SU MAJESTAD LEONTE – I

periactin cost El patio trasero de la Academia Balboa parecía un campo de batalla. En un extremo, una fila de preescolares marchaba alegre, en una cadena de pequeños eslabones de manos, hacia una piscina. El maestro les advertía que esperasen a su señal para cruzar la calle. Al otro lado del mismo patio, un partido de fútbol se disputaba entre adolescentes bajo el pleno sol de febrero.

Considerado por fanáticos y colegas como la mejor voz del rock panameño, de todas las facetas de artista, Leonte se identifica primero como músico.
Dibujo realizado por José Miguel Andrade. Técnica: fotorrealismo.

zithromax liquid price Sin mayor diferencia, chicas y varones se pasaban el balón y vociferaban nombres para exigir que les dieran su oportunidad de brillar. El árbitro solo se preocupaba por verificar que no hubiese jugadas sucias ni faltas a las reglas del juego. El fútbol es un baile: algunos hacen un ballet de puntillas y calcáneos, unos se incrustan en el suelo, otros vuelan. El partido siguió y, entre risas y gambetas, era difícil descifrar si se distribuían en equipos según género, tamaño o preferencia musical.

purinethol canada Esta última sería un tamiz interesante. El deporte es la música del cuerpo, y la música hace que todo el cuerpo se exprese distinto, incluso cuando no la escuchas. Walk this way, talk this way. A veces juego a adivinar la clase de música que escuchan las personas, solo con verlas caminar o usar ademanes mientras conversan. La salsa les da un ritmo alegre a los pasos y los amantes del género parecen sacudir maracas con sus gesticulaciones. El rap (y todos sus hijos ilegítimos) se asoma cual extraña convulsión al enfatizar un punto en las discusiones, y cuando lo amerita, sus seguidores citan fragmentos de canciones para criticar algún atropello al oprimido, o para hacer un cumplido en el momento menos apropiado. Y del reggaetón hay una extraña situación: algunos de sus seguidores se rehúsan a hablar de él, mientras que otros, dada su triste realidad de no haber caído en el embeleso de una guitarra, sucumben al aturdimiento de un auto-tune y demás artificios. Y no hay música en sus mundos.

antivert price En cambio, el rock toma por completo a sus ungidos. El rock te dará una señal para que, entre hermanos se reconozcan. Un huracán pasará por tu habitación y pintará las paredes, la ropa y tus hábitos de sueño. Te da un nuevo vocabulario y una comunidad con la que discutirás sobre quién es el rey de cada instrumento que lo conforma. Una distorsión acaba con toda la realidad previa, una línea de bajo hace evidente que el pulso existe en otras partes además del cuello y las muñecas, y una voz, si es la voz destinada a hacerlo, te aturdirá cualquier dolor, te dará una excusa para gritar cuando no te dan permiso de hacerlo en la escuela o la iglesia, te dejará golpear y patear, sacudir la cabeza y chocar la glabela contra las imposiciones.

modalert usa Las grandes creaciones del rock tienen huellas somáticas: una guitarra endiablada te deja mudo con un solo, de esos tan largos como un juego previo antes de las notas altas. Un fill de batería que no te dio tiempo de acomodarte y te sacó de ritmo el nodo sinusal, bajó a tus pies y luego se apoderó de tu cuello, como si un animal prehistórico te sacudiera hasta sacarte las inhibiciones de casa y, sin saber cómo, te apretó las mandíbulas y te cerró los ojos. Tú estás golpeando esa batería por unos minutos y cuando todo termine, serás otro. Y una línea de bajo es como un murciélago: tricor uk no lo escuchas, pero al sentir su presencia sabes que es de noche. Cuando tienes la bendición de apreciar un bajo, ves el cuadro que nadie entiende: el conjuro suele armarse encima de sus cuerdas.

alizee usa tour Pero suena una voz. Y tiene que darlo todo. Las melodías de guitarra son infinitas. Las cuerdas no. Y en el verdadero campo de batalla, el escenario, la guitarra rara vez puede sola: lleva un amplificador, unos cómplices pedales, y un reemplazo, por si no le queda una canción. Pero la voz, esa voz, va con un micrófono, una bebida y una lista de colores. Sin ella, se acaba el rock.

