RAFAEL QUINTERO – Sueños de su puño y tecla

Rafael Quintero es originario de Barinas, Venezuela. Foto cortesía de Rafael Quintero.

Todos necesitamos un hogar. Abrir una puerta y respirar paz. Dejar a un lado las máscaras, los libretos, ser uno mismo y sentirse a gusto. Estar en silencio y sin ser forzado a fingir sonrisas. Descuidar los modales, las poses, la etiqueta. Abrazarse al descanso o a la contemplación, y hacer del hogar algo mejor; trabajar para el hogar es trabajar para uno.

Todos merecemos una familia. Mirarse en los ojos de quien te acepta cual eres. Con todo y ese lunar, esa muletilla o esa página del libro abierto en que se convierte tu vida cuando apuestas por una amistad. Familia no es sangre ni linaje. Familia es ese abrazo cuando no lo pediste y lo necesitabas, ese mensaje inesperado para verse y compartir la mesa, esa palabra extra en el diálogo de todos los días. El par de oídos que no exigen justificaciones, ni argumentos para quererte. Nos une un tiempo corto en una densa emoción, o una cadena de momentos intercalados entre los años, las excusas, pero cuya historia siempre sigue donde antes quedó.

Todos somos dignos de amor. El que no exige, sino que agradece. El que puede verte con los ojos cerrados, olerte sin tocarte y escucharte al leerte. El que te dibuja una sonrisa y aplaca dolores. El que no te encierra en un molde, sino que abre más los brazos para acogerte en ellos. El que puedes expresar en público sin que te corra un escalofrío por la nuca ante la ignorancia y el temor de los demás. Un amor digno de respeto, lienzo para los sueños, derecho universal. Soñar con una vida, con amor, familia y hogar. 

La Feria del Libro es la nave nodriza de los escritores aficionados, las plumas veteranas subestimadas en su propia tierra y los fanáticos de historias. Entre la masa de visitantes que acuden a la gran cita literaria se reparten algunos con una sana curiosidad lectora, otros que desean compartir un rato agradable con sus seres queridos, y algunos por aplacar culpas de consumidor de series y salir orgulloso con un libro en las manos. También asisten quienes ignoran el valor de los buenos libros y forman fila para tener de cerca a algún personaje de televisión o al youtuber del momento, que, con sus fiebres temporales, inundan el evento con la clase equivocada de consumidores, o eclipsan los verdaderos encuentros culturales, en el único momento del año para que el libro y el escritor nacional sea protagonista.

Para los escritores, lo más valioso de la cita anual son los encuentros. Volver a compartir con los hermanos de letras, saludar a los lectores y cruzarse con viejas amistades, o en medio de la zona segura para hablar todo el día sobre héroes, tramas y autores, introducir a nuestras vidas ese raro hallazgo: un nuevo amigo lector/escritor, con el cual se siente una chispa inmediata. Así fue mi primer encuentro con Rafael Quintero.

SUEÑOS

Rafael nos recibe en un departamento, un sábado en la tarde, para conversar sobre su faceta de escritor y su vida antes de Panamá. Nos saludamos tan efusivamente como siempre. Su frondosa barba casi no deja ver su hermosa sonrisa y su mirada pícara. Por un rato imagino cuánta desilusionada habrá dejado en el camino: atractivo, sensible, culto y con un sentido del humor que destruye cualquier rato incómodo.

Ha pasado poco más de un año desde el inicio de nuestra amistad. La conexión fue inmediata; fuimos presentados por un gran amigo en común, uno de esos seres con talento para ver a las personas como piezas de una misma historia que aún desconocen. Conversamos sobre temas adultos y sobre los asistentes a la feria. Continuamos nuestra amistad con encuentros aislados y mantuvimos el diálogo. Antes de cumplirse el año de conocernos, Rafael me honró con la petición de que fuese la maestra de ceremonia de la presentación de 26 lágrimas de luz, una obra presentada originalmente en febrero 2019, que reúne poemas de escritores panameños y extranjeros en una sola publicación, bajo el ala paternal del poeta Salvador Medina Barahona.

“El plan siempre fue publicar un libro”, cuenta Rafa, mientras me sirve un trago y me presenta a los cachorros de la casa. Nos acomodamos en el balcón frente a la vista desde un vigésimo piso. El Corredor Sur lleva de ida y vuelta a los estresados conductores, en su afán de llevar a los niños a cualquier sitio para distraerlos, o de terminar las compras del fin de semana. Nadie parece tener paciencia, ni el del auto más discreto y sencillo, ni el de la camioneta de lujo cargada de paquetes. Todos tienen que ir o regresar, no hay tiempo. Bajo el balcón, junto al edificio, una residencia familiar, un aparato de juegos en la cara lateral y una piscina con agua de aspecto limoso; muebles de patio que parecen no haber sido usados hace décadas, y en la casa, todas las luces encendidas en plena tarde. Cada uno, en su guarida, tal vez con su propia pantalla.

