran las historias de una escritora mujer.

Ser mujer artista era (y sigue siendo) un acto de valentía, una apuesta por trascender, en ocasiones, poniendo en juego la integridad física, la salud mental y la reputación. Por siglos, las mujeres padecieron la opresión de un patriarcado que les exigía permanecer calladas en público y limitarse a sus labores de casa. Una obstinada llama que arde entre sábanas frías y biberones calientes. Imposible contenerla. Asomó en cada gran sinfonía, escultura o novela que fue atribuida a un hombre. Heroínas anónimas que la posteridad omitió. Nunca sabremos con exactitud cuánto influyeron en cada campo donde la grandeza humana dejó un legado.

Por ser artistas, muchas fueron juzgadas, insultadas o incluso asesinadas. Araron el camino, abandonaron la absurda rutina de complacer maridos y atender críos. Nadie les preguntó si ese era su deseo, o si tenían una mejor idea para una historia, una canción o una obra de teatro. Pensaron en las legiones de mujeres que en el futuro estarían en deuda con su sacrificio, imaginaron un mundo donde el arte fuese territorio de mujeres, con su atención al detalle, sus oídos pacientes, su extenso vocabulario y sus retinas aptas para ver más colores que la del hombre. Se arriesgaron para que hubiese un mundo de creadoras.

Y en pleno siglo XXI, sin que nadie se los pida, los sueños de grandeza se queman en un extraño aquelarre: una excepcional mujer músico vende su guitarra en un popular sitio web, otra incomparable genio la usa más de cama para tomarle fotos a su crío, y muchas más se convierten en una página del libro. El camino de sangre y dolor se entierra en velos de novia, reuniones con los suegros, disfraces de banales obras infantiles y silencio. Un doloroso silencio que solo sufrimos los fanáticos. Las fanáticas, en especial, que vimos en ellas la rebeldía, la actitud, los ovarios para derribar a patadas la pared donde las mujeres músicos solo son un espectáculo visual, una excepción, un momento de la historia que siempre estará en las plataformas digitales, no en el escenario.

Hasta que un día, apareció en mi televisor esa imagen: una famosa banda de rock nacional (de hombres) amenizaban un evento benéfico. Sus caras, harto conocidas, al igual que sus canciones. Pero yo no prestaba atención a ninguno. Mis ojos se quedaron en ella. Parecía una criatura caída de otra galaxia: tocaba con furia su batería, miraba de reojo a la cámara mientras seguía con sus labios la letra de la canción. Vestía con ropa sencilla, pero destellaba. Dibujaba en el aire parábolas e hipérbolas con sus baquetas, extensiones naturales de sus antebrazos. Siempre lo he dicho: los bateristas excepcionales tienen dos huesos más en sus miembros superiores, y son de madera.

En el caso de Maleh Branca, me atrevería a decir que toda ella es una sinfonía. En realidad, es una chica talentosa y dedicada a su pasión, como esas que son necesarias para la escena musical, para el arte y para la sociedad. Y como toda mujer artista, una influencia peligrosa para las nuevas generaciones de niñas, que ven en ella una inspiración para hacer algo más con su vida que cumplir los roles de cuidadora y subordinada.

Vídeo de la canción “Peligrosa” de SK, banda de la cual Maleh formó parte.
Dirección: Gabriel González y Miguel Mejía Arce

Pocas veces tengo el honor de visitar el hogar de un músico. Todo artista que ha participado en mi proyecto de crear este punto de empatía sabe que les dejo libre la opción de seleccionar el sitio de conversación. Maleh abrió las puertas de su casa a esta admiradora, en plena semana, luego de un día agotador de trabajo. Respetando la confianza que depositó en mí, puedo compartir que su hogar combina a la perfección con las dimensiones de su talento, originalidad y energía de artista. Aunque sé que no es la realidad, imagino su batería sonando por las habitaciones, haciendo temblar las cacerolas, despertando a sus vecinos y reajustando la taquicardia de quien la escuche, una triste persona que tal vez nunca ha tenido la dicha de escuchar punk.

De concordia, la espléndida luz

El estilo y energía de Maleh en la batería es reconocido por muchos de sus colegas músicos. Foto: mapex_drums

La mayor de tres hermanos, María Alejandra, mejor conocida como “Maleh”, sabía que su relación con la música era mucho más seria, pues al resto de los hijos les gustaba la música, pero ella se la tomó como una meta profesional. Cursó estudios de Mercadeo, no obstante, era innegable que su destino era otro.