waklert buy uk Hay bandas que sobreviven a cambios de voz. Que lo necesitaban, o que se resignaron a lo que les tocó. También las hay cuyos instrumentos son tan potentes que da igual qué garganta los acompañe. Voces con un color inconfundible, porque es lo único que dan. Solo se saben un color. Rojo de rabia, te entiende y crea otro mundo para irte con él. Las habitaciones son pensamientos, sonidos. Amarillo de emoción, corta pero eterna; ganas de escapar, lejos. Anaranjado, fuego y lava, por momentos compitiendo con la guitarra, a ver quién sobrevive, porque soy inmortal, invisible a todo lo real. Y azul, ¿qué me importa el mundo a mí? Puedo volar.

empagliflozin dose uk Qué sería del rock si tuviese un camaleón…

relafen price Acto 1 – Sácalo

benicar walmart price Puedes saber mucho de una criatura si revisas sus espacios. Hay algunos que son harto delatores: el auto, los bolsillos, las uñas. Manejar un auto modesto, pero tener un reproductor de música con pantalla en el tablero: los músicos preferirían conducir con tres ruedas en vez de manejar sin música. Del bolsillo le cuelgan veinte llaves distintas y una identificación. Ofensivo en mi opinión. Pocos nacionales califican para no necesitar un vil plástico que les recuerde a los mortales quién es. Él no estaría de acuerdo, entre más desapercibido y menos cumplidos, mejor. Los verdaderos grandes siempre se sienten pequeños. Y en el espacio trasero, oculta cual amante furtiva, está ella. En su caja color marrón, silenciosa y fiel, donde no se lastime ante un frenazo. Donde puedan estar juntos sin que nadie interrumpa. Sus uñas y ella, en gemidos solitarios.

calcium carbonate buy uk El tiempo no pasa en el rostro de los músicos. Solo los salpica de nieve. Sus párpados se marcan, sus dedos callosos siguen creando belleza, y su voz muta a una madurez, o en este caso, un dejo de acento madrileño, donde cada tanto asoma su autóctona voz caribeña. Más que el acento, sé que hay un filtro en su mente, en su perspectiva. El país al que regresó no se puso a la altura de su grandeza artística, en mi opinión, nunca lo estuvo. Cualquiera podría refugiarse en el pesimismo, él decidió hacer algo al respecto.

skelaxin para que se usa Quiso cantar, cantar 
para olvidar 
su vida verdadera de mentiras 
y recordar 
su mentirosa vida de verdades.
— Octavio Paz. zyban for depression uk Epitafio para un poeta.

alesse buy online Es mitad de semana. Su Majestad tiene una hora disponible, y yo una libreta que esperó un autógrafo por veinte años. Soy ungida de los noventa y ningún contemporáneo me dejará mentir: de la escena rockera nacional, Instinto era la banda. Compartían tarima con otros grupos destacados, pero solo por ellos a muchos les daba igual si les esperaban regaños en casa. De chiquilla asistía a conciertos de rock en lugar de perder tiempo en el cine; dibujé un mapa con esos momentos que la memoria guarda para aliviar los malos ratos, la música, la emoción, los gritos y los solos de guitarra. Mi fascinación con las cuerdas era mixta: las de la guitarra me estremecían; las voces, en cambio, me adormecían temores y me despertaban a otra vida.

tizanidine cost No lo abrumaré con mi patética historia. Vine a construir la suya.

Caminamos y conversamos, se sentó en la hierba. Es un hombre ya maduro, y a la vez sigue teniendo la picardía adolescente que de seguro contagia a sus alumnos y jóvenes colegas de teatro. Ya tiene un aire de autoridad; sus ojos denotan esperanza y desvelo a la vez; ojeras de padre, les llamo yo. No se parece en nada al que se arrojaba cera de veladoras en el pecho antes de cantar. El ahora profesor lleva un chaleco y un suéter que deja ver sus infinitos tatuajes, pantalones rojo vino y un gorro. Solo me dará una hora. Mi libreta y yo queremos un autógrafo. Mientras conversamos hay personas cerca. Ignoran que están frente a Su Majestad.

“Mi maestro acaba de morir. El que me enseñó a cantar en serio”.

Bajó los ojos y estuvo un rato en silencio. Se trata de celine usa Alejandro Duncan, miembro destacado de Los Combos Nacionales y profesor en el Instituto Nacional de Cultura. Lo ignora, ya hice mi tarea: los medios impresos redactaron unas escuetas líneas con información vaga sobre el artista, el maestro. Mencionan a sus hijos y nietos, y que jamás se alejó de la música. Hablan del tumor cerebral que lo mantuvo hospitalizado, de su última grabación con otro músico del patio más famoso, pero menos memorable, y del número de discos que grabó. Ya sabemos, a los adultos les encantan los números.

