NIGHTWALKERS: Metal para todos los sentidos

Describiendo su sonido como thrash metal moderno, los Nightwalkers originales datan de 2010. Sin embargo, es su alineación actual la que ha cosechado el fruto del esfuerzo y la paciencia. De izquierda a derecha: Vladimir (guitarra), Carlos (voz/guitarra), Juan Ramón (batería) y Jesús (bajo).

Una invitación a un evento acústico en mitad de semana sonaba como excusa perfecta para crear memorias; el lugar volvió obligatoria mi asistencia: campus central de la Universidad de Panamá. El hecho de ser la primera casa de estudios no implica necesariamente que en ella se ofrezca cultura. Está en entredicho si todavía ofrece educación. No habría recinto ni anfiteatro: el escenario sería un peldaño frente a la librería, mientras el público disfrutaría el espectáculo de pie, desde los estrechos espacios entre vehículos estacionados, y en la pequeña loma verde colindante con la vía principal. Los inconvenientes se olvidan cuando la intención es noble.

La noche inicia con dos jóvenes cantautores. Entre risas y aplausos, cae la noche y el tercer músico en lista ocupa el escenario improvisado, dirigiéndose a la pequeña multitud como si estuviese seguro de que lo han estado esperando. Con seguridad, pero sin arrogancia, todo un pequeño gran maestro. Se toma la improvisada cita musical con el compromiso de no decepcionar a nadie. Interpreta una muy sentida canción y propone que nos unamos a cantarla con él. Sus letras suenan tan agradables como su voz. 

Semanas más tarde, un evento de domingo entre agrupaciones varias. Pocas destacan con tanta presencia como la de un joven metalero que, junto a su grupo, logra su objetivo: diferenciarse del resto. El vocalista lleva un chaleco de mezclilla y un atuendo con el cual podría hacerse pasar por una estrella pop, hasta que se acomoda la prenda insignia de todo rockero: su guitarra eléctrica. 

Ilustración en honor a Carlos Shedden, realizada por Abraham Núñez Ibarra, @mutedibuja.

Dos sonidos contrapuestos, dos facetas, un mismo exponente. diclofenac gel cost clarify Carlos Shedden, vocalista de orchestrate http://bluegrasseventworks.com/72415-voltaren-gel-price.html Nightwalkers, entiende lo que muchos jóvenes (y veteranos) desprecian: el mayor fanático de tu proyecto debes ser tú mismo.

Conocí a Carlos antes que al resto de su banda en Manso Fest 2019. Carlos se encontraba entre el público, saludando a algunos amigos músicos y disfrutando de las presentaciones de model nizoral uk Rencilla, upgrade olanzapine cost MD y por supuesto, http://www.brandslut.net/14592-cerazette-usa.html Polyphase.

El joven Shedden posee cualidades que lo hacen sobresalir del resto: acostumbra a mirar a los ojos de quien le escucha, se expresa con fluidez y de alguna forma la conversación incluirá siempre alguna referencia a sus proyectos musicales. Su experiencia es corta pero densa: a sus 22 años, Carlos es un pequeño maestro metalero, pues aparte de dar vida al thrash metal con los Nightwalkers, imparte clases de guitarra y valora el provecho que le representó cada experiencia de viaje junto a sus amigos.

Resulta fácil entender por qué tantos desean sumarlo en colaboraciones: parece fluir entre géneros, sabe entregar el sentimiento en una interpretación acústica mientras que cualquier otra noche te pondrá los pelos de punta con sus cómplices metaleros. Simpatía, profesionalismo y, sobre todo, amor y sagrado respeto por la música. Temple de veterano en la mirada brillante y soñadora de un chaval.

No había opción para hacer justicia a la combinación que los Nightwalkers encarnan, que compartir una cena en un sitio que representa el punto de encuentro entre excelencia y sencillez. Nada mejor para romper el hielo y crear una atmósfera relajada de conversación que una pizza.  Un horno de barro al fondo de la cocina del restaurante where can i order clomid online Stizzoli se encarga de que la masa quede a la perfección. Cualquiera puede cocinar una pizza, solo un artista culinario crea una experiencia sensorial: colores apetitosos, el sonido de la masa delgada y crujiente, el agradable experimento de sujetar un pedazo sin las desagradables gotas grasosas de otros locales baratos, el aroma tentador y el cierre perfecto ante la explosión de sabores. El tamaño no es para llevar: llega a nuestra casa, disfruta de toda la experiencia en nuestra casa.

