Monólogo interior junto a Sandrine Neyret

Nacida en Grenoble, Francia, la cantautora http://gcci.co.uk/directory/bioheat-limited Sandrine Neyret aporta su enorme talento a los escenarios panameños desde hace varios años. Para ella, la prioridad es compartir con artistas y nutrirse mutuamente de ese intercambio. Foto: Daniela Mercado.

Las últimas semanas de diciembre no son momentos para salir a lugares públicos a buscar paz. Todo el camino desde casa hacia cualquier destino implica tráfico, compradores malhumorados y falta de paciencia en los centros comerciales. Como agravante, los locales públicos se las ingenian para sonar a toda hora esas trilladas melodías que se forjaron para alegrar u ofender, por turnos, a religiosos y consumistas. Pero inevitablemente, quedamos todos en el mareo de tararearlas.

Me encantan los sacrilegios artísticos, esas obras que van en el filo de lo inocente y se asoman con la punta de los dedos a lo mundano, casi atrevido. En especial porque son esas las obras que dejan al sol nuestros autoengaños. Tenemos miedo de cantarle al amor perdido, al trasnocho de los deberes familiares, al duelo, pero sin reparos sonamos en otro momento canciones que nombran rasgos corporales como si se tratase de una lista de compras o un menú de restaurante.

Ese día, lo primero que captaría mi atención sería escuchar “Santa Baby” en los parlantes de la cafetería, canción interpretada en la inconfundible voz de Eartha Kitt. Un éxito en su momento, aunque provocó espanto a más de cuatro, por su tono inocente asomando en lo mundano, casi atrevido. Hipocresías: aunque para esa época abundaban canciones con temas mucho más escandalosos, fue la canción interpretada por Kitt la que, en ese año, sacó de sus casillas a la sociedad conservadora de Estados Unidos. 

Ese pensamiento me mareó por horas. Pareciera en ocasiones que todo se condiciona a la fuente, más que al contenido.

(¿Por qué ella no podía pedir un convertible para Navidad? Claro que puede. Ya no estamos en esa década. Ahora pueden comprarlo y conducirlo. Pueden ser ellas mismas sin disculparse. Hacer lo que los hombres han tenido el sagrado derecho de hacer toda su vida…)

Los ojos de buy nolvadex uk bodybuilding Sandrine Neyret me sacaron de mi cavilación.  Recordé entonces por qué me había enfrentado al tráfico sabatino: Sandrine apartó unas horas para conversar, insistiendo en que era importante que no lo postergásemos. Me senté a escucharla, a la expectativa de aprender un poco sobre lo mucho que ha visto y vivido; todo artista se beneficia de lo que otro que haya crecido en otro continente le puede compartir; por el hecho de tener que adaptarse a un nuevo hogar y a la vez mantenerse en modo creativo, muchas veces están en mejor sintonía con sus sentimientos.

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La canción sigue sonando en los parlantes de Athanasiou. El café solo me hace pensar más en eso.

(Ella podía tener un convertible, incluso en ese tiempo, ¿cuál era el problema?)

Tengo trece años de nuevo, edad en la que no me iba a dormir con una pregunta sin resolver. Me aparto de ese laberinto mental y me concentro en la cantautora. Su vitalidad es cautivadora, pero a la vez se expresa como si hubiese vivido varias vidas. Como un personaje de literatura que sobrevivió a una guerra y se refugia en la paz de no angustiarse por el futuro. Pero no es un personaje: es una mujer fascinante, que nació en Grenoble, ciudad al sureste de Francia, vivió trece años en España y luego, para suerte de nuestro país, se mudó a Panamá.

SN: Grenoble es un valle en el corazón de los Alpes. Cuenta con un sinnúmero de universidades. En verano hace calor porque las montañas no dejan pasar el viento.

Sandrine recuerda que disfrutaba esquiar todos los fines de semana. En Grenoble, me dice, abundan las estaciones para esquiar.

(Las mujeres pueden esquiar, buenos tiempos estos. También pueden tener un convertible azul, y un yate…y ya no hay que pedírselo a nadie. ¿Habrá pensado alguna vez en eso? Definitivamente, ser mujer artista es cumplir el sueño frustrado de las que murieron hace siglos sin serlo.)

http://www.urbanlodge.be/12609-dtf98989-site-du-rencontre-gratuit.html Sandrine Música

La propuesta de Sandrine tiene un componente que incluso cantautores que figuran en medios masivos y concursos de talentos envidiarían: originalidad.
Dibujo realizado por Abraham Núñez Ibarra.