Intercalado entre la famélica nota de periódico, un enlace a chismes de la farándula nacional, con un texto tres veces más largo que el tacaño tributo al profesor. “Duncan era considerado como la última voz de “Los Duncan”, por ser el único que aún estaba con vida”, describe otro periódico. Al lado de la nota, más enlaces a la vida privada de las lindas caras de la caja boba. A veces los medios no captan su propia ironía. Como si hiciera falta patetismo, todos los diarios sacaron la misma fotografía: un montaje de la foto del distinguido maestro, junto a un cintillo negro, tomada de redes sociales. No perdamos tiempo en hacer una pequeña galería. Se apagó otra voz de la música, no hay tiempo.

En cambio, su destacado pupilo Leonte compartió su tristeza en redes sociales y habló sobre cuánto significó para él. Nadie menciona en las notas de prensa que el profesor Duncan fue maestro de futuras estrellas. A nadie le importa, solo a ellos mismos. Leo asistirá al sepelio, según me cuenta, luego de años de no ir a ninguno. Imposible para mí juzgarlo: los evito. No soporto las despedidas públicas, hago mi propia comunión con la pérdida y solo asisto por consolar a los dolientes. Es para ellos, en realidad.

MP: Él ya no puede escucharte. Asistirás por ti mismo, por lo que representó para tu vida.

Lo confronto. Me siento en armonía con su propio pesar, aunque el punto de empatía es el arte. No sé si su interés por mi escritura es genuino, solo sé que es lector. Quizás ensaya para su nuevo papel en teatro y este trabajo documental personal será solo eso: un acto.

Sería mejor mago que actor, lleva años de haber regresado a su país y fui la última en saberlo. Le parece gracioso todo el asunto de vivir en una burbuja, no parece percibir el resultado de esta decisión. Podía haber continuado sin contar su versión, de no ser porque cada vez que su nombre sale en entrevistas, va seguido de una larga cadena de halagos, superlativos y anécdotas, aparte de los centenares de fanáticos de Instinto que todavía esperan material nuevo de parte de sus ídolos. Luego, los comentarios de los vídeos en su canal. Se esforzó en salvar la historia documentada, pero algunas batallas son imposibles. Triste: el trabajo de suprema creatividad y dirección magistral no pudo anticiparse al futuro digital; los vídeos que tanto rotaron en MTV latino y dejaron el nombre del rock panameño en la memoria de miles, forman parte de un mausoleo pixelado.

Le incomodan los cumplidos y me lo hace saber, sin caer en grosero ni modesto. Me roba el rol de entrevistador:

LB: “¿Trajiste tus libros? Me gustaría leerlos”.

MP: “Yo quiero una copia de Ciudad Lagartija, pero no se puede tener todo en la vida”.

Le obsequio un ejemplar de mi primera obra, el libro que obsequio a todo buen padre. Es un enorme cumplido para mí que un músico desee leer mis libros. De todos a los que tuve el honor de entrevistar hasta ese momento, quien mostró más interés en mi trabajo literario resulta ser la máxima voz del rock nacional. Sé que es lector desde muy joven, fanático de poemas de Neruda, Paz y Borges; no abundan en la música. No abundan ni en la literatura. Se puede escribir sin saber escribir.

“Puedo decirte que Leonte es maravilloso con las letras. Tiene una facilidad para escribirlas, no solo por el contenido, sino porque de alguna manera hace que se ajusten perfectamente a las melodías”. 

– René Díaz, guitarrista de Instinto

Las palabras fluyen de él, no hay tanto que preguntar. Mi libreta y yo escucharemos, solo para orientar la corriente de ideas, pues salta de una a otra con preocupante frecuencia. Si logro que se mantenga enfocado, habrá algo para el vano intento de hacerle justicia y aportar algo pequeño para su legado familiar y cultural. “Hay una película que saldrá en junio, se llama Yesterday. La trama narra qué hubiese pasado si el mundo olvida a Los Beatles, excepto un solo músico”. Investigo luego sobre la película; la trama incluye además que dicho olvido se debe a un apagón mundial que acaba con todas las memorias del cuarteto de Liverpool, pero al que sí sobreviven bandas como Coldplay. A nuestro lado pasan más transeúntes que siguen su camino, como si nada. Como si no supiesen que frente a ellos está un fenómeno. O tal vez lo reconocerán por algo más banal y digerido. Quisiera que regresara con los animales, que volviera a afilarse los colmillos.