Así son los Nightwalkers: consideran valiosa cada oportunidad de compartir con el público, pero reservan el calificativo de “un toque de Nightwalkers” para el espectáculo completo que preparan. Shedden insiste en que no has conocido su banda hasta que no vives el show que ellos consideran suyo. Meticulosos, disciplinados, perfeccionistas. Es de esperarse que su producción discográfica tenga entonces un largo período de gestación, y que su discografía disponible en las plataformas tenga un EP hecho con dedicación. Como las pizzas especiales que pedimos para conversar esa tarde de domingo.

“Queremos viajar nuevamente. Nos volvieron a invitar al Tianguis del Chopo en México, para su trigésimo quinto aniversario, pero el factor económico pesó más y no pudimos asistir”.

Carlos comenta las anécdotas de viaje de la banda, mientras su rostro refleja una calmada frustración: comprende las vicisitudes de ser artista y tener la voluntad de sembrar sueños en otras tierras. Parece estar dispuesto a todo por su banda. 

buy cheap generic Deltasone online Enfrentando sus miedos

Por esa voluntad se abrieron oportunidades como la gira por Cuernavaca, Guadalajara y Ciudad de México en 2016. Vladimir comenta que, para ser la primera experiencia, fue como un abrir de ojos, ya que no se habla de los inconvenientes que surgen a la hora de viajar hasta que lo vives. Mientras que Juanra explica que “En México hay necesidad semanal de escuchar rock. Acá en Panamá existía Cultura sobre Ruedas y otros eventos, pero México todavía es más abierto a todo género”.

Más que músicos profesionales, jóvenes con un recorrido denso en sus cortos años de carrera. A leguas se nota que pasan una considerable cantidad de tiempo trazando el camino para conquistar el mercado metal (o crearlo si es necesario). Apenas las pizzas tocan la mesa, puedo permitirme conocerlos más allá de las guitarras eléctricas y entender su verdadera esencia y motivaciones.  

Video de la canción Nitrogenesis, primer sencillo del nuevo álbum. Dirigido por Ludim Nathaniel.

CARLOS SHEDDEN DE SEDAS.   22 años. Voz/Guitarra.

La historia de muchas bandas inicia en una amistad de colegio. Vlad y Shedden se conocen desde sus días de estudiantes en el Colegio Episcopal San Cristóbal. El hermano mayor de Shedden toca el bajo y su tío grababa voces en discos para muchos artistas en España, donde vive en la actualidad. La música es parte de su herencia familiar.

El pequeño maestro – Carlos Shedden se confiesa metalero, sin embargo posee un extraordinario talento para la interpretación de otros géneros más suaves y participa en colaboraciones con otros artistas. Foto: Edgardo Quijada.

A los diez años, Carlos audicionó para tocar en la orquesta de su escuela. No pasó la prueba, pero cultivó el amor por la guitarra, instrumento que su hermano le enseñó durante meses. Le gustaban distintas bandas, entre ellas Megadeth y disfrutaba escuchar las canciones de opening y salida de los animes, en especial canciones de bandas como Linkin Park mezcladas con estos temas.

VLADIMIR PARDALES. 22 años. Guitarra.

Guitar Hero fue más que un videojuego para Vlad. Este pasatiempo tuvo mucho que ver en su decisión de dedicarse al arte. Lo expuso a bandas que no conocía, y a la larga se convenció de que la música era un aspecto de su vida, más que una afición.

“Para mí, la música como afición no existe. Es lo que tengo que hacer”. Vladimir.

Foto: Edgardo Quijada.

El guitarrista de Nightwalkers aprendió a tocar a los once años, en un curso de la Academia La Nota. Acudía a los sábados de música con el profesor Earl Greaves, quien le ayudó a aprender dirección, dinámica y apreciación. En su casa la música rock no sonaba, en cambio se escuchaba salsa y lo consumible del momento. Le gustaba Aerosmith (Toys in the Attic en especial). Tocaba la tuba, mientras que Shedden se dedicaba al barítono/eufonio.