Su herencia familiar posee la marca de músicos de renombre, pues su bisabuelo era el respetado maestro Federico García Vallejo (cuyo nombre fue adoptado por la estudiantina de la Universidad de Panamá), quien tocaba la bandurria. Como si fuera poco, Maleh es tataranieta de don Santos Jorge (1870-1941), compositor de la música del Himno Nacional, información que me comparte con mucho respeto hacia ese nombre, más que llamar la atención al hecho de ser ella parte de dicho árbol genealógico.

LA baterista

Maleh cuenta que tomó clases de violín desde los siete años, aunque desde esa edad le llamaba la atención la batería.

“Recuerdo que me gustaba cómo sonaba la batería en los discos que escuchaba, y a los cuatro años ya le pegaba a una pandereta. Siempre supe que la percusión era lo mío”.

Su profesor de violín, Horacio Bustamante, se dio cuenta que no le gustaba tanto el instrumento como para dedicarse de lleno a él. Ese mismo profesor, como todo maestro que se enfoca más en su alumno que en su lección, recomendó que la sacaran de las clases. Aparte de esta formación inicial en violín, tomó técnico en batería en la Academia de Música de Panamá.

A los trece años, Maleh usaba una batería electrónica, objeto preciado que consiguió después de mucha insistencia hacia su familia. Resultado: la dañó. Abrió entonces los pads, experimentando con la idea de diagnosticar el daño y repararla. La arreglaba ella misma y conectaba los cables. La necesidad es la madre del ingenio: Maleh sabía que, si este artefacto se dañaba, probablemente no le comprarían otro.

A los catorce años, muchas chicas aspiran recibir prendas o un teléfono celular; en cambio Maleh por fin recibió la batería que tanto esperó. Sin perder tiempo, formó su banda, Urania, quienes amenizaban quinceaños, principalmente con música pop rock.

A los diecisiete formó parte de la reconocida banda SK (2008) junto a Valeria Candanedo (voz), Shantal Rivera (guitarra) y Crisy Rivera (bajo). SK era una banda de punk, género que goza de una fanaticada fiel y entregada en otros países, pero que en Panamá tuvo ciertos tropiezos para convertirse en un movimiento de base sólida. Maleh comenta que los años con SK fueron una grata experiencia, ya que tuvo la oportunidad de viajar con ellas a Costa Rica (Rock en el Farolito) y grabar varios vídeos. “Estuvo brutal”, dijo sobre esta etapa de su carrera.

El disco “Peligrosa”, de SK, obtuvo reconocimiento de fans y medios en otros países. Todo un logro para el punk nacional, con el mérito de las chicas y de su equipo detrás de la música. Foto: Facebook – SK

SK no fue una fiebre momentánea. La banda grabó varios vídeos con directores reconocidos y tuvo rotación en MTV Latino y promocionaron su música en otros países, incluido España, donde recibieron apoyo y cariño; sin embargo, en Panamá, Maleh percibió que, aunque gozaban de aceptación, tal vez la atención hacia el grupo fue principalmente visual.

Vídeo de la canción “Punk Asesino“, de SK. Esta banda de punk estaba conformada por otras tres mujeres también talentosas. Muchos admiradores se preguntan por qué dejaron desolado el espacio que las necesitaba. Se respeta, se les extraña. Director: Miguel Mejía Arce.

“Maleh era la única músico real en SK y nos ayudaba mucho con la parte musical teórica. Su talento es increíble. Es la mejor baterista que tiene Panamá”. – Valeria Candanedo, exvocalista de SK. (Foto: elcuara)

“Maleh es la persona con más energía que conozco. Me encantaba la química que teníamos entre nuestros respectivos instrumentos. Era la más profesional de toda la banda. Nunca estuvimos a su nivel en conocimientos, así que a través de la creación de la música, aprendíamos de ella. La distinguía también el humor y las ganas de trabajar. Jamás faltaba a los ensayos. Su proyección en escena es muy buena, hace ver la batería como si fuera fácil”. – Crisy Rivera, exbajista de SK

Para dolor de los seguidores de la banda, Maleh fue la única de sus compañeras de SK que siguió de forma continua en la música. Las personas que conoció gracias a su tiempo con la banda le sirvieron para expandir sus oportunidades y en 2014 se unió a los chicos de Os Almirantes. Entre 2012 y 2014 tocó además con otros músicos como Océano, Leo Goldfarb y Rabanes, músicos con los que incluso participó en algunos de sus vídeos musicales.

“Trabajé un tiempo en el mundo del reggaetón. Conocí a un productor y me involucré en ese aspecto de la música. Compartí con personalidades del género y le saqué provecho a ese tiempo, pero estaba clara con que eso no era lo mío”. Foto: Edgardo Quijada.