Esa no fue la realidad para Rafael y sus hermanos en su natal Barinas.

HOGAR

CASA DE LA CULTURA NAPOLEÓN SEBASTIÁN ARTEAGA. Anteriormente usada como cárcel, este edificio era una estructura que quedó sola y deteriorándose. Hasta que el gobernador José Octavio Henríquez la destina para asiento de la Casa de la Cultura por considerar que la otrora cárcel de Barinas era un edificio de “clásica arquitectura colonial que guarda retazos de la historia venezolana en el recuerdo de un pasado glorioso”. Fuente: iamvenezuela.com. Foto: Marinela Araque Rivero.

El benjamín de los cinco hijos de su madre y el penúltimo de su padre. A las cinco de la tarde, era la hora del café, y si se desataba un pleito entre los hermanos, se plantaban a ver El Chavo del Ocho. Chespirito, vivo o muerto, sigue uniendo familias en América entera.

Eran los tiempos antes del chavismo. Todas las celebraciones familiares se hacían en la calle. Rafael bebe un café y observa los autos. Han pasado cuatro años desde su llegada a Panamá. La escritura fue parte importante de su proceso catártico y de adaptación a su nueva condición de inmigrante.

FAMILIA

“A los tres meses de llegar acá, me contaron que un familiar mío había muerto en Venezuela. Días después, salí a buscar con quién conversar y distraerme”.

Su decepción fue inmensa al ver que no encontraba a las amistades que hasta el momento había hecho. Ahí supo que estaba solo. Después de haber dejado su hogar en Venezuela y un trabajo cómodo de analista administrativo para una telefónica, había un lugar que no era su hogar, y personas que no eran amigos.

ANTOLOGÍA – El libro 26 lágrimas de luz se presentó el 14 de febrero de 2019 en la Alianza Francesa. Rafael Quintero fue uno de los principales motores para la promoción y difusión de la obra. Foto: noticias7dias.com

Mueren sueños en cada pétalo que cae.

El tiempo ha sido un asesino con plusvalía
en mi deseo de avanzar: un mundo mejor,
añorado en mi niñez.
El peso son los días tristes llevados en mis hombros.

Alejado de quien disecó mi juventud,
entierro mi cuerpo en aquel último pétalo. – RQ

Con el tiempo se involucró en una relación sentimental que terminó, para bien. Ese último paso le permitió drenar sus emociones contenidas en la escritura. “Estaba solo, había mucho que contar”. Como ocurre con frecuencia para muchos artistas, su verdadera bestia creativa se desató tras la ruptura. Inició en el ejercicio escribiendo novela. Cuando le tocó someterla a revisión, tuvo la oportunidad de conocer a Salvador Medina, para la revisión de la publicación digital de su obra Alexander, prometo no morir de Sida. Pero su encuentro con el laureado poeta panameño fue la ignición para alumbrar el camino de la soledad hacia la poesía.

LÁGRIMAS DE LUZ

MP: ¿Cuál es tu mayor inspiración para escribir?

RQ: La nostalgia. Me hace escribir para drenar.

La iniciativa de cuatro meses de trabajo del taller PROFE (Programa de Formación de Escritores) dirigido por Salvador Medina, en su segunda versión, reunió a escritores veteranos y aficionados para concretar una meta: pulir sus habilidades creadoras y al final, dejar plasmado para la posteridad su esfuerzo en conjunto. Al iniciar el taller se les preguntó: “¿Qué desean para el futuro?” Todos coincidieron en que querían publicar, desde el día uno. El proyecto final sería un libro.

El sueño se concretó. Al ver el libro impreso por primera vez, su reacción inicial fue risa, lo procesó y luego, como todo escritor publicado, entendió que nunca es lo mismo digital que impreso. Tener la obra en las manos fue una experiencia única. Luego de tener esa satisfacción, Rafael afirma que se ve a sí mismo escribiendo por largo tiempo y que planea publicar otra novela.

El nombre del libro surge de un poema escrito por uno de los participantes, quien contó una historia sobre la pérdida de un hijo y leyó el poema frente al resto del grupo, dejando a todos emocionados.