Pasó con otros grandes nombres que me concedieron su tiempo y espacio. Otro grande del rock visita la misma cafetería casi a diario y los encargados del lugar desconocen su trayectoria. Solo saben cómo le gusta el café. Y a él no le molesta.

MP: “¿Te obligaron a estudiar música como a tu amigo el guitarrista?”

LB: “No. Ojalá. No había dinero para eso en casa”.

Solo podía ir de la escuela a la finca, según cuenta. De su infancia en Colón recuerda que subía a los árboles a leer, escribir y cantar. Su padre y sus tíos crecieron en esa finca. “Éramos como una tribu”. Su exposición a la música inició con las influencias cubanas de su familia materna. Por otro lado, su exposición a la música rock en inglés provino de una fuente inverosímil: los humvees de los militares que en ese tiempo rondaban las calles de Panamá lo conectaron con música de Led Zeppelin y los Rolling Stones.

MP: Dijiste que te buscabas peleas en la escuela.

LB: ¡Cierto! Sí, en la escuela me provocaban para pelear. Se burlaban de mi apariencia y de que cantaba.

MP: ¿De tu apariencia?

LB: Jamás me he considerado ni guapo ni feo. Soy extraño. Pero de niño debo admitir que sí tenía una gracia especial. Eso me hacía objeto de burla.

Me llama la atención la honesta respuesta de su madre. Luego de reprenderlo por dejarse maltratar sus pertenencias, le advirtió: “La próxima vez, golpéalo, o te golpearé yo a ti”.  Las madres saben más. Puede ser que esa lección le sirviera para enfrentarse a cada reto artístico a plenitud. Nunca lo vi dar un espectáculo a medias, en vivo entregaba todo junto a sus compañeros. Ya sea un toque en un bar, en honor a un músico ahora fallecido, un evento en un local de cerveza artesanal, incluso con quebrantos de salud, o un festival MUPA con todos los altibajos previos que solo las bandas conocen. Toda su voz, toda su entrega, sin excusas.

Me canta un fragmento de “Sácalo”. Por fin comprendo la letra:

Échalo pa’ fuera, sácalo, sácalo/Mamá te quiere mucho mijito/Pero no puede acompañarte a la escuela/Tendrás que aprender a cuidar tu lonchera/tendrás que aprender a solucionar solo tus problemas.

Canción “Sácalo”, primera en el EP “Abattoir de Corazones” de Instinto. Archivo de audio facilitado por el artista. Escucha mientras lees.

Para lo esperado por el sistema, Leonte era un estudiante deficiente, en sus propias palabras. El segundo de cuatro hijos, le gustaba escribir cartas de amor que luego vendía a sus compañeros. Le catalogaban de desordenado, indisciplinado, un alumno distraído. Como muchos prodigios del arte y deporte, imposible de encasillarlo y ajustarlo a banales etiquetas. Afortunadamente, la música fue su norte. Al explicar el papel de esta en su vida, el nombre del maestro Duncan vuelve a surgir. “Canté una canción de Franco de Vita (No hay Cielo), y el profesor llamó a otros a escucharme”.  La clase se detuvo para escuchar la voz del pequeño artista. Recuerda haber sentido que por fin estaba haciendo algo bueno.

MP: “¿Lo volviste a ver después de formar Instinto?”.

LB: “Claro”.

MP: “¿Cómo se sentía?”

LB: “Estaba orgulloso”.

Ahora es él quien tiene oportunidad de ser mentor y maestro. Enseña teatro a niños y comenta que tuvo la experiencia de recibir agradecimientos de alumnos que viajaron a labrar una carrera en el arte. Me pregunto si sus alumnos entienden quién es la persona que los instruye. Si fuera por Internet, jamás lo sabrían. Hay más información sobre tramas de culebrones ochenteros populares en Panamá y de las incontables versionadas de hyzaar price philippines La Chica de Ojos Café que del rock de los noventa.

Me ofusco durante mi trabajo previo de investigación bibliográfica. Nada le hace justicia a la historia del rock, ni mucho menos a la trayectoria individual de tantos talentos que construyeron el sonido de los ochenta y noventa. Tengo mucha tarea pendiente, no solo con él. La escena se vuelve famélica y a la vez abundan los talentos, pero no hay forma de predecir si contará con él. Su modo reservado de vivir es su sagrado derecho, mientras la herencia se pierde y la música lo necesita. La energía y el talento aún le acompañan. Los tesoros nacionales deben seguir haciéndolo, esa fue su promesa.