Ambos amigos probaron a varios bajistas, y su amigo Josué Olivero era el baterista. Tocó por dos años con ellos y abandonó el proyecto en 2012, pues quería tocar algo más pesado; se fue a Clementine, banda de post-hardcore en la que participaba su hermano Erwin. Así que cuando tenían presentaciones y mientras encontraban la pieza faltante definitiva, contaban con la ayuda de su amigo baterista, Kevin Moreno (también baterista de Crudas Promesas).

JUAN RAMÓN RODRÍGUEZ. 25 años. Buenos Aires, Argentina.

Juanra llegó a la actual alineación de Nightwalkers gracias a la recomendación que su amigo David hizo a Shedden. Estudió percusión clásica en el Conservatorio y trabajó un tiempo como instructor de música de la banda del Instituto Técnico Don Bosco. Ensayaron juntos y la química fue inmediata.

Las influencias de Juan Ramón incluyen a Brann Dailor, Mike Portnoy, Abe Cunningham, Chad Smith, Steve Judd, entre otros.

La madre de Juanra es profesora de piano y le enseñó las dificultades de ser músico. A los once años no tenía planes de dedicarse a la música, aunque ya escuchaba Los Beatles y disfrutaba la música de Juan Luis Guerra. El anime le expuso a la música de Linkin Park, y también fue parte de la generación que conoció el último retazo de música transmitida por la cadena MTV. Su abuela, de nacionalidad argentina, optó por exponerlo al folklore argentino y a que aprendiera a tocar un instrumento. Sugirió además que lo matricularan en clases de piano por tres semanas.

Mientras intercambiamos impresiones sobre las pizzas, el baterista de Nightwalkers me cuenta sobre el bombo legüero, instrumento que considera un gusto adquirido. Juanra se percató de cómo este instrumento afecta la rítmica de la música y cómo se apoderaba del rol de tener el tiempo. Poco después le dijo a su madre: “quiero estudiar percusión”, y esta lo apoyó, siempre y cuando mostrase dedicación. Fue entonces al conservatorio y decidió que ser percusionista era lo que quería hacer. Para ese tiempo, Juanra escuchaba agrupaciones como Paramore y Linkin Park. “El rock lo fui tanteando”. Lo invitaron a un show de talentos del Instituto Técnico Don Bosco y al rato le ofrecieron el trabajo de instructor. Intentó sentirse a cabalidad con la misión, pero concluyó que su fuerte no eran las palabras. Antes de pertenecer a Nightwalkers, formó una agrupación, Sonor Storm (Juanra, Orlando y José) que fue su iniciación al rock. Tocaban covers, y Neneco Lara (guitarrista actual de Watch Me Face It) tocaba la guitarra.

El Camino a la Realidad

Junto al bajista previo (Orlando), formaron oficialmente Nightwalkers y lanzaron el EP, el vídeo e hicieron la gira por México. Pero en 2017 Orlando se fue a estudiar a España. Los planes de grandeza tenían que esperar.

“Esto es serio, no de fin de semana”. – Carlos Shedden.

La salida de Orlando fue un golpe, dado que se sentían cómodos con él. No obstante, siguieron con el proyecto y encontraron a Jesús, a quien consideraron apropiado, por su perfil de compromiso. Jesús llenó las expectativas de todos y como valor agregado, apoyó en la parte administrativa con ideas de organización para la banda.

Aparte de ser bajista, Jesús Araúz de 22 años, toca mejoranera. Sus principales influencias provienen de la música latina y folklore, más que rock.

Mi Victoria

En Colombia, el dueño de una promotora buscaba bandas de Panamá que sonaran bien. La banda Harvest ya había visitado el país, abriendo así la puerta del promotor para mirar a Panamá. Los Nightwalkers fueron invitados para agosto de 2018: visitaron Cartagena, Río Negro, Pereira, Santa Rosa de Cabal. La gira duró una semana. Ganaron experiencia sobre la dinámica de las giras y compartieron con bandas de Colombia y Ecuador.

“El público de Colombia es más metal. Nightwalkers suena suave comparado a lo que en Colombia se toca”. Los chicos aprendieron sobre la logística que se aplica en Colombia y es impresionante; “Panamá debe aprender que las edades no importan. Había fanáticos hasta de cincuenta años en los toques, disfrutando como parte del público”.