Ven, coge un adiós de la mesa y púnzalo aquí en mi pecho.
Al lado izquierdo si prefieres.
Desgarra mis ganas. Quita el rastro
de sonrisa nauseabunda,
miel venenosa
que aún habita en mí.
Solo déjame algo que pueda deshilar,
algo para habitar en ti estas noches.
– RQ

AMOR

Al momento de redactado este artículo, Rafael Quintero funge como presidente de la organización Convive Panamá, que apoya a las personas LGBTIQ+. Esta agrupación fue una nueva oportunidad para conocerse a sí mismo y crecer.

Siendo el arte, además, un espacio seguro para dejar salir la propia identidad y apoderarse de todo escenario disponible, Convive parece haberle dado a Rafael un terreno donde cultivar los detalles finales de su lanzamiento a la carrera de escritor profesional. Antes de ser publicado en 26 lágrimas de luz, ya su nombre era conocido por grupos de poesía, lectores y asiduos participantes de los micrófonos abiertos.

Pasados meses de su llegada a Panamá, Rafael había asistido a varios micrófonos abiertos, talleres y seminarios. Después conoció a la organización. Eso le dio una perspectiva de lo que le faltaba para mejorar su ansiedad e inseguridades. Hizo buenas amistades y sus tres mejores amigos, a quienes considera su verdadera familia, lo apoyan.

La organización Convive Panamá es una entidad sin fines de lucro, orientada a mejorar la calidad de vida de las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI), empoderarlas para el reconocimiento y respeto de sus derechos, y promover espacios libres de discriminación por orientación sexual e identidad de género. Cuentan con programas de orientación a empresas, educación, actividades en comunidad y grupos de apoyo.

Rafael sabe que ha tenido suerte: encontró un nuevo hogar en la poesía, y una familia entre sus amistades. Algunos de sus compatriotas se desgastan injustamente en algún trabajo abusivo y de mala paga, para poder enviar apoyo a sus familias. Otros, en mejor condición, han logrado establecerse con sus seres queridos en Panamá, no sin antes empezar de nuevo, abandonando sus antiguas profesiones y dedicándose a labores mucho más discretas, por el absurdo de las leyes que menosprecian la utilidad del talento extranjero.

Al compartir espacio y tiempo con otras personas LGBTI, Rafael se percata del descontento hacia las injusticias, aunque también se emociona por las actividades en pro de los derechos de las personas.

El joven poeta parece feliz en este nuevo hogar, con su nueva familia literaria y de principios. Le pregunto sobre los contrastes entre el país bolivariano y nuestro istmo con autoestima hipertrófica. Una sola palabra: libertad.

“En Venezuela, no pensábamos que íbamos a pasar por esa situación política actual. Es algo que mi generación no esperaba”.

Rafael Quintero

Comprendo lo que expresa, muchos de los que no vivieron la situación de la dictadura en Panamá, la crisis posterior al golpe militar estadounidense o cualquier otro de los momentos grises de la historia patria, ignoran cuán afortunados somos.

Personas como Rafael son las que nos hacen recordarlo, pues a pesar de no poder concursar en ninguna competencia de escritores en Panamá y de no tener las facilidades para concretar y difundir en formato impreso su trabajo individual, supo valorar la oportunidad de una influencia constructiva como la de Salvador Medina Barahona, y aprovechó cada espacio posible para expandir sus conocimientos y aportar a elevar los del resto.

Consejos de Rafael Quintero para nuevos poetas:

  • Leer
  • No tener miedo de mostrarse
  • En el proceso de leer, hay que aprender cómo se hace. Respetar el proceso de edición, corrección y el resto. Pero hay que atreverse a publicar. El trabajo nunca va a estar completo.

La tarde muere tras la geométrica arteria, el Corredor Sur, todavía dando cuerda a los miles de ciudadanos apresurados, estresados por gastar, pasar el rato y regresar. Esos que no tienen tiempo para disfrutar la libertad que los extranjeros admiran tanto de Panamá. Esa que damos por sentado y de la que abusamos. Nacer en el país que será siempre un hogar, junto a una familia que te acepta y con el amor que todos merecen.

Regreso a casa y observo a las parejas expresando su afecto en público en un parque. Una chica abraza y besa a su novio frente a un hombre que juega pelota con su hijo, y una mujer que pasea a su perro. Nadie opina, nadie se ofusca ni se vuelve juez para apuntar a los amantes. Se casarán, tal vez, y nadie opinará impertinencias, como que su matrimonio es menos importante si no engendran, o que su estilo de vida es un mal ejemplo a la niñez. Nadie les pedirá que se conformen con un testamento o un contrato para heredar sus bienes; estarán casados, se sobreentiende que tendrán esos beneficios. Podrán criar hijos y no habrá nadie escudriñando si se besan frente al niño o si ambos son modelos para él. Podrán lograr sus metas sin tener que solo soñar. Soñar con una vida, con amor, familia y hogar. 



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