Su acercamiento con la profesión artística inició alrededor de los dieciocho años. A los veinte, tomó la decisión de mudarse a España, buscando oportunidades de crear música. Tenía un grupo de cinco integrantes, y luego se dio la posibilidad de presentarse junto a trece artistas en tarima. Viajaban, pero Sandrine se sentía que no tenía la preparación, y era su trabajo vender la imagen de la orquesta. No era lo que quería.

Tras decidir tomar un hiato de la música, se casó y se convirtió en madre, con la llegada de Matteo. Pero con el tiempo, se percató de que el amor que dedicaba a su hijo le hacía ver el mundo a través de otra experiencia. A medida que el niño crecía, la artista reconectó con lo que había dejado, y llegaron las inevitables preguntas sobre sus próximas decisiones.

SN: Pensaba en que no lograba imaginarme en una profesión convencional, a la vez que me preguntaba: si dejo de hacer música, ¿qué voy a darle a mi hijo en esta vida? Es lo que más amo.

La vida en Panamá trajo sus propios avatares. Para seguir en su recorrido artístico, le pareció prioritario rodearse de personas que entienden que el arte es vivir emociones. Se volvió asidua de los micrófonos abiertos, en particular de la reconocida iniciativa Shh!… Open Mic, del artista y emprendedor José Yau. Esta propuesta ha logrado una aceptación importante en la comunidad musical, literaria y creativa, con un poder de convocatoria muy alentador, meritorio en una ciudad que consume miles de dólares mensuales en cine y distracciones multimedia.

Le compartí, entonces, lo que supe antes de contactarla:

MP: Estoy al tanto de tus participaciones en los Ssshh… open mic, de hecho, te encontré gracias a eso. ¿Fue por eso por lo que decidiste grabar?

SN: De hecho, sí. Tenía un grupo para presentarme en los eventos de micrófono abierto. Alguien me preguntó, “¿No vas a grabar?”.

El sujeto en cuestión le insistió que grabara. Le pasó el contacto de un amigo para concretar la propuesta. Sandrine pensó que no le costaba nada aceptar la oportunidad de conocerlo. El primer día tenían la maqueta de la canción. El disco resultó ser un producto muy personal.

“Uno como artista a veces no se lo acaba de creer. Se cuestiona, no cree en sí mismo”.

Sandrine completó la grabación, pero no se atrevía a subir el disco en plataformas digitales. Le propusieron que hiciera un lanzamiento en 2019, pero no se sentía preparada y prefirió hacer shows y presentaciones, aparte de participar en otras iniciativas como Cuerdas en el Techo. Para sus presentaciones en distintos sitios se hace acompañar frecuentemente por reconocidos músicos panameños.

Al compartir directamente con tantos músicos, la cantautora conoce mejor los procesos internos de sus colegas, mucho más lejanos que las odas a la creación que realizan en sus redes. Para muchos artistas, la decisión de presentar una propuesta de música original trae ciertos retos.

MP: Tu propuesta es agradable y romántica. Las presentaciones pequeñas permiten una retroalimentación inmediata ¿Cómo ha sido la reacción del público al presentarte en vivo?

SN: Con el público la experiencia ha sido muy gratificante, con los obstáculos que cualquier artista conoce y supera. Me siento afortunada por la experiencia de compartir mi trabajo en Panamá, pero comprendo las dificultades que los cantautores encuentran, como el hecho de tener un estilo musical que puede parecer no comercial, haciendo complicado promover sus trabajos originales.

Es un necesario espejo la experiencia de todo foráneo en la escena artística nacional; posee la autoridad para aportar ideas que permitan mejorar el panorama del que todos se benefician. Para Sandrine, el talento debe canalizarse: saber usarlo, trabajar en la presencia y el respeto por todo aspecto de la industria, vender una propuesta, mostrar responsabilidad y promoverse.