Terminada la pizza, los Nightwalkers conversan sobre la anhelada publicación de su disco, grabado en JCS Studio y que consta de once canciones. Una vez lanzado el disco, desean viajar y promover su trabajo. Este logro representa la culminación de años de práctica, crecimiento interno e inspiración. Añadido a esto, hay una palpable madurez musical que desean aprovechar.  

Del disco EP vendieron todas las trescientas copias entre Panamá, México y Colombia. Según Shedden, el mercado de publicación independiente germina, pero las disqueras tienen una estructura. Es un sistema mucho más confiable y sería lo ideal para los artistas que carecen de recursos.

M.P.: ¿Cuál ha sido su mejor experiencia como banda?

Juanra: la banda en sí. Los eventos sucedidos desde mi llegada a la banda hasta la fecha; tocar con el grupo es simplemente lo que más disfruto.

Jesús: Saurom y la fonda mística en Risaralda, Colombia.

Vladesos momentos de los ensayos, cuando todo funciona. Son esos momentos los que dan luz a una posible canción.

Carlosla oportunidad de visitar otros países con nuestra música. El esfuerzo de grabar e invertir para llevar el arte a otros países y ganarse el aprecio de otras personas es gratificante. Y más cuando la disfrutan tanto que te piden que regreses pronto.

Las buenas experiencias también incluyen tragos amargos intercalados. Carlos me comparte lo desagradable que fue trabajar con un promotor que, después de un exitoso evento, se negaba a pagarle a la banda, argumentando que la ganancia no era suficiente.

M.P.: ¿Qué se necesita para que el metal gane más aceptación/respeto/afición, etc.?

Jesús: Sería prudente convertir el género en algo habitual que permita apreciar el talento de los músicos. Es además trabajo de estos últimos ofrecer una buena proyección escénica y no tocar dejando todo el protagonismo a la distorsión y golpes arbitrarios de los platillos.

Juanra: inculcar cultura en la sociedad es algo que conlleva tiempo, y se debe esparcir lentamente para que eso lleve a su eventual aceptación. El metal es música que representa mucho de lo que la sociedad actual considera negativo. Se vuelve cuestión de paciencia.

Vlad: que el metal alcance suficiente auge en el sonido mundial. Panamá tiende a ser un reflejo de tendencias regionales diversas.

Carlos: difusión de la música en los medios masivos. En Panamá se podría pensar que nunca llegó el rock para la televisión, porque rara vez ocupa las pantallas. Teniendo la herencia de tantos grupos exitosos de distintos subgéneros del rock, como Océano o Instinto, que en su momento ocuparon medios masivos, parece que esto ha perdido relevancia. También se necesita música con mejor producción. Competimos con una gran cantidad de estilos musicales cuyo sonido es moderno y fresco, caracterizado por sonidos digitales. Es importante que el metal se mezcle con sonidos actuales para hacerlo atractivo al oído. Esta es una pieza faltante en nuestros metaleros nacionales.

Un verdadero artista hace de cualquier esquina su escenario. Carlos Shedden en su presentación acústica en la Universidad de Panamá en abril 2019, en el escalón detrás del Paraninfo Universitario.

La conversación hizo de la cena una grata experiencia. Terminada la cena, los comensales que permanecen en el restaurante revisan sus teléfonos y toman fotografías de los platos intactos, sin intercambiar palabra con sus acompañantes. Hay experiencias que solo pueden darse en un momento y lugar. Ya nadie quiere salir de casa. El plato puede llegar a nosotros con un clic, pero la experiencia no es la misma.

Puede decirse lo mismo de la música. Está en todas partes y en ninguna. Escuchar a Nightwalkers en el auto mientras hacía el recorrido de regreso a casa fue placentero, sin embargo, esa no es la experiencia que sus músicos idearon al concebir esas canciones. Tal vez pueda cantarlas en casa, o caminando hacia el trabajo. Ellos lo agradecen, pero prefieren que los fanáticos los vivan en persona: entre los olores de la noche, el sabor del lúpulo, el abrazo grupal entre seguidores del thrash metal, la comunión entre distorsión y percusión, y los ojos brillantes de Carlos Shedden, contemplando frente a él al público que los aclama, y a lo lejos, enfrentando sus miedos y forjando su camino a la consagración, a la realidad que siempre soñó.



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