Maleh participó en los eventos de la Teletón por unos diez años. En ese lapso tuvo la oportunidad de compartir tarima con artistas internacionales como: Gloria Trevi, Miriam Hernández, Alex Ubago, Bacilos y Aleks Syntek.

Sueños y proyectos

La joven músico quiere seguir siendo baterista, independiente, y crear su propia banda. Con 29 años y un recorrido largo y constante en la música, no dudo que lo logrará.  Considera que vivir de la música es posible, pero se necesita suerte y talento, además de establecer al inicio un balance entre trabajo y música, para luego poder ahorrar e invertir en los sueños.  

Maleh comenta que en su lugar de trabajo han sido comprensivos con su carrera. Le han permitido adaptarse para cumplir con los toques y sus colegas hasta han ido varias veces a verla tocar. No me parece extraño. Talentos como ella son de esos que indiscutiblemente se ganan el aprecio y el respeto de los que los rodean. No concibo que exista ese superior que la conozca y le niegue esa posibilidad de sonar en donde la convoquen. Incluso en nuestra conversación, sin ningún instrumento musical cerca, percibo su ritmo, su naturaleza de bestia musical.  

Este es un mundo de hombres

La banda Os Almirantes tiene el privilegio de tocar con Maleh.

Inevitablemente me veo obligada a preguntarle por la reacción general ante el hecho de ser mujer baterista. “El machismo siempre ha existido”, comenta. En ocasiones recibe una reacción que suele ser un poco incómoda: “No puedo creer que ella toque así”. A veces ve la expresión de la gente luego de tocar y se percata de esto. Pero la mayoría de las veces la reacción es positiva.

¿Por qué hay tan pocas bateristas mujeres? Le pregunto.

“Porque los padres prefieren que toquen otro instrumento (como el violín) y la batería se conoce por su escándalo. O quizás tampoco ayuda que no se suele considerar la batería como un instrumento ‘femenino’, ya que desentona con lo que la sociedad espera de ser mujer”.

Estilo

Al ejecutar su batería, Maleh le da mucha importancia al espectáculo visual, se debe transmitir pasión al tocar el instrumento. De nada sirve ser virtuoso si no proyectas lo que sientes.

Su inspiración proviene de haber estudiado a bateristas como Travis Barker de Blink-182 y Alex González de Maná.

Violín vs Batería ¿Cuál es más difícil?

  •  La batería, exige coordinación.

Conversamos sobre la situación del rock en Panamá. La opinión de Maleh me interesa mucho. Ella conoce la escena desde muchos puntos de vista. Le comparto el cinismo que reina en algunos veteranos quemados y hartos, a lo cual me responde: “El rock no va a morir: hay espacio para todo”.

Maleh admira el estilo de batería de Travis Barker, de Blink-182. En este vídeo, ella toca con el acompañamiento musical de la canción “The Rock Show”. Creo que Travis sería su fan.

Consejos de Maleh Branca para nuevos músicos:

  • Anímate a lograr algo, síguelo y ponle empeño.
  • Ser músico significa también ser responsable.
  • Para los /las que quieren ser bateristas: practicar, practicar mucho. La batería es memoria muscular. La única forma de dominarla es ensayar.

De todas las entrevistas que soñé realizar a los músicos de mi país para este proyecto, la conversación con Maleh fue una de las que esperé con más ansias. Una artista como ella está siempre ocupada, la música la convoca, la necesita. Conocer a la persona fue más que gratificante. Su grandeza suena densa en un pequeño envoltorio. De complexión delgada, pequeña pero inmensa a la vez. Lleva en su antebrazo un tatuaje con el mapa de Panamá, pero es ella quien en realidad deja su marca indeleble sobre el mapa musical del país.

En una sociedad panameña cuyas mujeres artistas, en especial las del rock, optan por volverse fondo de pantalla y apaciguar sus salvajes impulsos creadores para ajustarse a un rol que algunas perciben como obligatorio e incongruente con una vida personal, es alentador que exista Maleh Branca. Cada noche que se sienta tras su batería, mantiene trazada la vía para las que, como yo, queden pasmadas al verla tocar. No por ser mujer, sino por ser ella. La criatura que ninguna cámara logra captar sin movimiento. La encarnación de la pasión por ser músico, por hacer ruido. Algunos se asombrarán de una mujer que suene con tanta fuerza.

Yo agradezco haberla visto ese día en televisión, Jamás la olvidé. Gracias a ella me pregunto a diario, por qué las mujeres dejamos de sonar.



Deja un comentario