Los peatones siguen pasando a nuestro lado. Su gorro no le hace invisible, su estatura modesta tampoco. Hay artistas que tienen esa cualidad: son icónicos hasta en sus rutinas de mortales. Fuera de sus harapos de Stacee Jaxx, nadie se detiene a decir “Yo conozco ese nombre” y a pedirle su autógrafo o una foto, pero estos mismos herejes probablemente sí harían escándalo por algún futbolista, o por alguna celebridad transitoria de concursos de televisión. Él disfruta el anonimato, sin embargo, agradece con humildad a todo el que reconoce su trabajo.

MP: “¿Consideras que estás dejando la misma huella que dejó tu profesor en ti?”

LB: “Eso intento. Pienso en el impacto que podemos tener sobre los demás en un rol como este”.

MP: “Yo creo que estás creando ese impacto desde mucho antes”.

LB: “Gracias. No soy bueno aceptando cumplidos. Cuando uno se los empieza a creer, comienza a comportarse distinto”.

Dicen algunos que no conozcas a tus ídolos. Equivocado.  Conocerlos es la forma de ser más selectivo con tu pasión hacia ellos, saber si vale la pena la energía que les dedicas, el entusiasmo con el cual contagias a otros con la música que muchos desconocen, el sonido del rock que nació en la complicidad de cuatro jóvenes irreverentes y sonó en la voz nacida en Colón. Pero a la vez, descubrir de sus propias palabras que todavía se identifica y se siente primero músico, abre más la herida. Pronto habrá un evento de canciones de Broadway al que no iré. Evito leer los comentarios y loas que le dedican por sus múltiples personificaciones: Jesucristo, Stacee, Zorro, Danny Zuko, y por supuesto, 24601.

Ninguna me interesa. En cada tríptico dedicado a su excepcional y entregado trabajo como actor, algún carnicero resume su verdadera identidad a una escueta línea y el nombre de una banda. El teatro se lo robó, no hay tiempo para la música. En televisión, por otro lado, es mandato mencionar la canción más conocida de su discografía, como si se tratara de un one-hit wonder y no de una institución musical con dos discos magistrales, un EP de cinco interpretaciones asesinas y un disco de solista con más testes que otros productos de sacrílegas fusiones de género, a favor de un mercado que trabaja para complacer masas, y no para cautivar con originalidad la fidelidad de los fanáticos.

ESCUCHA MIENTRAS LEES. Esta canción es la última del primer disco de Instinto, “Ciudad Lagartija”. Su última línea es la promesa que los fanáticos nunca dejamos de esperar. Archivo de audio cortesía del artista.

Todos corean los éxitos de Hollywood, las épicas canciones entonadas por Monsieur Madeleine, la peluca de Stacee se sacude en Rock of Ages mientras pasa otra década sin que mude su pellejo y recupere su trono. El actor de mil caras, el maestro, el invitado sobrecalificado a programas de imitadores. Verlo en esa caja boba fue como ver al Papa sacudirse la nariz con el sudario. Pero él, cual artista verdadero, no pone reparos en empujar los múltiples intentos de hacer algo por la gente que se esmera, talentos innegables que replican canciones ajenas, a los que los medios abandonarán cuando tengan material propio.

Un ser humano bondadoso y honesto. Exigente consigo mismo, y a la vez ávido consumidor de discos, fascinado por escuchar nuevas bandas y conectar con la nueva generación. Él apoya con cariño, sin esperar nada a cambio, mientras el legado se diluye. Los asistentes a musicales se deleitan con la espera de que suba el telón. Muertos por la impaciencia, pero llenos de indiferencia. La pasión por la cual el joven Leonte decidía entre comer o regresar a su casa en Colón dio a luz a una banda inolvidable y canciones con calidad de himnos. Los sueños se cultivan en base a cuanta mierda estás destinado a soportar por lo que quieres. La corona está guardada, el silencio reina. Pregunto a sus amigos sobre la posibilidad de nueva música y me increpan, me insultan, “No te metas, tú no eres artista, no lo entiendes. Hay que comer, cada uno debe hacer su vida”.   

Cierto. Solo soy fanática. Le debo mi reencarnación a la música, a un sarao de viernes, y a la realeza del rock nacional. Sigo siendo esa niña con voz impertinente.

El rey está desnudo, y a nadie parece perturbarle.

(Continuará…)

El concepto detrás del primer álbum de Instinto, Ciudad Lagartija (1995), se basa en una fantasía inspirada en Jim Morrison, “King Lizard”.
Ilustración realizada en honor al cumpleaños 46 de Leonte, por el artista gráfico y cantante Abraham Núñez (@mutedibuja).


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