(Estamos en otros tiempos, promoverse es algo normal para las mujeres artistas. Entiendo lo que menciona sobre una obra personal, tuve ese sentimiento antes de publicar mi libro. Todavía lo tengo. Han pasado años y sigo cohibida al promover mi escritura. Si a Eartha Kitt no le perdonaron que pidiera un yate para Navidad, a muchas no les perdonarán plasmar en papel sus deseos… pero Eartha ya no vive y su voz resuena en esta cafetería que nunca conocerá. Yo quiero eso… y un convertible azul.)

Las manos de Sandrine enmarcan el ejemplar de mi libro que reposa sobre la mesa, cual testigo mudo de una historia más interesante que la que narran sus páginas. Tal vez por la familiaridad de sus anécdotas, me siento cómoda con la idea de compartirle parte de mi historia. Conectamos en ese pecado en común que todas cometemos, no importa la brecha de edad, procedencia o formación: en algún momento de nuestras vidas, dar más de lo que recibimos. En mi caso, tocó perder sin que me preguntaran, y callar dicha pérdida. En una magistral inversión de roles, mi entrevistada me atraviesa con una sencilla y válida pregunta.

Meses después, medito sobre cuánto aprendí ese día. La última conversación o entrevista del año fue además la última del tiempo previo a una larga cuarentena. Sandrine fue la última artista con la que me reuní en persona para conocerla y conversar, antes de este hiato de presentaciones. La pregunta que me hizo ese día fue más importante que todas las que alguien me ha hecho sobre mi trabajo literario: no le di la respuesta que quería, pero lo entendió y me aconsejó, como madre y mujer, pero, sobre todo, creo, como artista.

A veces pensamos que la tinta solo sale del dolor; que podremos acudir a ella para crear cuantas veces sea necesario. Sandrine me enseñó una faceta de ser artista que había olvidado: si el arte es catarsis, no puede haber autoengaños. Al día siguiente, escuché su álbum de principio a fin y entendí la historia que sus canciones cuenta. Se dibujan los paisajes de Francia que evoca al cerrar los ojos, sus amores y emociones, sus penas y alegrías y la esperanza del futuro que desea para su hijo. Envidio su osadía. Sandrine no tuvo miedo de cantar a lo vivido.

Ella hizo arte, yo escribí un diario. De ahí tal vez la felicidad en su música, ese amor en donde ríe y llora sin preocupación. Cuando se es artista, las emociones se vuelven hermosas canciones.

Yo, en cambio, vivo deseando no haber tenido que escribir ese libro jamás.

Video oficial de la canción “Gracias”, de Sandrine Neyret, que forma parte del álbum “Déjame Ir”. 2019. Dirección: José Yau.

RESEÑA DEL ÁLBUM “DÉJAME IR”

El disco de Sandrine presenta una propuesta relajada, familiar pero fresca a la vez, melodiosa, imaginativa. Va de lo sentimental a lo reflexivo. Su música transmite serenidad y calma.

Productor: Deuel Toribio. Músicos invitados: Abraham Dubarran, Pablo Governatori, Carol Marín, Leonor Lanza, Samuel Rodríguez, Jonathan González, Fernando López.

NUESTRAS FAVORITAS

Araña como Tú

Las guitarras complementan la voz a la perfección. Buena introducción, crea un ambiente en las primeras líneas del verso, para pasar a un sorpresivo coro completo con la totalidad de los instrumentos. El cambio de tempo le otorga personalidad a la canción. La voz toma otro carácter, de una historia personal a una afirmación y promesa.

Mueren por dentro

La canción no necesita nada más. La voz baila sola sobre las cuerdas de la guitarra. La interpretación es pausada, otorgándole profundidad a la letra.

Gracias

Una canción pop con todos los elementos apropiados y hermosamente conjugados. Sandrine hace merecido alarde de su amplio registro. La melodía es alegre, contagia las ganas de sonreír. La letra es romántica sin caer en lo trillado. Una canción que puedes dedicarle a quien complementa tus días con su luz.

Menciones especiales

Soñando con tu Felicidad

Respondiendo al carácter autobiográfico de este disco, no es difícil adivinar que esta pieza fue escrita desde su rol como madre. La letra parece sencilla, sin embargo, encierra un mensaje profundo.

Quiero creer en ti

De todas las canciones que componen este álbum, esta es la más especial a los oídos. Interpretada tanto en francés como en español, es un fascinante experimento. Sin tener dominio del idioma se siente sin problemas la intención de la artista. Conecta sin necesidad de traducir las palabras. Lenguaje universal.


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